El dinero ya se mueve en segundos: así cambió el negocio financiero en Brasil, México y Colombia

Durante años, buena parte de la innovación financiera en América Latina ocurrió dentro de las aplicaciones de los bancos. Ahora el cambio está sucediendo en una capa menos visible: la infraestructura que permite mover dinero entre cuentas en segundos.

Brasil y México llevan ventaja. Colombia acaba de entrar en esa competencia con Bre-B y sus primeros resultados muestran que la adopción puede avanzar mucho más rápido de lo que ocurrió con otras tecnologías financieras.

El Banco Mundial encontró que los pagos inmediatos en América Latina y el Caribe pasaron de 620 millones de operaciones en 2017 a 79.800 millones en 2024. En ese último año representaron el 45 % del volumen de pagos digitales de la región y superaron por primera vez a las tarjetas.

La cifra ayuda a entender por qué los bancos centrales están apostando por estos sistemas. No se trata únicamente de enviar dinero más rápido. Cuando una infraestructura alcanza suficiente escala, puede modificar la forma en que personas y empresas cobran, compran y utilizan servicios financieros.

Brasil convirtió el pago inmediato en un hábito

El caso de Pix muestra hasta dónde puede llegar esa transformación.

El Banco Central de Brasil reporta que más de 170 millones de personas físicas utilizan Pix, equivalentes a cerca del 80 % de la población. Solo en enero de 2026 se realizaron más de 7.000 millones de transacciones mediante el sistema.

La magnitud es importante porque Pix dejó de ser simplemente una alternativa a una transferencia bancaria. Su uso se extendió entre personas y comercios y creó una infraestructura sobre la cual pueden desarrollarse nuevos servicios.

El resultado también cambia la relación entre bancos, fintech y usuarios. Si transferir dinero entre entidades es inmediato y sencillo, el valor de una aplicación financiera ya no depende solamente de facilitar una transferencia. La competencia puede desplazarse hacia los servicios construidos alrededor de ese movimiento de dinero.

México demuestra que la escala también puede llegar por otra vía

SPEI ofrece una trayectoria diferente.

Durante 2025 se realizaron más de 7.300 millones de transferencias electrónicas mediante este sistema, por un monto cercano a 600 billones de pesos mexicanos, según datos presentados por el Banco de México en marzo de 2026.

La experiencia mexicana muestra que los pagos electrónicos entre cuentas pueden convertirse en una pieza central del sistema financiero sin depender exclusivamente de las tarjetas.

Pero hay una diferencia importante frente a Pix. El reto no consiste solamente en disponer de una red capaz de procesar operaciones. También importa qué tan fácil resulta para una persona identificar al destinatario, iniciar un pago y utilizar el sistema en diferentes situaciones.

Ahí es donde la interoperabilidad se vuelve determinante.

Colombia ya tiene la infraestructura, ahora comienza la verdadera prueba

Bre-B comenzó su operación el 6 de octubre de 2025. Seis meses después, el Banco de la República reportó más de 34 millones de usuarios registrados, más de 670 millones de transacciones y un valor acumulado superior a 105 billones de pesos. También había más de 103 millones de llaves registradas.

El crecimiento diario también resulta significativo. Bre-B pasó de alrededor de 1,5 millones de operaciones diarias al comienzo de su funcionamiento a unos 5 millones siete meses después, según información recopilada por el Banco de la República.

El dato que merece atención es otro: el promedio de cada operación durante los primeros seis meses fue de 156.711 pesos y el 39,3 % de las transacciones estuvo entre 10.000 y 50.000 pesos. Es decir, una parte importante del uso se concentra en pagos relativamente pequeños, precisamente aquellos que pueden repetirse con mayor frecuencia en la vida cotidiana.

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Esto abre una pregunta más interesante que determinar si Bre-B está creciendo.

¿Puede Colombia convertir ese volumen de transferencias en un ecosistema de servicios financieros construido alrededor de los pagos inmediatos?

El propio Banco de la República ya contempla una expansión hacia pagos entre empresas, recaudos, dispersiones a proveedores y pagos de nómina. También trabaja en la incorporación y unificación de códigos QR para facilitar los pagos en comercios.

Eso cambia la dimensión del proyecto.

El reto ya no es mover el dinero, sino qué se construye encima

Brasil demuestra que un sistema de pagos inmediatos puede alcanzar una escala masiva. México muestra el potencial de una infraestructura de transferencias con miles de millones de operaciones anuales. Colombia comienza a mostrar que también existe demanda para este tipo de sistema.

Pero copiar el resultado de Pix no consiste en replicar su tecnología.

La siguiente etapa será determinar si los comercios incorporan Bre-B como una opción cotidiana, si las fintech crean nuevos productos alrededor de las transferencias inmediatas y si los usuarios encuentran suficientes razones para utilizarlo más allá de enviar dinero a otra persona.

El desafío también incluye seguridad. A medida que aumenta el número de operaciones instantáneas, disminuye el margen para detener una transacción fraudulenta antes de que el dinero llegue a su destino.

Por eso, la carrera latinoamericana por los pagos inmediatos no terminará cuando una transferencia tarde unos segundos.

En realidad, ahí comienza.

La infraestructura ya está disponible. La próxima disputa será por los servicios, los comercios y los hábitos que se construyan sobre ella.

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Digna Irene Urrea

Comunicadora social y periodista apasionada por las buenas historias, el periodismo literario y el lenguaje audiovisual. Aficionada a la tecnología y la ciencia. Email: [email protected]

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