Trabajar para una empresa de otro país ya no sorprende a nadie en América Latina. Pero los números del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dicen que apenas estamos empezando: alrededor del 12% de los trabajadores de la región podría hacer su trabajo a distancia, y solo cerca del 4% lo hace.
Para las empresas que quieren montar equipos internacionales, esa brecha no es solo una buena noticia. Contratar a alguien en otro país exige mucho más que encontrar a la persona indicada: hay contratos que gestionar, normas locales que cumplir y pagos que tienen que cruzar distintos sistemas financieros.
El BID revisó más de 6,2 millones de ofertas de empleo en 15 países entre 2022 y 2025 y encontró que las vacantes remotas siguen siendo pocas, aunque ya muestran señales de recuperación. La mayoría se concentra en perfiles con educación superior y conocimientos de tecnología y análisis de datos.
La pregunta, entonces, es cómo pueden las empresas de la región aprovechar el talento disponible en distintos mercados sin que la complejidad administrativa de contratar afuera se vuelva un obstáculo.
Entre encontrar al talento y poder contratarlo
El trabajo remoto cambió la manera en que las compañías buscan profesionales. Una startup en Estados Unidos puede sumar a un desarrollador en Colombia, una empresa europea puede contratar a un especialista en marketing en México, y un equipo puede funcionar desde varios países sin compartir oficina.
Esa flexibilidad, sin embargo, tiene un lado operativo que casi nunca aparece en la conversación sobre el futuro del trabajo. Cada país tiene sus propias reglas sobre relaciones laborales, contratos, impuestos y pagos. Cuando una empresa contrata en varios mercados, manejar todo por separado puede disparar los costos y recargar a sus equipos de recursos humanos y finanzas.
Y no es un problema solo de las grandes corporaciones. Las startups y las empresas en crecimiento también necesitan talento internacional, pero no siempre tienen áreas legales, contables o de recursos humanos especializadas en cada jurisdicción.
Ese es el vacío en el que nació Ontop, una fintech colombiana fundada en 2020 por Santiago Aparicio, Julián Torres y Jaime Abella. La idea fue simplificar la contratación y los pagos a trabajadores internacionales, justo cuando la pandemia aceleraba el trabajo remoto.
Su plataforma permite a las empresas manejar desde un mismo lugar la incorporación de personal, los contratos, el cumplimiento normativo y los pagos internacionales. Con eso busca reducir la fragmentación que aparece cuando una organización trabaja con profesionales en varios países.
El reto, además, va más allá de transferir dinero. Para una empresa que contrata en distintos mercados, lo difícil es coordinar la relación contractual, los requisitos regulatorios y la entrega de los pagos. Ontop apuesta por reunir todo eso en una sola plataforma.
Una infraestructura para equipos distribuidos
La contratación internacional también ha dado impulso a servicios financieros pensados para quienes reciben ingresos del exterior. Para ellos, la historia no termina cuando la empresa procesa la nómina: necesitan acceder a su dinero, administrarlo y usarlo en su país de residencia.
Ontop ha diseñado su propuesta para atender los dos lados de la relación. Además de herramientas para las compañías que contratan talento internacional, ofrece servicios financieros para trabajadores y contratistas que reciben pagos desde otros países.
Esa evolución muestra cómo las plataformas de contratación global están ampliando su alcance. Lo que empezó como una solución para contratos y pagos internacionales empieza a incluir herramientas para administrar otros aspectos del vínculo entre empresas y trabajadores.
La compañía también ha incorporado inteligencia artificial en sus procesos internos, como parte de una estrategia para automatizar tareas y mejorar la eficiencia de su infraestructura. La tecnología no borra las diferencias regulatorias entre países, pero sí puede ayudar a las empresas a manejar operaciones que de otro modo exigirían coordinar a varios proveedores y procesos.
El potencial del trabajo remoto todavía está por desarrollarse
El panorama regional ofrece oportunidades, pero también tiene límites. El BID advierte que la posibilidad de trabajar a distancia no se reparte de manera uniforme: depende del tipo de ocupación, del nivel educativo y de las condiciones laborales de cada persona. Por eso, que crezca la contratación internacional no significa que todos los trabajadores puedan acceder a ella.
Además, expandir equipos distribuidos obliga a resolver asuntos que van más allá de la tecnología. Las empresas deben definir bien el tipo de relación contractual, entender las obligaciones de cada jurisdicción y evitar que la flexibilidad del trabajo remoto termine generando riesgos laborales o regulatorios.
Para plataformas como Ontop, ahí está precisamente el espacio donde buscan operar: conectar la disponibilidad de talento internacional con la infraestructura necesaria para contratarlo y pagarle. La compañía no elimina las diferencias regulatorias entre países, pero ofrece herramientas para manejar parte de esa complejidad.
La brecha que señala el BID entre el potencial y la adopción real del trabajo remoto indica que todavía hay mucho por construir en América Latina. Su evolución dependerá tanto de que haya profesionales con habilidades digitales como de que las empresas logren montar operaciones internacionales sostenibles.
Por eso, el futuro del trabajo remoto en la región no dependerá solo de que más personas puedan trabajar desde cualquier lugar. También estará marcado por la infraestructura financiera, tecnológica y regulatoria que permita que esa contratación funcione más allá de las fronteras.
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