Apple llevó a los tribunales una de las disputas más delicadas de la industria tecnológica en los últimos años. La compañía presentó una demanda contra OpenAI, la startup io Products —adquirida por la empresa de inteligencia artificial en 2025— y varios de sus actuales directivos, a quienes señala de apropiarse de información confidencial relacionada con el desarrollo de futuros dispositivos, procesos de fabricación y estrategias de ingeniería para acelerar la entrada de OpenAI al mercado del hardware.
Más allá de una disputa entre dos gigantes de Silicon Valley, el caso pone sobre la mesa una pregunta que cada vez cobra más importancia: ¿hasta dónde puede llegar una empresa al contratar talento de un competidor sin cruzar la línea de la propiedad intelectual?
La demanda sostiene que OpenAI no solo incorporó a decenas de ingenieros provenientes de Apple, sino que habría utilizado ese proceso de contratación para acceder a información que, según Apple, estaba protegida como secreto comercial. Entre los señalados aparecen Tang Tan, antiguo vicepresidente de diseño del iPhone y hoy responsable del área de hardware de OpenAI, y Chang Liu, exingeniero de Apple que se unió a la empresa de inteligencia artificial a comienzos de 2026.
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Apple asegura que su investigación interna detectó un supuesto patrón de conducta repetido entre empleados que abandonaban la compañía para trabajar en OpenAI. Según la denuncia, algunos de ellos conservaron equipos corporativos, descargaron documentación confidencial e incluso continuaron accediendo a sistemas internos después de finalizar su relación laboral. La empresa también afirma que parte de esa información incluía especificaciones de productos aún no anunciados, procesos industriales, documentación técnica y estrategias relacionadas con proveedores.
El documento judicial también sostiene que OpenAI habría diseñado entrevistas de trabajo orientadas a obtener detalles técnicos de proyectos internos de Apple. La demanda afirma que algunos candidatos recibían instrucciones para preparar presentaciones sobre su trabajo anterior, llevar prototipos, componentes físicos e incluso materiales de diseño utilizados dentro de Apple.
La carrera por el hardware de inteligencia artificial entra en una nueva etapa
El conflicto llega en un momento estratégico para OpenAI. Después del éxito de ChatGPT, la empresa decidió expandirse más allá del software e inició el desarrollo de dispositivos propios mediante la compra de io, la startup fundada por Jony Ive y otros exdirectivos de Apple. La compañía busca competir en un mercado donde el diseño del hardware será determinante para la próxima generación de productos de inteligencia artificial.
Precisamente por ese cambio de estrategia, Apple sostiene que la información presuntamente obtenida tendría un enorme valor competitivo. La demanda describe secretos comerciales relacionados con arquitectura de hardware, técnicas de manufactura, cadenas de suministro, metodologías de prueba y relaciones con proveedores construidas durante décadas de desarrollo industrial.
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Por ahora, las acusaciones corresponden únicamente a la versión presentada por Apple ante un tribunal federal de California y deberán ser probadas durante el proceso judicial.
OpenAI rechazó las acusaciones. En declaraciones citadas por medios estadounidenses, un portavoz afirmó que la compañía “no está interesada en los secretos comerciales de otras empresas” y aseguró que su prioridad sigue siendo desarrollar tecnología propia.
El litigio podría convertirse en uno de los casos más relevantes sobre propiedad intelectual en la era de la inteligencia artificial. Más allá del resultado judicial, la disputa evidencia cómo la competencia ya no se limita a modelos de IA más potentes, sino también al conocimiento acumulado por los ingenieros que diseñan los dispositivos donde esa inteligencia funcionará.