Por: Susana Castañeda, coordinadora del programa de Comunicación Digital del Politécnico Grancolombiano, sede Medellín
El próximo 5 de septiembre se cumplen 20 años del lanzamiento del feed de Facebook, una función que podríamos analizar solo como una herramienta más de la plataforma social. Sin embargo, desde la comunicación digital, este aniversario merece una mirada más detenida. Marcó un antes y un después en la forma en que nos relacionamos con amigos y conocidos en los espacios digitales.
Antes de que se volviera normal deslizar un feed para encontrar actualizaciones sin fin de amigos, creadores de contenido o marcas, cada persona debía tomar decisiones conscientes. Era necesario hacer una búsqueda para encontrar un nuevo tema o visitar directamente un perfil.
A partir del lanzamiento del News Feed se transformó la forma de interactuar en las plataformas sociales y digitales. En una sola pantalla comenzaron a reunirse las actualizaciones de amigos, páginas y comunidades. Con el tiempo, Facebook incorporó sistemas más sofisticados para decidir qué debía aparecer primero. Así comenzó a tomar forma lo que hoy conocemos como algoritmo.
Es ahí donde quiero enfatizar que se produjo un antes y un después. Algo que anteriormente implicaba una decisión hoy lo asumimos con normalidad, aunque realmente generó nuevas formas de relacionarnos con la información y con los demás. Como comunicadora, docente e investigadora de prácticas digitales, me interesa menos demonizar los algoritmos que entender qué hacen con nuestra experiencia. Incluso, tratar de modificarlos para observar cómo nosotros también podemos manejarlos.
Cómo el algoritmo de Facebook empezó a decidir qué mostrar
Para entender qué ocurrió, la investigadora Michael Ann DeVito analizó las patentes y documentos financieros de la compañía. Encontró que Facebook diseñó su algoritmo alrededor de nueve valores centrales para reemplazar la curaduría de un editor humano ante el enorme volumen de información.
El más importante es la relación de amistad. Esta actúa como un filtro que amplía y relaciona otros factores, como los clics, los comentarios y el tiempo de permanencia. El sistema no necesariamente elige aquello que es informativamente valioso. Selecciona lo que contribuye a mantener activo el vínculo social y, con ello, nuestra permanencia en la plataforma.
En el intento de no demonizar el algoritmo, también es necesario reconocer que el News Feed buscaba organizar una enorme cantidad de información de una manera lógica. Al mismo tiempo, debía resultar conveniente para generar clics o aumentar la permanencia. Donde sí es importante detenernos es cuando el ciudadano de a pie confunde relevancia algorítmica con relevancia personal o informativa.
El feed de Facebook y una generación que creció con algoritmos
Incluso en el aula, donde la mayoría de los estudiantes son menores de 20 años y crecieron con el feed disponible, resulta necesaria una mirada crítica. Es importante ir más allá de lo que presenta el entorno digital.
Descubrir música, noticias, tendencias y opiniones únicamente a partir de “lo que el algoritmo considera que nos interesa” podría insertarnos en una burbuja de información. El riesgo aumenta cuando dejamos de lado las búsquedas propias y los nuevos relacionamientos.
Saber utilizar una plataforma va más allá de dar clic o visualizar contenido. Schwartz y Mahnke llaman a esto la “relación comunicativa”. A partir de entrevistas realizadas a jóvenes, encontraron que cada microacción en la pantalla es, en realidad, un mensaje directo al algoritmo. Esto incluye dar me gusta, detener el desplazamiento un segundo más o incluso “espiar” una publicación en silencio.
El problema es que los jóvenes no siempre tienen una conciencia crítica sobre esta dinámica. Pueden asumir el feed como un entorno natural y pasivo, sin advertir que sus propios hábitos diarios están cocreando, de manera inconsciente, el microuniverso informativo en el que se desenvuelven.
Alfabetización digital frente a los algoritmos
En investigaciones que hemos desarrollado desde el programa de Comunicación Digital del Politécnico Grancolombiano sobre prácticas digitales y FOMO entre jóvenes universitarios, se ha evidenciado algo que preocupa desde la academia. Saber utilizar una plataforma requiere alfabetización digital y ciudadanos críticos.
Hoy hablamos de alfabetización en inteligencia artificial, verificación de información y competencias digitales. Pero quisiera sumar una capacidad más: reconocer en qué momento estamos eligiendo qué ver, de qué hablar o en qué tendencia participar, y cuándo esa elección la está haciendo el algoritmo.
Veinte años después, los sistemas basados en feeds no se encuentran únicamente en Facebook. Otras plataformas sociales y digitales los utilizan, entre ellas TikTok, Instagram, YouTube, Spotify y Netflix. También están presentes en buena parte de los espacios donde actualmente consumimos cultura e información.
Investigaciones recientes muestran que reducir la personalización de un feed puede disminuir la frecuencia y el tiempo de uso. Un experimento de campo dirigido por la investigadora Yu Gao comparó a personas que dejaron las redes sociales por completo con aquellas a quienes simplemente se les redujo la intensidad de la personalización algorítmica.
¿El resultado? La abstinencia total agotó la fuerza de voluntad de las personas y provocó un efecto rebote, con un incremento del uso al terminar el periodo.
No creo que la respuesta sea regresar a una Internet sin algoritmos. Pero sí podríamos plantearnos una pregunta cada vez que destinamos horas a deslizar una pantalla: ¿estoy viendo esto porque lo elegí o porque alguien aprendió a elegirlo por mí?