La alerta que dejan los resultados de PISA 2025 para Colombia va más allá de las calificaciones en matemáticas, lectura y ciencias. Para el sector tecnológico, la preocupación está relacionada con las capacidades que los estudiantes están desarrollando para resolver problemas y que, más adelante, pueden convertirse en la base del talento que necesitará la economía digital.
Colombia obtuvo 432 puntos en resolución de problemas computacionales, frente a los 500 puntos del promedio de la OCDE. En las otras áreas evaluadas también quedó por debajo del promedio internacional: alcanzó 381 puntos en matemáticas, 399 en lectura y 414 en ciencias.
El resultado adquiere otra dimensión cuando se observa que la resolución de problemas computacionales requiere habilidades como analizar una situación, identificar sus componentes y encontrar una solución. No equivale a saber programar, pero sí evalúa capacidades relacionadas con la forma en que los estudiantes enfrentan problemas utilizando herramientas y entornos digitales.
La discusión coincide con una iniciativa que Fedesoft viene impulsando en Colombia desde hace cuatro años. La Federación Colombiana de Software y Tecnologías de la Información trabaja con Bebras, una iniciativa internacional orientada a desarrollar y evaluar el pensamiento computacional entre estudiantes.
Según Fedesoft, durante 2025 el promedio nacional de Bebras Colombia fue de 5,8 sobre 15. La prueba plantea ejercicios relacionados con habilidades como la abstracción, el pensamiento algorítmico, la descomposición y la resolución de problemas.
El reto no consiste simplemente en llevar más tecnología a las aulas
La relación entre ambos resultados permite abrir una discusión que va más allá de cuánto usan los estudiantes un computador o un celular. Tener acceso a herramientas digitales no significa necesariamente contar con las capacidades necesarias para aprovecharlas frente a un problema complejo.
En PISA 2025, apenas el 29 % de los estudiantes colombianos alcanzó el nivel 2 o superior en matemáticas, frente al 65 % del promedio de la OCDE. En lectura, el porcentaje fue de 46 %, mientras que en ciencias llegó al 50 %.
Estas competencias también tienen una relación directa con el aprendizaje tecnológico. Comprender instrucciones, interpretar información, reconocer patrones, dividir un problema en partes y plantear soluciones son habilidades que pueden utilizarse posteriormente en áreas como programación, análisis de datos o inteligencia artificial.
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Fedesoft sostiene que el talento requerido por la economía del conocimiento comienza a construirse desde la educación básica. Por eso, plantea que la tecnología puede aportar a la formación, pero acompañada de educación de calidad y de un trabajo conjunto entre Gobierno, instituciones educativas, empresas y el ecosistema tecnológico.
El debate cobra importancia mientras la inteligencia artificial amplía su presencia en el estudio y el trabajo. La pregunta ya no pasa únicamente por si los estudiantes tienen acceso a estas herramientas, sino por si cuentan con las bases necesarias para comprender los problemas que deben resolver, evaluar la información que reciben y utilizar la tecnología con un propósito.
Para Colombia, los resultados de PISA 2025 dejan así una tarea que comienza antes de la formación profesional: fortalecer desde las aulas las capacidades que posteriormente pueden convertirse en habilidades para la economía digital.