Revolut, Nubank, Coinbase y Ripple quieren ser bancos: ¿Qué hay detrás de sus solicitudes?

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Revolut, Nubank, Coinbase y Ripple tienen modelos de negocio distintos, pero comparten un movimiento que puede cambiar su relación con el sistema financiero: las cuatro han solicitado licencias bancarias federales en Estados Unidos. Empresas que crecieron gracias a los servicios digitales ahora buscan entrar en una de las actividades más reguladas de la economía.

El interés no parece aislado. Entre 2024 y 2025, las solicitudes para crear nuevos bancos en Estados Unidos se multiplicaron por cinco, según las cifras recogidas por FintechNewsSG en su revisión de las tendencias financieras para 2026, basada en un análisis de Boston Consulting Group (BCG).

La cifra llama la atención porque durante años buena parte de las fintech construyó su propuesta comercial alrededor de las limitaciones de la banca tradicional. Aplicaciones sencillas, transferencias digitales y servicios accesibles desde el celular les permitieron captar clientes que buscaban alternativas a las entidades de siempre. Algunas crecieron sin tener que convertirse en bancos con licencia propia.

Ahora, varias quieren cambiar esa condición. La pregunta es por qué empresas que ya consiguieron abrirse espacio en el mercado financiero están interesadas en asumir más obligaciones regulatorias.

Una parte de la respuesta está en los límites de sus modelos actuales. La licencia con la que opera una empresa determina qué servicios puede ofrecer, bajo qué condiciones y mediante qué estructura. Para una fintech que aspira a ampliar su negocio, depender de otras entidades para determinadas operaciones puede resultar menos conveniente que contar con una autorización bancaria propia.

Esto no significa que todas las compañías persigan exactamente el mismo objetivo. Revolut y Nubank desarrollaron negocios centrados en servicios financieros digitales, mientras Coinbase y Ripple están vinculadas al mercado de criptoactivos. Sus solicitudes deben analizarse según las actividades que cada una pretende realizar y las condiciones de su eventual autorización.

La regulación deja de ser una frontera y se convierte en parte del negocio

El cambio también obliga a revisar una de las ideas que acompañaron el crecimiento de las fintech: que una empresa tecnológica podía competir con los bancos tradicionales sin adoptar su misma estructura regulatoria.

El llamado arbitraje regulatorio describe la posibilidad de aprovechar diferencias entre las normas que se aplican a distintas actividades o entidades. En el sector financiero, esas diferencias pueden influir en los costos, los productos disponibles y la manera de operar. Sin embargo, no todas las fintech funcionan bajo las mismas reglas ni el hecho de operar con una licencia distinta demuestra, por sí solo, que estén eludiendo obligaciones.

Solicitar una licencia bancaria supone entrar en un proceso de evaluación. Las autoridades deben determinar si una compañía cumple las condiciones necesarias para recibir la autorización. Presentar la solicitud no equivale a obtenerla, y conseguirla tampoco significa que todos sus productos queden automáticamente cubiertos por las mismas garantías.

Para los clientes, la diferencia importa. La palabra neobanco puede describir una experiencia completamente digital, pero no permite saber por sí sola qué entidad tiene los fondos, quién presta cada servicio o qué protección corresponde en caso de problemas. Esas condiciones dependen de la estructura de cada producto y de las autorizaciones aplicables.

Tampoco hay razones para asumir que una licencia bancaria se traducirá automáticamente en tarifas más bajas o mejores rendimientos. Esos beneficios dependerán de las decisiones comerciales de cada empresa y de los servicios que finalmente pueda ofrecer.

El aumento de las solicitudes en Estados Unidos apunta a una transformación más profunda que el lanzamiento de una nueva aplicación financiera. Algunas fintech están buscando dejar de operar en los márgenes de la estructura bancaria para ocupar un lugar dentro de ella. Si consiguen las autorizaciones, tendrán más posibilidades de ampliar sus actividades, pero también deberán responder a exigencias regulatorias que forman parte del negocio bancario.

La novedad, por ahora, no es que estas empresas ya se hayan convertido en bancos, sino que cada vez más buscan hacerlo.

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Digna Irene Urrea

Comunicadora social y periodista apasionada por las buenas historias, el periodismo literario y el lenguaje audiovisual. Aficionada a la tecnología y la ciencia. Email: [email protected]

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