Por Juan Carlos Uribe, Director de Transformación y Tecnología de Microsoft para Latinoamérica
“Unleashing the Power of AI” fue la invitación que reunió este año a la industria tecnológica en ANDICOM. La frase resulta especialmente pertinente porque, después de varios años de adopción acelerada de la inteligencia artificial en el trabajo, todavía estamos descubriendo qué significa realmente liberar el potencial de esta tecnología dentro de las organizaciones.
En Colombia ya vemos una primera señal. El 63 % de los usuarios de IA afirma que hoy realiza trabajos que hace apenas un año no podía hacer, cinco puntos por encima del promedio global. En muy poco tiempo se amplió la capacidad de las personas para analizar, crear, aprender y ejecutar. Esa evolución plantea una pregunta mucho más profunda para quienes lideran empresas. ¿Qué ocurre cuando las personas cambian más rápido que la organización en la que trabajan?
Las compañías tienen inercias. Los procesos, las jerarquías, los mecanismos de aprobación, los incentivos y hasta la manera en que distribuimos responsabilidades fueron diseñados bajo determinadas condiciones de trabajo. Cuando esas condiciones cambian, mantener intacta esa arquitectura puede terminar limitando parte del valor que la tecnología permite crear.
Los datos muestran que esa tensión ya existe. Mientras crece el uso de la inteligencia artificial entre los trabajadores colombianos, solo el 28 % considera que el liderazgo de su organización está alineado frente a esta tecnología y apenas el 15 % afirma que se recompensa la reinvención del trabajo cuando no produce resultados inmediatos. La capacidad individual avanza; las organizaciones todavía están aprendiendo cómo acompañarla.
Cuando la adopción exige rediseño
Ese aprendizaje será cada vez más importante a medida que la IA participe activamente en la ejecución del trabajo. Los agentes comienzan a analizar información, planear pasos y realizar acciones bajo parámetros definidos. Esto introduce una nueva dimensión en la gestión, al incorporar decisiones sobre cómo distribuir el trabajo entre personas y sistemas de IA, dónde debe permanecer el juicio humano y qué procesos merecen ser reconstruidos de principio a fin.
Es una de las ideas detrás de lo que en Microsoft llamamos Frontier Transformation. Su valor está menos en imaginar una empresa futurista que en reconocer una realidad bastante concreta, en la que incorporar nuevas capacidades también obliga a revisar las reglas con las que funciona una organización.
Una Empresa Frontera aprende a combinar inteligencia disponible bajo demanda con equipos de personas y agentes, manteniendo en manos humanas la dirección, los estándares y la responsabilidad sobre las decisiones.
Los propios trabajadores parecen entender bien ese equilibrio. El 87 % de los usuarios colombianos afirma que utiliza la IA como punto de partida y no como respuesta definitiva; el 52 % considera esencial el pensamiento crítico y el 50 % destaca la importancia de controlar la calidad de los resultados.
La IA amplía lo que podemos hacer, pero también eleva el valor del criterio con el que decidimos qué vale la pena hacer.
Tal vez ahí esté una de las conversaciones más importantes que deja ANDICOM 2026. Liberar el poder de la IA no consiste simplemente en incorporar más capacidad a la empresa. También exige preguntarnos si nuestros procesos, responsabilidades y formas de decidir están preparados para aprovechar la inteligencia artificial en el trabajo.
Las organizaciones que se hagan esa pregunta con mayor profundidad probablemente serán también las que descubran antes hasta dónde puede llevarlas esta nueva frontera.
Imagen: Generada con IA (ChatGPT)