Creo que a nadie sorprendió que K-Pop Demon Hunters se llevara la estatuilla a mejor cinta animada en los premios Óscar 2026. Era la crónica de una victoria anunciada, en especial cuando la película ya había arrasado en la temporada de premios, ganando prácticamente en todas las categorías donde estaba nominada. Pero hay una historia más importante aquí: cómo Disney ha sido nuevamente el gran perdedor de los premios de la Academia.
Para aquellos que no llevan la cuenta, el 2026 marca el cuarto año consecutivo en el que el estudio no logra ganar en la categoría que, hace un par de décadas, era prácticamente de su propiedad.
En esta edición, la compañía estaba nominada por Zootopia 2 y ya sabemos cómo terminó esa historia. En la ceremonia del año pasado, tenía bastantes oportunidades con Intensamente 2, pero fue Flow la película que se llevó la estatuilla. Antes de eso, competía con Elemental, pero fue El niño y la garza quien le arrebató el premio. En 2022, parecía tener posibilidades considerando que la pandemia significó menos competencia en cartelera, pero Elio no pudo vencer al Pinocho de Guillermo del Toro.
De hecho, la última vez que Disney logró llevarse una estatuilla en la categoría de mejor película animada fue por Encanto. Desde ese momento, la compañía ha fallado sistemáticamente en su intento por ganar. Estamos ante una racha negativa que no parece estar cerca de terminar y que con el fracaso en los premios Óscar 2026 nos revela una preocupante tendencia.
¿Puede Disney ganar una nueva estatuilla en los Óscars?
La pregunta que deja esta tendencia es sencilla: aunque Disney consigue éxitos en taquilla de tanto en tanto, el hecho de que haya perdido peso en los Óscars es una señal de cómo el discurso sobre sus historias está cambiando.
La realidad es que la Academia (y las audiencias) se han dado cuenta de que las historias animadas hoy están en un nivel que se encuentra muy por encima de la cinta promedio que produce el estudio.
Si pensamos en la conversación que han generado las películas animadas en los últimos cuatro años, pocas veces una producción de Disney ha estado en el centro del debate o ha sido destacada por presentar algo diferente.
La situación no parece estar cambiando. El éxito de K-Pop Demon Hunters ha comprobado que los estudios alternativos están tomando la ventaja, mientras que cintas como Mi amigo el robot están llevando la animación a nuevos públicos y a las grandes salas de cine. A estas alturas, si los Óscar decidieran aceptar más películas de géneros como el anime —más allá de la nominación que recibe Studio Ghibli cada vez que estrena una cinta—, el estudio detrás de Mickey Mouse tendría todavía menos opciones de alzarse con el triunfo.
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