
Para las mentes detrás de Angry Birds, las consolas, como todo lo que se mete con estas aves, no tienen mucho futuro.
Un tema recurrente entre varios personajes de la industria tecnológica es la muerte de las consolas a manos de los tablets y los smartphones. La presidenta de Capcom, uno de los desarrolladores de videojuegos más grandes del mundo, dijo en enero que las consolas portátiles como el Nintendo 3DS y el NGP estaban destinadas a desaparecer a causa de esas 2 categorías de dispositivos móviles. No estaba sola.
Ayer, durante un foro en el festival SXSW sobre el aspecto económico de las aplicaciones, Peter Vesterbacka, uno de los directivos de Rovio (la empresa detrás de Angry Birds), fue más allá y sentenció no solo a los aparatos portátiles sino también a los sistemas caseros.
En la opinión de Vesterbacka –y según algunos estudios–, el futuro y la innovación en los videojuegos han tomado claramente un camino hacia lo móvil. Esto es gracias a que las compañías son más ‘ágiles’ porque pueden crear y lanzar más contenido con mayor velocidad, en contraste con gigantes como EA y Microsoft que invierten docenas de millones de dólares desarrollando un solo juego a lo largo de varios años. “Mientras los juegos móviles mantienen su crecimiento, los de consola están ‘muriendo’”, dijo.
El desarrollador no habla sin credenciales. Angry Birds tuvo un costo de desarrollo de 140.000 dólares (262 millones de pesos) y ha generado ingresos por más de 70 millones de dólares (unos 130.000 millones de pesos). Este tipo de retorno en la inversión es una de las magias del mercado de juegos ‘casuales’.
La comparación no es tan sencilla.
Aunque es posible prever cómo los smartphones y tablets pueden poner en aprietos a las consolas portátiles (Nintendo reconoce que Apple es su mayor enemigo en este momento), decir que van a acabar con el mercado casero es un poco atrevido. Como dicen en Colombia, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Primero, el señor Vesterbacka no toma en cuenta que los ingresos de su arrollador éxito, Angry Birds, representan una fracción de lo que logran juegos para consolas tradicionales. El año pasado, Call of Dury: Black Ops logró romper todos los records en la industria del entretenimiento al vender durante sus primeras 24 horas 5,6 millones de copias, lo que representa 360 millones de dólares (unos 670.000 millones de pesos). Será difícil ver un juego que cuesta 99 centavos de dólar, como Angry Birds, llegar a ese tipo de cifras.
Otro detalle que no hay que olvidar es el tipo de experiencia que busca cada usuario. Puede que haya buenos juegos en tablets y smartphones, y puede que cuesten literalmente 60 veces menos que un producto para Xbox 360 o PS3, pero hay cosas que son imposibles en un aparato portátil. La satisfacción de jugar un título con gráficas alucinantes, en alta definición, sobre una espectacular pantalla de 50 pulgadas, y con un buen teatro en casa es inimitable e inigualable.
Mientras existan juegos como Mass Effect, Super Mario Galaxy, Call of Duty y tantos otros títulos que dependen de una gran consola para cautivar nuestras imaginaciones, existirá un mercado de consumidores dispuestos a pagar casi lo que sea para saciar su sed de ‘gamer’.
Cuánto crezca o caiga esa audiencia dependerá de la innovación de quienes todavía creen e impulsan este modelo de negocios, en particular los 3 grandes fabricantes de consolas. Ya la era de los controles de movimiento tuvo sus épocas de gloria. Para competir en este mercado, dinamizado por los tablets y smartphones, la innovación tiene que estar a la orden del día.
Quizás en E3, la feria de videojuegos más grande del mundo y en donde se suelen revelar los grandes avances en la industria, sabremos si la predicción de Vesterbacka y la presidenta de Capcom, entre otros, va por buen o mal camino.
Mientras llega junio, ¿usted qué opina?

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