La Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) acaba de crear una herramienta que puede convertirse en uno de los principales mecanismos de vigilancia del mercado de telecomunicaciones en Colombia.
Se trata del Observatorio de Rivalidad Competitiva, presentado este 31 de agosto, con el objetivo de detectar posibles problemas de competencia antes de que terminen afectando a los usuarios.
La iniciativa llega en un momento particularmente sensible: el mercado acaba de atravesar la integración de Tigo y Movistar, una operación que modificó el equilibrio entre los principales operadores del país.
La propia CRC reconoce que esta transformación incrementó la concentración del mercado y plantea ahora un sistema de seguimiento para identificar posibles aumentos injustificados de precios, deterioro del servicio o prácticas que puedan dificultar la operación de empresas más pequeñas.
El mercado ya cambió
La integración Tigo-Movistar no es solamente una operación empresarial.
También representa un cambio en la estructura de un mercado en el que Claro ya tenía una posición dominante.
En su análisis, la CRC señala que el Índice Herfindahl-Hirschman (IHH), una de las herramientas utilizadas para medir la concentración de un mercado, aumentaría 755 puntos en accesos como consecuencia de la integración.
La cifra importa porque un aumento significativo del IHH significa que una mayor proporción del mercado queda concentrada en menos actores.
Y ese es precisamente uno de los puntos que habíamos analizado en anteriores notas de ENTER.CO: el riesgo no estaba solamente en quién tendría más usuarios, sino en qué ocurriría con la capacidad de los operadores pequeños para competir en un escenario dominado por grandes bloques.
Dos grandes actores frente al resto
La CRC pone sobre la mesa otro dato relevante.
COMCEL mantiene la mayor participación del mercado de servicios móviles, con 53 % de los accesos y 59 % de los valores facturados, según el diagnóstico citado por la Comisión.
Con la integración, Tigo-Movistar pasa a convertirse en un competidor de mucha mayor escala.
Esto no significa que Colombia tenga formalmente un duopolio.
Pero sí configura un escenario en el que dos grandes operadores tienen una capacidad competitiva muy superior frente a los jugadores de menor tamaño.
La diferencia es importante.
Una cosa es tener varios operadores compitiendo con participaciones relativamente equilibradas. Otra es que unos pocos concentren buena parte de los usuarios, los ingresos y la infraestructura necesaria para prestar los servicios.
La preocupación ahora está en los usuarios
El nuevo Observatorio no fue creado solamente para revisar tarifas.
La CRC quiere identificar posibles comportamientos de coordinación entre operadores, prácticas exclusorias, ventas atadas y situaciones en las que una empresa pueda aprovechar su posición en un mercado para fortalecerla en otro.
También existe preocupación por el acceso a infraestructura esencial.
En el documento de creación del Observatorio, la Comisión menciona expresamente riesgos relacionados con infraestructura como la fibra óptica y con prácticas que podrían dificultar la supervivencia de operadores regionales y operadores móviles virtuales.
El problema es que estos efectos no necesariamente aparecen de inmediato.
Un mercado puede seguir teniendo varias marcas y, al mismo tiempo, reducir progresivamente la presión competitiva.
Eso puede ocurrir si los operadores pequeños pierden capacidad para invertir, si encuentran dificultades para acceder a infraestructura o si las empresas más grandes pueden ofrecer paquetes y servicios que resulten difíciles de replicar.
El precio no es el único riesgo
Una de las advertencias más importantes de la CRC es que los efectos sobre los usuarios pueden aparecer en diferentes frentes.
En internet fijo residencial, por ejemplo, la Comisión señala que la integración podría generar incrementos de precios en determinados escenarios.
Pero también advierte que una mejora tecnológica podría compensar parcialmente ese efecto sobre el bienestar de los consumidores.
Esto plantea una discusión más compleja que simplemente preguntar si las tarifas subirán o bajarán.
El verdadero indicador será qué recibe el usuario a cambio de lo que paga.
Más cobertura, mejor velocidad y nuevas tecnologías podrían justificar determinados cambios de precio.
Pero si el aumento de tarifas no viene acompañado de mejoras equivalentes, el consumidor tendría menos alternativas para reaccionar.
Y ahí es donde la competencia adquiere importancia.
Una advertencia que ya estaba sobre la mesa
El debate sobre los posibles efectos de la integración tampoco comenzó con el anuncio del Observatorio.
Antes de que la SIC tomara su decisión, diferentes actores del sector ya habían planteado preocupaciones sobre la concentración.
WOM fue uno de ellos.
El 13 de noviembre de 2025, la compañía envió una carta abierta al entonces presidente Gustavo Petro en la que pidió frenar la integración Tigo-Movistar o imponer condiciones estrictas.
En la carta, WOM sostuvo que la operación podía dejar a Colombia con dos grandes actores —Claro y Tigo-Movistar— que juntos superarían el 90 % del mercado. También advirtió sobre posibles aumentos de precios, reducción de cobertura y una mayor brecha de conectividad.
La advertencia tenía, por supuesto, un componente empresarial: WOM es uno de los competidores que tendría que enfrentarse a ese nuevo escenario.
Pero también planteaba una pregunta que hoy vuelve a aparecer en el diagnóstico de la CRC: qué ocurre con la competencia cuando los operadores de menor escala quedan frente a compañías con una capacidad de inversión, infraestructura y base de clientes mucho mayor.
La SIC autorizó la operación
La discusión terminó con una decisión de la Superintendencia de Industria y Comercio.
El 14 de noviembre de 2025, la SIC autorizó con condicionamientos la integración empresarial entre Tigo y Movistar.
La entidad señaló que la operación podía generar beneficios potenciales para el mercado, como mayores inversiones, mejoras en cobertura y calidad y eficiencias derivadas de la consolidación de infraestructura.
Pero también identificó riesgos para la competencia.
Por eso estableció medidas relacionadas con el acceso a redes, los operadores móviles virtuales, servicios empaquetados y mecanismos de vigilancia.
Los condicionamientos quedaron previstos inicialmente por cuatro años o hasta que la CRC establezca una regulación que responda a las nuevas condiciones del mercado.
Es decir, la integración fue autorizada, pero no quedó fuera del radar de las autoridades.
Ahora la CRC vuelve a mirar el mercado
La creación del Observatorio puede entenderse como el siguiente capítulo de esa historia.
La CRC quiere pasar de analizar únicamente la estructura del mercado a vigilar su comportamiento.
El mecanismo utilizará datos transaccionales y herramientas de análisis microeconómico para identificar señales tempranas.
La idea es detectar si aparecen aumentos injustificados de precios, deterioro en la calidad, prácticas de exclusión o comportamientos que reduzcan la presión competitiva.
En su documento, la Comisión incluso advierte que COMCEL y Tigo pueden tener incentivos para una eventual coordinación y que, si esta llegara a materializarse, el impacto sobre el excedente de los consumidores podría ser considerable.
Eso no significa que exista actualmente una coordinación entre ambos operadores.
Es una hipótesis de riesgo que la autoridad quiere poder detectar antes de que produzca efectos mayores.
¿Llegó tarde la vigilancia?
Aquí aparece la discusión más incómoda.
La SIC autorizó la integración con condiciones.
Los operadores que se oponían a la operación presentaron sus argumentos.
Y ahora, después de que la estructura empresarial cambió, la CRC está creando una herramienta para vigilar precisamente los efectos que podrían surgir de esa concentración.
No significa que las autoridades hayan actuado de manera incorrecta.
Tampoco permite afirmar que los riesgos advertidos necesariamente se materializarán.
Pero sí deja una pregunta legítima sobre el momento de la regulación: ¿era suficiente anticipar los riesgos antes de aprobar la operación o era necesario contar desde entonces con un mecanismo de vigilancia mucho más robusto?
La respuesta comenzará a aparecer en los datos.
La verdadera prueba será el usuario
La integración Tigo-Movistar ya es una realidad empresarial.
Ahora comienza una etapa diferente.
Habrá que observar si el nuevo tamaño de Tigo-Movistar se traduce en más inversión, mejores redes y mayor capacidad para competir frente a Claro.
Pero también habrá que vigilar el otro escenario: que la concentración reduzca las alternativas, debilite a los operadores pequeños o facilite comportamientos que terminen aumentando los costos para los consumidores.
Ese será precisamente el trabajo del Observatorio.
La CRC recibirá comentarios sobre su propuesta entre el 1 y el 21 de septiembre de 2026, antes de avanzar en la construcción definitiva de sus lineamientos.
El mercado, mientras tanto, ya cambió.
Y ahora la pregunta dejó de ser qué podría pasar si Tigo y Movistar se integraban.
La pregunta va más allá: ¿qué está pasando con la competencia y qué terminarán pagando —o ganando— los usuarios como consecuencia de esa nueva estructura?.