Faltan pocos días para que millones de colombianos vuelvan a las urnas y, mientras los candidatos concentran sus esfuerzos en convencer a los indecisos, otra campaña avanza silenciosamente en celulares y computadores. No tiene sedes políticas ni eventos públicos. Se mueve a través de cadenas de WhatsApp, publicaciones virales, videos editados y audios cuyo origen muchas veces nadie logra confirmar.
La preocupación no es nueva, pero sí más compleja que en procesos electorales anteriores. Hoy las herramientas de inteligencia artificial permiten crear contenidos cada vez más convincentes, capaces de hacer parecer real una declaración que nunca ocurrió o un video que jamás existió.
El fenómeno encuentra un terreno fértil en Colombia. Un estudio citado por Kaspersky revela que el 78% de los colombianos ha estado expuesto a desinformación durante el último año. Además, el 50% afirma haber recibido información falsa mediante aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Telegram.
La desinformación electoral ya no depende de páginas falsas
Durante años las campañas de desinformación se asociaron con sitios web poco confiables o perfiles anónimos en redes sociales. Hoy la situación es diferente.
Muchos contenidos engañosos llegan directamente desde personas conocidas. Un familiar comparte un audio, un vecino reenvía un video o un amigo publica una supuesta denuncia electoral. La confianza que existe entre los contactos hace que muchas veces la información se comparta sin cuestionamientos.
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Los adultos mayores suelen estar entre los más afectados. Gran parte de sus conversaciones diarias ocurre en aplicaciones de mensajería y, precisamente allí, suelen circular mensajes que apelan al miedo, la urgencia o la indignación para incentivar que sean reenviados rápidamente.
El problema es que una información falsa puede recorrer cientos de grupos en cuestión de horas y alcanzar miles de personas antes de que alguien verifique si es cierta.
Los jóvenes enfrentan un desafío distinto en redes sociales
Para quienes participarán por primera vez en una elección presidencial, el riesgo no necesariamente está en las cadenas de WhatsApp, sino en la enorme cantidad de información que reciben cada día.
TikTok, Instagram, Facebook, YouTube y X se han convertido en fuentes de información política para muchos jóvenes. Sin embargo, en esas plataformas conviven noticias verificadas con rumores, opiniones personales, contenidos manipulados y publicaciones diseñadas para captar atención a cualquier costo.
La velocidad con la que circula la información dificulta distinguir qué es verdadero y qué no. Un video con miles de reproducciones puede parecer confiable simplemente porque se volvió viral.
Los especialistas recomiendan desconfiar especialmente de publicaciones que buscan generar reacciones emocionales inmediatas o que presentan afirmaciones contundentes sin mostrar evidencia verificable.
Deepfakes y audios creados con IA elevan la preocupación
Uno de los elementos que más inquieta a los expertos es el crecimiento de los llamados deepfakes y deepvoices.
Estas tecnologías utilizan inteligencia artificial para recrear rostros y voces con un nivel de realismo que hace apenas unos años parecía imposible. Como resultado, pueden aparecer videos o grabaciones que muestran a figuras públicas diciendo cosas que nunca dijeron.
El riesgo es especialmente relevante en regiones donde el acceso a múltiples fuentes de información es más limitado y gran parte de las noticias circula a través de grupos comunitarios o contactos cercanos.
Por eso, antes de compartir cualquier contenido relacionado con las elecciones, los expertos sugieren detenerse unos segundos y revisar su procedencia. Buscar la información en medios reconocidos, contrastar versiones y verificar si otras fuentes confiables reportan lo mismo sigue siendo la herramienta más efectiva contra la desinformación.
Las elecciones siempre han sido una disputa por los votos. Sin embargo, en 2026 también son una disputa por la atención y la confianza de los ciudadanos. En una época en la que cualquiera puede recibir información en segundos, aprender a cuestionar lo que aparece en la pantalla se ha convertido en una habilidad tan importante como el propio acto de votar.