Pedirle a una inteligencia artificial que redacte un informe o responda un correo ya no resulta extraño. El problema aparece después: alguien tiene que abrir las aplicaciones, buscar la información, completar los formularios y asegurarse de que cada tarea quede hecha. Tres emprendedores colombianos creen que buena parte de ese trabajo también puede quedar en manos de la inteligencia artificial. Para conseguirlo crearon Mozart, una plataforma que pretende pasar de las respuestas a la ejecución de tareas dentro de las empresas.
La iniciativa nació de Guido Vargas, Samuel Benjumea y Camilo Ortiz, quienes se asociaron bajo Simphony Technologies Group para desarrollar una solución que combina un dispositivo físico, un sistema operativo basado en Linux y varios agentes de inteligencia artificial. La idea es instalar el equipo en las oficinas de sus clientes y permitir que estos deleguen actividades que normalmente realizaría un empleado frente a un computador.
Mozart puede, por ejemplo, atender conversaciones por WhatsApp, redactar y enviar documentos, consultar plataformas internas, diligenciar formularios y actualizar información en los sistemas que utilizan las compañías para administrar sus recursos y clientes. También puede preparar informes, organizar reuniones y ejecutar varios procesos al mismo tiempo.
Para funcionar, se conecta con las herramientas que ya tiene cada organización, bien sea mediante sus interfaces web o a través de API. El usuario entrega una instrucción y los agentes se encargan de llevarla a cabo. No es necesario que una persona entre a cada programa y complete manualmente todos los pasos.
Camilo Ortiz, director ejecutivo de la compañía, sostiene que esa es la diferencia frente a los asistentes de inteligencia artificial que se han popularizado en los últimos años. Mientras plataformas como ChatGPT permiten consultar información y generar contenido, Mozart pretende intervenir directamente en las operaciones de una empresa.
Un computador dedicado a trabajar con inteligencia artificial
La decisión de desarrollar un equipo físico también responde a una preocupación de las compañías: qué ocurre con sus datos cuando incorporan herramientas de inteligencia artificial a sus procesos.
Según Guido Vargas, las empresas pueden mantener en sus propias instalaciones la memoria y los componentes operativos de Mozart. Las credenciales de acceso, además, se almacenan cifradas en el dispositivo.
Esto no significa que toda la inteligencia artificial funcione sin conexión a servicios externos. La arquitectura puede involucrar modelos y procesos de inferencia alojados fuera del equipo, por lo que la seguridad también depende de las conexiones y los proveedores utilizados. La compañía señala que las operaciones irreversibles y las transacciones financieras necesitan autorización humana.
La propuesta llega cuando más organizaciones comienzan a experimentar con agentes de inteligencia artificial. Una encuesta de McKinsey realizada en 2026 a 1.719 participantes de 97 países encontró que el 40 % de los encuestados de grandes empresas ya estaba ampliando el uso de estos sistemas en al menos una función del negocio. En 2025, la proporción era del 27 %.
Los fundadores de Mozart quieren encontrar un espacio en ese mercado, inicialmente en Colombia, donde aseguran haber construido relaciones con empresas durante diez años. Después esperan llevar el producto a otros países de América Latina.
Sus proyecciones apuntan a conseguir entre 150 y 180 usuarios pagos y alcanzar ingresos recurrentes mensuales de entre $50 y $80 millones para el primer trimestre de 2027.
La competencia no es menor. OpenAI, Anthropic y Google también desarrollan herramientas que buscan llevar los agentes de inteligencia artificial a las actividades cotidianas de las empresas. Mozart tendrá que demostrar que su combinación de equipo físico y software puede resolver necesidades reales y que las compañías están dispuestas a confiarle parte de sus operaciones.
Ortiz defiende la capacidad de la región para desarrollar tecnología propia. Después de doce años trabajando en sistemas empresariales, considera que América Latina no tiene por qué limitarse a comprar soluciones creadas en otros mercados. Mozart es, por ahora, su apuesta para demostrarlo.