LG también se rinde con los televisores 8K ¿Por qué falló la idea de ‘ultra detalle’?

LG se despide e los televisores 8K ¿Por qué terminó fallando la promesa de más pixeles?

¿Están los televisores 8K en peligro de extinción? Tras años intentando posicionar la resolución ultra alta como el estándar del futuro, un reciente reporte de Ubergizmo confirma que LG, el líder indiscutible en paneles orgánicos, ha decidido decir adiós al mercado de televisores 8K.

Pero, ¿qué significa esto para los usuarios? Esta retirada estratégica no es solo un cambio de catálogo, sino una admisión de que la industria está moviendo sus prioridades hacia la eficiencia y la utilidad real para el consumidor. Dicho de otra manera, LG se dio cuenta de que la cantidad de píxeles en una pantalla no es la principal razón por la que decides renovar tu equipo.

Así que la pregunta más importante, si estás pensando en comprar tu próximo TV para ver el mundial y no quieres cometer el mismo error que estos fabricantes: ¿por qué LG decidió dejar de fabricar televisores 8K?

Nadie necesita un televisor 8K porque nadie puede usarlo realmente

La razón principal detrás de esta decisión es sencilla: la falta de contenido 8K. A pesar de que los televisores con esta resolución están disponibles desde hace años, el ecosistema de contenido no ha seguido el ritmo. Actualmente, no existe ningún servicio de streaming masivo (como Netflix, Disney+ o Prime Video) que ofrezca contenido en 8K de forma regular debido a los altísimos costos de ancho de banda.

La justificación restante quedaba para los puristas del cine: los coleccionistas que prefieren la alta calidad que promete el formato físico. Sin embargo, incluso en este segmento, el techo de la mayoría de los discos es 4K. A las empresas no parece interesarles producir soporte para 8K por la misma razón por la que LG abandonó este estándar: no hay suficiente demanda. Sin películas, series o deportes grabados nativamente en esa resolución, el usuario se ve obligado a depender del reescalado por IA, una tecnología que, aunque ha mejorado, no justifica la inversión de miles de dólares adicionales por una diferencia visual que el ojo humano apenas percibe a distancias normales.

Mejor calidad de video… pero ¿a qué costo?

Otra de las razones que hacía poco atractivos a los televisores 8K radica en los costos. No se trata solo del precio de venta, sino de la cantidad de electricidad que consumen. La Unión Europea y otras regiones han implementado normativas de eficiencia energética cada vez más estrictas. Los paneles 8K, debido a la alta densidad de sus píxeles, requieren una retroiluminación mucho más potente para alcanzar niveles de brillo aceptables, lo que dispara el consumo energético.

A esto se suma que el precio sigue siendo una barrera insalvable. Mientras que los televisores OLED 4K han bajado de precio hasta volverse accesibles para el mercado masivo, los modelos 8K se mantienen en rangos de lujo. Si añadimos la inflación tecnológica provocada por los aranceles y el incremento en el costo de los componentes, el panorama es poco alentador.

Samsung es el único que queda… pero ¿por cuánto tiempo?

Con la salida oficial de LG, solamente Samsung permanece como la única marca importante que sigue comprometida con el estándar 8K.

En 2025, Sony dejó de trabajar en sus modelos de esta resolución, prediciendo casi con exactitud el movimiento de LG. Dos años antes, fue TCL quien “colgó la toalla” con el formato. Esto sin mencionar a otras marcas como Panasonic o Hisense, que inicialmente se mostraron entusiastas con la posibilidad de que estos televisores de lujo fueran el nuevo estándar, pero nunca terminaron de consolidar una línea de producción masiva.

Jeffrey Ramos González

Jeffrey Ramos González

Mi papá quería que fuera abogado o futbolista. Pero en vez de estudiar o salir a la cancha, me quedé en la casa viendo 'Dragon Ball Z', jugando 'Crash Bandicoot' y leyendo 'Harry Potter'. Así que ahora que toca ganarse la 'papita' me dedico a escribir de lo que sé y me gusta. Soy periodista graduado de la Javeriana, escritor de ficción. He publicado en El Tiempo, Mallpocket, entre otras revistas.

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