Cuando Felipe Aristizábal asistió hace más de una década a un evento de capacitación de Google, todavía no existía la fiebre por la inteligencia artificial generativa, ni los asistentes virtuales escribían textos, diseñaban piezas gráficas o generaban código. Pero esa jornada terminó cambiando el rumbo de su carrera.
En aquel momento, él y su socio identificaron algo que parecía simple, pues las empresas necesitaban entender la tecnología antes de adoptarla. Comenzaron enseñando marketing digital y analítica. Once años después, la conversación con sus clientes gira alrededor de una pregunta mucho más compleja, ¿qué ocurre cuando la inteligencia artificial entra a trabajar junto a las personas?
Hoy Aristizábal es cofundador y CEO de Geekboss, una consultora enfocada en transformación digital e inteligencia artificial. En conversación con ENTER.CO explicó cómo pasó de capacitar equipos en herramientas digitales a acompañar compañías que intentan reorganizarse alrededor de una tecnología que ya está modificando cargos, procesos y habilidades laborales.
La discusión sobre inteligencia artificial suele reducirse a una pregunta: ¿las máquinas reemplazarán a las personas? Para Aristizábal, esa conversación está dejando por fuera algo más importante: la relación entre tecnología y talento humano.
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“La tecnología tiene mucho poder, pero la magia todavía la estamos haciendo los seres humanos”, afirmó.
Su planteamiento parte de una idea sencilla, la inteligencia artificial puede acelerar procesos, analizar grandes cantidades de información y producir contenido, pero sigue necesitando personas capaces de interpretar contextos, entender emociones y tomar decisiones.
Ese cambio ya se siente en múltiples profesiones; hoy un comunicador puede producir piezas gráficas, un periodista puede apoyarse en herramientas para resumir entrevistas y una persona sin conocimientos técnicos puede construir parte de una página web utilizando asistentes inteligentes. Más que reemplazar funciones completas, la tecnología está expandiendo capacidades.
Del trabajo operativo al pensamiento estratégico
Durante años, las empresas usaron automatización para resolver tareas repetitivas. Programar procesos, organizar archivos, construir reportes o mover información eran parte de ese proceso. Con la llegada de la inteligencia artificial generativa, las posibilidades crecieron.
Ahora las compañías utilizan sistemas capaces de redactar documentos, generar campañas, resumir reuniones, procesar datos y proponer soluciones. Eso también cambia la manera como las organizaciones empiezan a medir el valor del trabajo humano.
“Nos van a pagar por pensar estratégicamente, por pensar creativamente y no por sentarnos a hacer cosas de cero”, aseguró Aristizábal durante la conversación.
Ese cambio ya impacta áreas como marketing, publicidad, comunicación y creación de contenido. Geekboss participó recientemente en la transformación de una agencia de publicidad colombiana que decidió revisar cada proceso para identificar qué actividades debían seguir haciendo las personas y cuáles podían apoyarse en inteligencia artificial.
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La meta no era reducir equipos. La apuesta consistía en reorganizar funciones y liberar tiempo para actividades de mayor valor. Según explica Aristizábal, el resultado fue un aumento importante en productividad sin necesidad de despidos.
Eso también modifica cuáles habilidades empiezan a ganar relevancia. Para el CEO de Geekboss, competencias como pensamiento crítico, creatividad, empatía, liderazgo y comunicación tendrán cada vez más peso en un mercado donde las tareas operativas pueden automatizarse con mayor facilidad.
Incluso considera que colegios y universidades deberían dedicar más tiempo a enseñar capacidades humanas y pensamiento crítico. Saber preguntar, interpretar información y evaluar respuestas se está convirtiendo en una habilidad laboral tan importante como manejar herramientas digitales.
Los errores que están cometiendo las empresas con la inteligencia artificial
La rapidez con la que las organizaciones están adoptando inteligencia artificial también está generando errores frecuentes.
El primero ocurre cuando las empresas compran tecnología antes de entender qué problema intentan resolver. Muchas implementan plataformas o agentes virtuales porque sienten presión por innovar, pero después descubren que no saben dónde utilizarlos realmente.
Otro error frecuente aparece en servicio al cliente. Aunque muchas compañías intentan automatizar la atención, los usuarios siguen buscando interacción humana cuando enfrentan problemas complejos.
Después de participar en múltiples implementaciones de chatbots, Aristizábal identificó algo repetitivo: una de las palabras que más escriben las personas es “asesor”.
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“La mayoría de las veces las personas quieren sentirse escuchadas primero y después resolver el problema”, explicó.
También advierte sobre otro fenómeno: la obsesión por producir contenido masivamente. La inteligencia artificial facilita crear publicaciones, correos, imágenes y textos en minutos, pero esa facilidad está llenando internet de información repetitiva y mensajes similares.
Para Aristizábal, las marcas que se diferenciarán no serán necesariamente las que produzcan más contenido, sino las que logren conectar mejor con las personas.
La conversación también alcanza temas como polarización y desinformación. Herramientas de escucha digital permiten analizar conversaciones, identificar tendencias y detectar comportamientos sospechosos en redes sociales. Sin embargo, insiste en que ninguna tecnología reemplaza el criterio humano.
Por eso, mientras las máquinas aprenden a escribir, analizar datos y automatizar tareas, las empresas empiezan a descubrir algo inesperado: aquello que sigue siendo difícil de automatizar —la empatía, la creatividad y la capacidad de comprender a otras personas— podría convertirse precisamente en lo más valioso.