Por Andrea Carolina Sánchez, docente de la Escuela de Ciencias Básicas de la Universidad Politécnico Grancolombiano
Cuando Bogotá tuvo que enfrentar racionamientos de agua, miles de personas cambiaron rutinas, ajustaron horarios y aprendieron a medir cada litro que consumían. La reacción fue inmediata, pero lo preocupante es que, como suele ocurrir con muchos de los efectos del cambio climático, llegamos a actuar cuando la crisis ya está presente.
Por eso vale la pena hacerse una pregunta importante: ¿y si el mayor problema frente al cambio climático no fuera la falta de soluciones, sino nuestra incapacidad para aprovechar las herramientas que ya existen?
Nos hemos centrado en acciones individuales como reciclar, sembrar árboles o reducir el consumo de energía. Todas son necesarias. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que la adaptación al cambio climático también dependerá de nuestra capacidad para utilizar la ciencia y la tecnología de manera inteligente.
Seguimos actuando cuando los embalses alcanzan niveles críticos, cuando las olas de calor se vuelven insoportables o cuando las sequías afectan el abastecimiento de agua. Respondemos a las consecuencias, pero pocas veces aprovechamos las herramientas que podrían ayudarnos a anticiparlas.
Esa fue una de las reflexiones que surgió durante la producción del libro Gestión de recursos hídricos y energéticos: contribuciones desde la academia, que hicimos con la editorial del Politécnico Grancolombiano. Más allá de los temas específicos que analicé en cada estudio, todos parecen llegar a una misma conclusión: la tecnología sirve para reaccionar ante los problemas, pero también puede ayudarnos a preverlos.
La reflexión también se relaciona con el trabajo académico alrededor de la innovación ambiental, agua y energía, campos en los que la investigación permite explorar nuevas maneras de responder a los desafíos ambientales.
La información puede ayudar a anticipar las crisis
Quizás uno de los ejemplos más relevantes sea el uso de imágenes satelitales y sistemas de monitoreo ambiental para analizar el comportamiento de ecosistemas estratégicos y fuentes hídricas. Gracias a estas herramientas es posible identificar cambios en la cobertura vegetal, detectar tendencias a largo plazo y comprender mejor lo que ocurre en territorios fundamentales para el abastecimiento de agua.
La importancia de estas tecnologías está en que generan información, pero además permiten tomar decisiones antes de que los problemas se conviertan en emergencias. En un país que enfrenta períodos de sequía cada vez más intensos y fenómenos climáticos más impredecibles, la capacidad de anticiparse puede ser tan importante como construir nueva infraestructura.
Ese mismo principio se repite en otros ámbitos.
Las soluciones tecnológicas ya existen
Las investigaciones que recopilé muestran avances en tecnologías solares más eficientes, alternativas para aprovechar residuos y convertirlos en nuevos recursos, sistemas energéticos de menor impacto ambiental y herramientas que facilitan una gestión más inteligente del agua y la energía.
Lo interesante es que ninguna de estas soluciones pertenece a un futuro lejano. No estamos hablando de proyectos de ciencia ficción. Son desarrollos que ya existen, que continúan perfeccionándose y que podrían contribuir a enfrentar algunos de los desafíos que ciudades, empresas y comunidades viven hoy.
Por eso considero que la verdadera pregunta es si seremos capaces de incorporar las tecnologías con la velocidad que exige la realidad. La próxima crisis hídrica, energética o ambiental no nos encontrará sin información, sino que muy posiblemente nos encontrará con más datos, más conocimiento y más herramientas que nunca. El riesgo es que sigamos tomándolas en serio solo cuando la emergencia ya haya llegado.
Tal vez ahí esté uno de los grandes retos de esta década: no esperar a que los impactos nos obliguen a actuar, sino aprender a utilizar la tecnología para adelantarnos a ellos.
La diferencia entre los territorios que logren adaptarse y aquellos que sigan reaccionando podría estar en qué tan temprano entendieron que el futuro se puede prever mejor de lo que creemos y en qué tan rápido decidieron actuar en consecuencia.
Imagen: ENTER.CO / Generada con IA (ChatGPT)