Las empresas de América Latina quieren aprovechar la inteligencia artificial, pero hay una condición que puede detener sus planes: demostrar que la inversión dará resultados y que los riesgos estarán bajo control. Para muchas organizaciones, el problema ya no consiste únicamente en encontrar aplicaciones para esta tecnología, sino en decidir hasta dónde pueden incorporarla sin comprometer sus datos ni disparar los costos de operación.
Una encuesta de Vanson Bourne para Dell Technologies, realizada en 2026 entre 200 responsables de decisiones empresariales y tecnológicas de la región, encontró que el 77 % de los participantes no avanzará con nuevos proyectos de IA si no tiene claros los beneficios para el negocio y un plan para gestionar los riesgos.
Las preocupaciones por la seguridad ya han frenado iniciativas. El 75 % de los encuestados afirma que los problemas relacionados con este tema y el cumplimiento normativo han llevado a su organización a aplazar o detener la adopción de inteligencia artificial. Para el 43 %, la seguridad, la privacidad y el cumplimiento figuran entre las principales barreras para extender su uso.
Los datos dibujan una dificultad concreta para las compañías: quieren incorporar herramientas de IA, pero necesitan establecer cómo utilizarlas, qué información pueden compartir con ellas y qué infraestructura requieren para hacerlo a mayor escala.
Los empleados ya usan IA por fuera de las herramientas autorizadas
Parte del problema ocurre dentro de las propias organizaciones. Aunque el 95 % de los participantes asegura que su empresa dispone de herramientas de inteligencia artificial aprobadas por el área de tecnología, el 59 % reporta que sus empleados utilizan aplicaciones no autorizadas en dispositivos corporativos. Además, el 77 % señala que los trabajadores acceden a estas herramientas desde sus dispositivos personales para cumplir tareas laborales.
La coexistencia de estas prácticas muestra que tener una lista de aplicaciones permitidas no garantiza que los empleados se limiten a utilizarlas. Para las empresas, esto supone un reto de control sobre la información que sale de sus sistemas y los servicios externos con los que interactúan sus equipos.
También hay dificultades técnicas. El 61 % de los encuestados considera que sus centros de datos y su infraestructura todavía no están completamente preparados para soportar cargas de trabajo exigentes a escala de producción, como las que requieren la IA y la analítica.
Actualizar esos sistemas de forma aislada tampoco parece ser la mejor salida para buena parte de los participantes. El 86 % considera que gestionar por separado los proyectos de inteligencia artificial, la modernización de los espacios de trabajo y la actualización de los centros de datos dificulta mejorar la eficiencia operativa.
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A esas preocupaciones se suma el consumo energético. El 77 % afirma que solo ampliará el uso de IA si puede hacerlo sin aumentar significativamente su huella energética.
Las exigencias también alcanzan a los proveedores tecnológicos. El 92 % de los participantes valora más a los socios que ofrecen servidores, almacenamiento y protección de datos en una plataforma unificada. Por su parte, el 82 % preferiría concentrar una mayor parte de sus necesidades tecnológicas en un solo proveedor.
Para Christian Abate, director sénior de Soluciones de Seguridad de Dell Technologies, las compañías necesitan conectar sus proyectos de IA con los datos, la infraestructura, la seguridad y sus objetivos de negocio.
La encuesta también encontró que el 90 % de las organizaciones está trasladando inversiones hacia socios con capacidad para acompañar los proyectos desde las pruebas piloto hasta su implementación. La intención de adoptar inteligencia artificial sigue presente, pero ampliar su uso depende de que las empresas puedan justificar el gasto y gestionar los riesgos que vienen con él.