Escribir código sigue siendo una de las bases del desarrollo de software, pero las empresas necesitan profesionales capaces de trabajar con otras personas, entender problemas, explicar sus decisiones y adaptarse cuando las herramientas cambian.
El Future of Jobs Report 2025, elaborado por el World Economic Forum a partir de las respuestas de más de 1.000 empleadores que representan a más de 14 millones de trabajadores, muestra precisamente ese cambio. Entre las principales habilidades que las compañías consideran necesarias están la resiliencia, flexibilidad y agilidad, señaladas por el 67% de los empleadores; el liderazgo y la influencia social, con 61%; y la empatía y escucha activa, con 50%.
El dato resulta especialmente relevante para el sector tecnológico. En el mismo listado, la alfabetización tecnológica aparece con 51%, mientras que programación alcanza el 17%. Esto no significa que programar haya dejado de ser importante. El propio informe señala que las competencias tecnológicas, especialmente inteligencia artificial, datos, ciberseguridad y alfabetización tecnológica, están entre las que más crecerán hacia 2030. La diferencia está en que las capacidades técnicas conviven cada vez más con habilidades relacionadas con la interacción humana.
El código es solo una parte del trabajo
Un desarrollador rara vez trabaja aislado frente a una pantalla. En un proyecto real debe conversar con diseñadores, líderes de producto, clientes y otros desarrolladores; explicar por qué una solución puede funcionar o qué problema presenta; recibir críticas sobre su código y modificar una propuesta cuando cambian las necesidades del proyecto.
Un estudio académico que analizó 20.000 ofertas de empleo de empresas de tecnología encontró que, además de los conocimientos técnicos, comunicación, colaboración y resolución de problemas estaban entre las habilidades blandas más solicitadas para los desarrolladores.
La transformación también está relacionada con la inteligencia artificial. Las herramientas de IA pueden asumir parte de las tareas de generación de código, pero eso no elimina la necesidad de que el profesional comprenda el problema que intenta resolver, evalúe las respuestas de una herramienta y pueda discutir sus decisiones con el resto del equipo.
La encuesta de Stack Overflow a más de 49.000 personas en 2025 muestra hasta qué punto la IA ya forma parte del trabajo de desarrollo. El estudio también encontró que solo el 17% de quienes utilizan agentes de IA considera que estas herramientas han mejorado la colaboración dentro de su equipo, el porcentaje más bajo entre los impactos evaluados.
Por eso, comunicación y trabajo en equipo no son habilidades accesorias. Un profesional puede tener conocimientos técnicos sólidos y, aun así, necesitar desarrollar la capacidad de escuchar, explicar, negociar prioridades y trabajar con personas que tienen conocimientos diferentes.
La adaptación también gana importancia. El World Economic Forum calcula que, entre 2025 y 2030, cerca del 39% de las habilidades actuales de los trabajadores cambiarán o quedarán obsoletas. La resiliencia, flexibilidad y agilidad están entre las capacidades que más importancia están ganando.
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En Colombia, el desafío también está presente. El informe señala que el 65% de las empresas que operan en el país identifica las brechas de habilidades como una de las principales barreras para la transformación.
Esto pone la formación profesional ante una pregunta que va más allá de aprender un lenguaje de programación: ¿cómo preparar a una persona para desenvolverse en un equipo real?
Ese es uno de los aspectos que incorpora la metodología de Holberton Coderise, que combina formación por cohortes, proyectos e interacción entre pares. Su modelo plantea el aprendizaje colaborativo como parte del proceso y utiliza proyectos prácticos para acercar la formación a situaciones similares a las que enfrenta un profesional en el trabajo.
La propuesta incluye además aprendizaje entre pares, resolución de problemas, creatividad y comunicación, competencias que se desarrollan mientras los participantes trabajan en proyectos y enfrentan retos técnicos.
El cambio que vive el desarrollo de software no elimina la importancia del código. La amplía. A medida que las herramientas automatizan determinadas tareas técnicas, gana relevancia la capacidad de entender qué problema vale la pena resolver, comunicarse con quienes participan en el proyecto y tomar decisiones cuando la respuesta no está escrita en ninguna línea de código.
Para un desarrollador, saber programar puede abrir la puerta. Saber comunicar, colaborar, aprender y adaptarse puede determinar cómo se desenvuelve una vez que está dentro del equipo.