Desde el 29 de diciembre, los coches con caballos dejan de circular en el Centro Histórico de Cartagena. La decisión, respaldada por el Decreto 2296 de 2025, marca el cierre de una práctica tradicional y abre una nueva etapa en la movilidad turística de la ciudad, ahora basada en vehículos eléctricos y control tecnológico.
El cambio no responde únicamente a la protección animal. También refleja una discusión más amplia sobre cómo las ciudades patrimoniales están obligadas a adaptarse a nuevas formas de turismo, con mayores exigencias ambientales, digitales y de orden urbano.
Los carruajes tradicionales serán reemplazados por un número limitado de coches eléctricos. El Distrito autorizó solo 62 unidades, la misma cantidad de vehículos de tracción animal que operaban hasta ahora. No se otorgarán nuevas licencias, una decisión que busca evitar la saturación del Centro Histórico y mantener el control del flujo turístico.
A diferencia del modelo anterior, el nuevo sistema funciona bajo una lógica completamente digital. Cada carroza eléctrica incorpora GPS, lo que permite hacer seguimiento en tiempo real a las rutas, los horarios y el cumplimiento de las normas. El transporte turístico deja de depender exclusivamente del control en calle y pasa a apoyarse en datos.
La infraestructura energética también cambia el panorama. Cartagena instaló una estación de intercambio de baterías con carga solar, diseñada para que la operación de los coches eléctricos sea carbono neutra. El uso de energía limpia se convierte así en un componente central del nuevo modelo turístico.
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La digitalización alcanza también el cobro del servicio. Las carrozas estarán equipadas con terminales POS y sistemas de facturación electrónica, una medida que apunta a formalizar la actividad y a facilitar la supervisión de tarifas y recaudos, tanto para el Distrito como para los usuarios.
En el plano social, la transición busca mantener a los actores tradicionales dentro del sistema. Los cocheros actuales podrán operar los vehículos eléctricos luego de procesos de capacitación. Sin embargo, no serán propietarios de las carrozas, que seguirán en manos del Distrito, una fórmula pensada para evitar la concentración del negocio.
El destino de los caballos sigue siendo uno de los puntos más observados. Aunque el decreto se enfoca en movilidad, la prohibición responde a años de cuestionamientos sobre el trato a los animales. El impacto real dependerá de que se cumplan los programas de protección, cuidado y reubicación anunciados por la administración local.
Más allá de lo inmediato, Cartagena ensaya un modelo que combina movilidad eléctrica, energía renovable y supervisión digital en uno de los entornos urbanos más sensibles del país. El reto será sostener el sistema en el tiempo y demostrar que la tecnología puede mejorar la experiencia turística sin desdibujar el carácter histórico de la ciudad.
Imagen:viajero1116