El riesgo fintech de Colombia: ¿cómo la cartera vencida está afectando la promesa del crédito digital?

Entre 2020 y 2022, bastaba con tomar una foto a la cédula y llenar tres campos en una app. El dinero llegaba en minutos. Los fondos de capital de riesgo inyectaban decenas de millones de dólares, y la consigna era una sola: crecer el ecosistema fintech en Colombia.

Cinco años después, ese mapa muestra reestructuraciones, investigaciones judiciales y operaciones cerradas. Zinobe, Juancho Te Presta, Frubana, Merqueo (entre otras): nombres que lideraron titulares por sus rondas de inversión o su crecimiento acelerado terminaron golpeados por el mismo problema. No lograron cobrar lo esperado y tanto la cartera vencida ICV (Indice de Cartera Vencida) o NPL (Non Performing Loans en inglés) como la Cartera Castigada (Charge-Off) terminaron haciendo inviable sus operaciones.

La ilusión del scoring algorítmico

Las fintechs de crédito no competían contra la banca en tasas. Competían en velocidad y fricción cero. Para capturar mercado rápido, relajaron los filtros de riesgo y confiaron en algoritmos alternativos de credit scoring: inteligencia artificial entrenada con Big Data de comportamiento de usuario.

La premisa sonaba sólida. El problema era el contexto. Esos modelos se entrenaron en un entorno de tasas históricamente bajas y liquidez abundante. Sabían predecir a quién prestarle en tiempos de bonanza. No sabían cómo reaccionaría ese mismo usuario ante una recesión.

Un algoritmo entrenado en vacas gordas no sobrevive las flacas.

La pinza macroeconómica

Cuando el ciclo cambió, tres fuerzas apretaron al mismo tiempo.

Primero, el costo del fondeo. Las fintechs no prestan de su propio bolsillo: obtienen recursos mediante líneas de deuda mayorista (debt facilities). Cuando el Banco de la República elevó su tasa de intervención hasta 13,25% —el pico de 2023— para contener una inflación que cerró 2022 en 13,12%, el costo de ese dinero para las fintechs se disparó.

Segundo, el consumidor se ahogó. La inflación erosionó el ingreso disponible. Ante la necesidad de recortar gastos, el microcrédito digital sin garantía quedó al final de la fila de pagos, detrás del arriendo, la comida y el crédito hipotecario.

Tercero, la tasa de usura las encerró. En Colombia no se puede cobrar una tasa por encima del tope legal. Cuando el riesgo de impago se disparó y el costo del fondeo se fue a las nubes, las fintechs no pudieron ajustar precios para compensar. Cada crédito nuevo se convirtió en una operación con margen neto negativo.

Cuando el dinero cuesta más de lo que puedes cobrar, prestar es autodestruirse.

Del titular de ronda al expediente en Supersociedades

El impacto fue rápido. Los bancos tradicionales mantenían índices de mora ICV (NPL) entre el 3,5% y el 5%. En el segmento de crédito digital no garantizado, los índices de impago treparon a niveles que en algunos casos superaron el 15% y, según reportes del sector, llegaron hasta el 25% en carteras de mayor riesgo.

“Una fintech puede sobrevivir meses con márgenes apretados. Un ICV superior al 15% destruye el patrimonio en semanas.”

Los casos más visibles ilustran la magnitud:

Zinobe / Lineru. La pionera del crédito en línea en Colombia cesó pagos con acreedores. El pasivo total acumulado superó los $40.400 millones de pesos, arrastrado por deuda en moneda extranjera y el colapso de su relación con Tangelo —otra entidad relacionada que también dejó de pagar, con un hueco reportado de US$56 millones.

Juancho Te Presta. Entró a proceso de reorganización ante la Superintendencia de Sociedades en diciembre de 2024, con pasivos de $39.755 millones al corte de agosto de ese año. Varios meses después, en abril de 2026, el proceso escaló a liquidación judicial. Varios acreedores se presentaron al proceso, entre ellos fintechs, a reclamar lo que quedaba.

Frubana y Merqueo. Nacieron en el e-commerce y la logística de alimentos, no en el crédito. Pero construyeron brazos financieros para servir a micro-comercios y tiendas de barrio. Frubana, que llegó a levantar US$271 millones de fondos como SoftBank y Tiger Global; cerró Colombia y México en febrero de 2024, y confirmó el cierre definitivo en agosto de 2025. Merqueo siguió el mismo camino. Sus problemas combinaron costos logísticos insostenibles con impago en sus carteras de crédito a tiendas de barrio.

El golpe de gracia: el corte de fondeo

El verdadero colapso no fue perder el dinero prestado. Fue lo que pasó después.

Las líneas de crédito de fondos internacionales vienen con cláusulas de desempeño (covenants). Cuando el ICV (NPL) de una fintech supera el umbral acordado —típicamente entre 5% y 8%— el fondo bloquea nuevos desembolsos. Sin liquidez para originar créditos nuevos y con una cartera vieja que no se dejaba cobrar, el flujo de caja llegó a cero.

La maquinaria paró por completo.

El error original: asumir que cobrar era fácil

El modelo no falló en la originación. Falló en la recuperación.

Durante años, los equipos de riesgo trataron la cobranza como un problema secundario: contratar más agentes de call center, mandar más SMS, vender la cartera castigada a centavos por peso. Pero el mercado cambió. La Ley 2300 de 2023 —la ley “Dejen de fregar”— restringió las prácticas de cobranza telefónica. Herramientas como Truecaller bloquearon el contacto. El deudor colombiano dejó de contestar el teléfono y le perdió el miedo al reporte en centrales de riesgo.

Hay en Colombia 97 fintechs de crédito digital activas, con más de 1,85 millones de préstamos originados. La pregunta que hoy se hacen sus equipos de riesgo no es cuántos clientes nuevos pueden capturar. Es cómo le cobran a alguien que ya no contesta.

Digna Irene Urrea

Comunicadora social y periodista apasionada por las buenas historias, el periodismo literario y el lenguaje audiovisual. Aficionada a la tecnología, la ciencia y la historia. Email: [email protected]

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