La periodista y escritora habló con ENTER.CO sobre la investigación que dio origen a Los nuestros, un libro de 228 páginas que reconstruye historias de falsos positivos en Colombia. También contó por qué decidió recuperar sus antiguas libretas, casetes y documentos para escribirlo.
Hace veinte años, cuando Catalina Oquendo trabajaba como corresponsal de El Tiempo, conoció información sobre 29 casos de falsos positivos. Era una joven reportera que ejercía el periodismo desde las regiones, una experiencia que todavía reivindica por la cercanía que permite tener con las personas y sus historias.
Aquellos primeros casos fueron el comienzo de una investigación que la acompañó durante dos décadas y que hoy está recogida en Los nuestros, un libro de 228 páginas.
En entrevista con ENTER.CO, Oquendo cuenta que durante mucho tiempo no pensó necesariamente en escribir un libro. Lo que se preguntaba era “¿qué más puedo hacer con esto?”.
Había conocido las primeras denuncias, entrevistado personas y seguido investigaciones judiciales. Sin embargo, las cifras continuaron creciendo. “¿Cómo es posible que hayamos denunciado 29 casos y hayan terminado siendo 7.837?”, se pregunta al recordar la dimensión que alcanzaron los hechos.
La decisión de escribir llegó cuando comenzó a encontrar expresiones de negacionismo, incluso después de que militares involucrados reconocieran los falsos positivos.
“Yo sentí que había que hacerle como un homenaje a esas víctimas, por lo menos que quedara como memoria”, explica.
Para reunir veinte años de información en 228 páginas tuvo que seleccionar historias y dejar otras por fuera. Privilegió aquellas que había conocido directamente, mediante entrevistas, visitas y trabajo de campo. La documentación acumulada durante esos años le permitió confirmar y volver a comprobar los hechos.
“Los expedientes judiciales son muy mal escritos, pero son una mina de historias humanas, de decisiones personales que cambian la vida de las personas”, señala.
Aunque se trata de un trabajo periodístico, Oquendo no quería escribir un informe ni una tesis. Buscaba una narración que permitiera acercar estas historias a lectores que no conocieran el tema.
“Yo siempre quise que el libro no fuera como un compendio tipo tesis ni informe”, recuerda.
Por eso eligió una estructura cercana a la novela negra. “Colombia a veces parece una novela negra, tiene corrupción, tiene abuso de poder, tiene violencia, tiene tensión”.
La historia de los hermanos Montes se convirtió en el hilo conductor del libro. Según explica, le permitía mostrar cómo funcionaba desde adentro lo que denomina “la máquina del horror” dentro del Ejército, los intentos de mentir en los expedientes y las personas que trataron de resistirse.
También le interesaba que no fuera una historia de buenos y malos. “Ese muchacho pudo haber tomado la decisión equivocada y hubiera estado, digamos, del otro lado”, comenta sobre uno de los protagonistas.
A partir de esa historia incorporó otros casos y momentos que considera fundamentales para comprender lo ocurrido, entre ellos la lucha de las Madres de Soacha.
“Si no es gracias a ellas, nosotros estaríamos todavía sumando casos”, afirma al explicar la importancia que tuvieron estas mujeres para que las denuncias comenzaran a reconocerse como parte de un fenómeno nacional.
El rigor en la comprobación de los hechos fue una de sus principales preocupaciones. Asegura que incluso verificó cómo estaba la luna en una de las fechas mencionadas en el relato.
Y aunque durante esos veinte años aparecieron nuevas herramientas tecnológicas, Oquendo decidió trabajar de una manera tradicional.
“También era una reivindicación de la libreta, del casete, del fax, de los documentos de hace muchos años”, explica.
Para escribir volvió a sus antiguas libretas, consultó archivos de periódicos y revistas y recuperó documentos que había conservado durante años. “No quería que estuviera atravesado por la tecnología”, señala sobre su proceso de escritura.
Sin embargo, sí utilizó recursos digitales para comprobar información. Entre ellos, Relati, una plataforma de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) en la que consultó documentos judiciales, sentencias y procesos.
Esto le permitió “verificar que cada dato que yo pusiera estuviera soportado ahí”.
El cierre del libro también estuvo acompañado de una coincidencia. El 29 de abril de 2026, exactamente 19 años después del asesinato de Leonardo Montes, se realizó una audiencia ante la JEP en la que se ofreció perdón a Luis Esteban Montes.
Oquendo aclara que no planeó esa fecha. “Fue absoluto producto del azar”, asegura. El manuscrito ya estaba terminado cuando ocurrió la audiencia, que confirmó aspectos de su investigación.
Cuando comenzó a escribir, pensaba que Los nuestros sería principalmente un libro para preservar la memoria y enfrentar el negacionismo. Ahora considera que también puede servir como advertencia.
“Yo cuando me senté a escribir pensé que iba a ser un libro para la memoria”, recuerda. Pero hoy le preocupa lo que describe como una tendencia a contar y exhibir cuerpos y a reducir a las personas a cifras.
También considera necesario recuperar la confianza en las instituciones y cuestionar la indiferencia de la sociedad frente a las víctimas.
El título, explica, busca precisamente cuestionar esa distancia que suele establecerse entre unos y otros, como si algunas personas fueran ajenas a nuestra sociedad.
Después de veinte años de investigación, Oquendo espera que el libro permita reconocer las condiciones que hicieron posibles estos hechos y reflexionar sobre la necesidad de que no vuelvan a ocurrir.
“Estamos transitando otro momento muy difícil del país, pero hay cosas tolerables y esto no es tolerable”, concluye.
Foto: Laura Morales Penguin Random House