Tuvimos varios días el Samsung Galaxy S26 Ultra en la mano y hay una decisión evidente: Samsung no quiso llevar el teléfono al extremo de convertirse en una cámara con pantalla. Mientras otros fabricantes están empujando el diseño hacia módulos cada vez más grandes y visibles, aquí se mantiene una estética más contenida.
El equipo sigue siendo grande, pero mejor resuelto que el S25 Ultra. Se siente más cómodo, mejor balanceado y, sobre todo, más usable en el día a día. Frente a propuestas como el Xiaomi 17 Ultra o el Vivo X300 Pro, donde el módulo de cámara domina el diseño, el S26 Ultra apuesta por discreción.
En fotografía hay avances claros frente a la generación anterior, especialmente en baja luz y en el tratamiento del color. El balance de blancos es más estable y el HDR sigue siendo uno de sus puntos fuertes. Es un teléfono que permite disparar sin pensar demasiado y obtener resultados agradables.
Pero al exigirlo aparecen los límites. En retratos interiores el ruido sigue presente, y en escenas complejas la exposición puede variar entre una toma y otra. También hay momentos donde se pierde detalle fino en rostros o texturas. En pruebas como las de DXOMARK, el equipo alcanza 157 puntos en cámara, una cifra competitiva, aunque por detrás de varios rivales directos .
Samsung ofrece consistencia. El problema es que otros ya están ofreciendo algo más.
Xiaomi y Vivo: una mirada más cercana a la fotografía profesional
El cambio más interesante está en cómo Xiaomi y Vivo están entendiendo la cámara.
El Xiaomi 17 Ultra, en colaboración con Leica, logra una fotografía con más detalle, mejor control del ruido y una interpretación del color menos agresiva. Las imágenes se ven más naturales, con una textura más limpia incluso en condiciones exigentes. Sus 166 puntos en DXOMARK reflejan esa consistencia, sobre todo en fotografía y zoom .
Pero donde más se siente ese cambio es en el uso real del Vivo X300 Pro. Lo probamos durante varios días y la diferencia no está solo en especificaciones. Este no es un teléfono pensado únicamente para conciertos o eventos —aunque ahí el zoom funciona muy bien—, sino para distintos tipos de fotografía.
En paisaje, por ejemplo, mantiene una fidelidad de color que se acerca más a lo que el ojo percibe. En fotografía de naturaleza —plantas, flores, texturas— conserva detalle sin suavizar en exceso. Y en retrato logra una separación más natural entre sujeto y fondo, sin exagerar el efecto.
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Incluso en escenas en movimiento, como animales o personas caminando, mantiene un nivel de detalle que no se rompe fácilmente. Hay una sensación de que la imagen respeta más la luz original, el contraste real, la textura.
Ese resultado no viene solo del sensor. Tiene que ver con el trabajo óptico junto a Zeiss y con una decisión de procesamiento: intervenir menos y dejar que la imagen respire.
Cuando se compara con el Samsung Galaxy S26 Ultra, la diferencia se vuelve evidente. Samsung entrega una foto más lista para compartir: colores más ajustados, contraste más marcado, una imagen que “impacta” rápido. Pero en ese proceso pierde parte de la naturalidad que sí conservan Xiaomi y Vivo.
Ahí aparece una idea interesante: Xiaomi y Vivo están más cerca de una fotografía profesional, no porque sustituyan una cámara, sino porque se aproximan más a su lógica. Más control, más fidelidad, menos intervención automática.
Más allá de la cámara: IA, video y experiencia completa
Reducir la comparación solo a fotografía deja por fuera otras ventajas del Samsung Galaxy S26 Ultra.
Samsung sigue teniendo una de las mejores pantallas del mercado, no solo por calidad, sino por funciones pensadas para el uso cotidiano, como modos de privacidad que limitan la visibilidad lateral. Es un teléfono que también está pensado para trabajar, no solo para capturar imágenes.
La inteligencia artificial juega un papel distinto. Mientras Xiaomi y Vivo la integran con fuerza en la cámara, Samsung la distribuye en todo el sistema: herramientas de productividad, edición, traducción en tiempo real y multitarea. La experiencia es más completa, más enfocada en el uso diario.
En video también mantiene ventaja. La estabilización es consistente, el color es predecible y grabar resulta sencillo. El Xiaomi 17 Ultra, pese a su fortaleza en fotografía, no alcanza el mismo nivel en video, especialmente en condiciones complejas . Vivo mejora con su estabilización, pero sigue priorizando la foto.
No hay una respuesta única. El Samsung Galaxy S26 Ultra es el más equilibrado: diseño, pantalla, video y un sistema sólido. Pero si la prioridad es la fotografía —detalle, zoom, naturalidad—, Xiaomi y Vivo están avanzando con más decisión.
La diferencia ya no está solo en quién toma mejores fotos, sino en cómo cada marca entiende lo que debe ser una cámara en un teléfono. Y ahí, hoy, los fabricantes chinos están explorando un camino más cercano a la fotografía tradicional.