Tu IA ya no solo te responde, ahora puede responder tus mensajes y comprar por ti ¿Qué puede salir mal?

Robot psicólogo

Si una inteligencia artificial pudiera hacer por ti una compra, reservar una cita, pagar un peaje o recuperar un objeto que olvidaste en un hotel, ¿le darías permiso para hacerlo mientras duermes?

Esa es la apuesta detrás de los nuevos agentes de inteligencia artificial. Ya no están diseñados únicamente para responder preguntas o generar contenido. Ahora pueden recibir una instrucción, entrar en diferentes servicios digitales y completar tareas por su cuenta.

Instinct es uno de los ejemplos que está llevando esta idea a otro nivel. El asistente puede conectarse con servicios que una persona utiliza todos los días y ejecutar acciones en su nombre. Según testimonios publicados por usuarios en X, algunas personas ya lo han utilizado para pagar peajes, reservar citas e incluso negociar precios con vendedores mientras no estaban pendientes del proceso.

Un reporte de The Atlantic  asegura que otro usuario contó que recurrió al servicio para solucionar un problema bastante más cotidiano: había olvidado un Apple Pencil en un hotel de Montreal y utilizó Instinct para gestionar el envío del objeto hasta su casa en Brooklyn.

Son ejemplos que muestran por qué estos sistemas pueden resultar atractivos. En lugar de tener que entrar a una aplicación, buscar una opción, llenar formularios y confirmar cada paso, puedes darle una instrucción y dejar que la IA se encargue del proceso.

Pero ahí mismo aparece la parte que merece más atención.

Cuando la IA deja de aconsejarte

Piensa en la diferencia entre preguntarle a una IA qué ingredientes necesitas para preparar una quiche Lorraine y decirle que haga el mercado por ti.

En el primer caso, tú recibes información y decides qué comprar. En el segundo, el agente necesita entrar a una plataforma de compras, seleccionar productos y, dependiendo de los permisos que tenga, completar la transacción.

Ese salto cambia el riesgo.

Una IA puede interpretar de manera diferente una instrucción ambigua. Si le dices que quieres “los ingredientes más baratos”, por ejemplo, tendrá que decidir qué productos cumplen esa condición. Puede elegir otra marca, una presentación distinta o un producto que no era el que tenías en mente.

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El problema deja de ser simplemente que la IA te haya dado una respuesta incorrecta. Ahora puede haber una acción concreta detrás de esa equivocación.

Y eso se vuelve todavía más delicado cuando el agente tiene acceso a información sensible.

Instinct puede conectarse con herramientas como Slack, Google Workspace y 1Password, además de servicios relacionados con pagos. Esto permite que el asistente tenga una visión mucho más amplia de la actividad digital de una persona.

La comodidad es evidente: menos aplicaciones abiertas, menos formularios y menos pasos manuales.

El costo potencial es que una herramienta tenga autorización para hacer muchas cosas en tu nombre.

¿Qué pasa si le das acceso a tu tarjeta?

Aquí está una de las diferencias fundamentales entre un chatbot tradicional y un agente de IA.

Si le preguntas a un chatbot qué vuelo deberías comprar y te recomienda uno equivocado, todavía tienes la oportunidad de revisar la información antes de pagar.

Si un agente puede entrar a una plataforma, elegir el vuelo y utilizar un método de pago autorizado, el margen entre una recomendación y una decisión se reduce considerablemente.

Por eso, antes de conectar una IA con tus cuentas conviene revisar qué información puede consultar, qué acciones puede realizar y cuáles necesitan tu autorización explícita.

También importa qué ocurre cuando una orden no es suficientemente precisa. Frases que para una persona tienen un contexto evidente pueden obligar a un sistema automático a tomar decisiones por su cuenta.

El crecimiento de Instinct refleja precisamente el interés que existe por esta nueva generación de asistentes. La compañía fue fundada por Noah Shinn, de 23 años, y lanzó su producto inicialmente para un grupo reducido de usuarios. Desde entonces, la startup ha crecido rápidamente y estaría buscando US$1.000 millones en nueva financiación, en una operación que podría llevar su valoración hasta los US$10.000 millones.

La cifra ayuda a entender el interés empresarial por los agentes de IA, pero para los usuarios hay una pregunta más inmediata.

¿Cuánto control estás dispuesto a ceder a una inteligencia artificial a cambio de que haga las tareas por ti?

Porque una IA que solamente conversa contigo puede equivocarse.

Una IA que tiene permiso para actuar en tu nombre puede hacer algo mucho más difícil de deshacer.

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Digna Irene Urrea

Comunicadora social y periodista apasionada por las buenas historias, el periodismo literario y el lenguaje audiovisual. Aficionada a la tecnología y la ciencia. Email: [email protected]

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