Opinión | Inteligencia artificial en Colombia: la oportunidad económica del país

Por: Andrés Rengifo, Director de Asuntos Corporativos y Externos de Microsoft Latinoamérica

Cada cierto tiempo aparece una tecnología capaz de cambiar no solo la forma en que trabajan las empresas, sino también la manera en que los países producen, compiten y generan oportunidades. La inteligencia artificial (IA) pertenece a ese grupo. En Colombia, su alcance va más allá de automatizar tareas o acelerar decisiones empresariales. Su verdadero potencial está en otra escala: convertirse en una nueva infraestructura económica para el crecimiento.

Esa discusión ya no pertenece al futuro. La IA se está difundiendo a una velocidad inédita. En apenas tres años superó los mil millones de usuarios en todo el mundo y, de acuerdo con el más reciente informe del Microsoft AI Economy Institute, su adopción siguió creciendo durante el primer trimestre de 2026.

Su apropiación ya empieza a marcar diferencias entre economías. Los países que logren integrarla de manera amplia, responsable y productiva estarán en mejor posición para impulsar un mayor crecimiento económico y generar prosperidad. En cambio, aquellos que la traten como una conversación marginal corren el riesgo de ampliar sus rezagos.

Para Colombia, esta representa una oportunidad significativa. El país ocupa el segundo lugar en Sudamérica en el uso de herramientas de IA generativa, con una adopción del 24,5 % entre la población en edad laboral durante el primer trimestre de 2026.

Ese punto de partida demuestra que ya existe una base social, empresarial y tecnológica sobre la cual construir. Pero también plantea una pregunta de fondo: ¿vamos a permitir que esa adopción avance de manera dispersa y desigual, o vamos a convertirla en una estrategia deliberada de desarrollo? La diferencia entre ambas rutas puede definir buena parte de la competitividad del país durante los próximos años.

La inteligencia artificial en Colombia: de la adopción tecnológica a una estrategia nacional de desarrollo

Colombia lleva décadas hablando de productividad, cierre de brechas territoriales, modernización del Estado, calidad educativa e innovación. Muchas veces esas discusiones avanzan por caminos separados. La IA ofrece la posibilidad de articular varios de esos desafíos bajo una misma agenda de transformación. No porque la tecnología resuelva, por sí sola, problemas estructurales. Esa sería una lectura ingenua. Pero sí porque puede ayudar a intervenirlos con más información, más precisión y mayor escala.

En el sector productivo, su impacto puede sentirse en industrias muy distintas. En agricultura, puede apoyar la predicción climática, el monitoreo de cultivos y el uso más eficiente del agua. En salud, puede fortalecer los diagnósticos, la gestión hospitalaria, la prevención y la telemedicina en regiones apartadas. En energía, puede mejorar la predicción de la demanda, optimizar las redes e integrar fuentes renovables. También puede transformar los servicios financieros, la logística, la manufactura, la educación, el turismo, la seguridad, la gestión del riesgo y la protección de la biodiversidad.

Esa transversalidad confirma que la IA no pertenece a un solo sector. Su valor está precisamente en que puede convertirse en una capacidad nacional. Por eso, la pregunta estratégica no es cuántas empresas la están usando, sino cuántos sectores pueden transformarse gracias a ella y qué condiciones se necesitan para que ese valor llegue también a las pymes, las regiones y los ciudadanos que suelen quedar lejos de las grandes olas tecnológicas.

El Estado y la infraestructura como pilares de la transformación

El Estado es otro frente decisivo. Colombia puede seguir avanzando hacia una administración pública más ágil, interoperable y cercana al ciudadano. La IA puede ayudar a focalizar mejor los programas sociales, detectar pobreza multidimensional, simplificar trámites, mejorar la toma de decisiones y elevar la calidad de los servicios públicos.

En un país donde aún persisten ineficiencias en la relación entre el ciudadano y el Estado, modernizar la gestión pública es una condición para recuperar legitimidad.

Pero esa transformación exige bases sólidas. La IA requiere conectividad, nube o capacidad computacional distribuida, datos de calidad, energía sostenible, ciberseguridad, talento digital y reglas claras. También necesita confianza. Su adopción debe proteger derechos, evitar sesgos, garantizar transparencia y responder a problemas concretos. Innovar sin gobernanza puede producir riesgos; regular sin visión puede frenar oportunidades. Colombia necesita ambas cosas: ambición y responsabilidad.

Talento y estrategia nacional para competir en la economía de la IA

El tercer frente es el talento. Ningún país se convierte en líder de la economía del conocimiento solo por tener acceso a herramientas. Lo hace cuando forma personas capaces de usarlas, adaptarlas y crear valor con ellas. Por eso, la alfabetización en IA debe convertirse en una competencia ciudadana, laboral y productiva.

Colombia no es espectadora. Tiene adopción, talento joven, sectores con potencial y un ecosistema digital en crecimiento. Pero el liderazgo no está garantizado. Para alcanzarlo, necesita una estrategia nacional de IA con enfoque multisectorial, inversión en infraestructura, formación masiva, gobernanza responsable, incentivos a la innovación y casos de uso con resultados medibles.

La IA ya está llegando al país. La decisión pendiente es si Colombia será capaz de convertir esa adopción en una estrategia de desarrollo. En los próximos años, esa diferencia puede marcar el lugar que ocupemos en la nueva economía global.

Imagen: Microsoft / Edición con IA (ChatGPT)

Colaboradores ENTER.CO

Muchos periodistas y blogueros de Colombia, Latinoamérica y España colaboran esporádicamente con ENTER.CO, aportando su conocimiento y puntos de vista frente al acontecer tecnológico y de Internet.

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