La misión Artemis II llegó a su momento más esperado. Tras diez días de viaje y un recorrido de más de un millón de kilómetros, la nave Orión de la NASA amerizó con éxito en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, marcando el regreso seguro de cuatro astronautas que protagonizaron el primer sobrevuelo lunar tripulado en más de medio siglo.
A bordo viajaban Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, quienes completaron una misión que reabre el camino de la exploración humana más allá de la órbita terrestre baja.
El amerizaje ocurrió a las 20:07 (hora del este de EE. UU.), luego de una secuencia milimétricamente calculada. Minutos antes, la cápsula se separó de su módulo de servicio y se preparó para enfrentar temperaturas cercanas a los 1.650 °C durante el reingreso. La nave alcanzó velocidades cercanas a 35 veces la del sonido antes de desplegar sus paracaídas y reducir progresivamente su descenso hasta tocar el agua a unos 32 km/h.
Durante varios minutos críticos, la comunicación con la tripulación se interrumpió debido al plasma generado por la fricción atmosférica, un fenómeno esperado pero siempre tenso para los equipos en tierra. Superado ese punto, la confirmación del amerizaje desató aplausos en el Centro de Control de Misión en Houston.
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La fase final del viaje comenzó horas antes, con una última maniobra de corrección de trayectoria que ajustó el rumbo de la cápsula hacia su punto de aterrizaje. Al despertar ese día, los astronautas se encontraban a más de 98.000 kilómetros de la Tierra, afinando los últimos detalles de un regreso que combinó precisión técnica y resistencia humana.
Equipos conjuntos de la NASA y del ejército estadounidense ejecutaron el operativo de recuperación. La cápsula fue asegurada en el agua, mientras los astronautas eran extraídos y trasladados en helicóptero hacia el buque USS John P. Murtha, donde iniciaron evaluaciones médicas tras su exposición al entorno del espacio profundo.
El regreso de Artemis II no es solo el cierre de una misión, sino la validación de tecnologías y procedimientos clave para futuras expediciones. Durante el vuelo, la tripulación probó sistemas de navegación, soporte vital y operaciones manuales en condiciones reales, información fundamental para los próximos pasos del programa Artemis.
La misión, lanzada el pasado 1 de abril desde Florida, representa el retorno de humanos a las cercanías de la Luna desde la era del programa Apolo. Su éxito consolida el objetivo de establecer una presencia sostenida en el espacio profundo y prepara el terreno para Artemis III, que buscará llevar nuevamente astronautas a la superficie lunar.
Con este amerizaje, la humanidad no solo completa un viaje, sino que vuelve a mirar a la Luna como destino cercano.