Johan Sebastian Guerrero: el error tecnológico detrás de su muerte

La intersección entre el Big Data y la fuerza letal acaba de cobrar la vida de un colombiano. El pasado 13 de julio de 2026, Johan Sebastian Guerrero, un bumangués de 26 años, fue asesinado a tiros en Maine, Estados Unidos, durante un operativo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La tragedia ocurrió frente a su hija de tres años.

Horas después, el gobierno estadounidense admitió lo impensable: Johan no era el objetivo del operativo. Tenía permiso de trabajo, un número de Seguro Social válido y ninguna orden de deportación.

¿Cómo termina un comando táctico federal interceptando el vehículo equivocado y disparando contra un civil inocente? La respuesta no estaría únicamente en un error humano, sino también en una arquitectura de vigilancia predictiva, algoritmos de rastreo y bases de datos automatizadas financiadas por gigantes de Silicon Valley. Lo relevante es que tecnologías de este tipo también hacen parte del debate sobre seguridad e inteligencia que hoy se desarrolla en Colombia.

¿Cómo ocurrió la muerte de Johan Sebastian Guerrero durante un operativo de ICE?

El operativo contra Guerrero no comenzó con un detective en la calle, sino con una alerta en un tablero de software. ICE opera lo que defensores de la privacidad denominan una “máquina de deportación”: un ecosistema que automatiza la búsqueda de inmigrantes mediante el cruce de miles de millones de puntos de datos.

En este caso, la cadena de errores tecnológicos apunta a tres vectores principales:

Puntajes de confianza geográfica (Palantir). ICE utiliza sistemas como ELITE (Enhanced Leads Identification & Targeting for Enforcement) o ImmigrationOS, desarrollados por Palantir Technologies, para asignar una calificación de probabilidad a las direcciones físicas. Si un objetivo de deportación utilizó una dirección en el pasado o un broker de datos relacionó erróneamente un recibo de servicios públicos con ese inmueble, el algoritmo puede etiquetar la vivienda como una “zona de alto valor”. Cualquier persona que salga de allí, como ocurrió con Johan, hereda automáticamente la presunción de culpabilidad algorítmica.

Datos erróneos de los data brokers. Empresas como LexisNexis y Thomson Reuters venden a ICE perfiles construidos con registros públicos y privados sin necesidad de una orden judicial. En bases de datos de semejante tamaño, los falsos positivos derivados de homónimos, direcciones desactualizadas o registros incorrectos son frecuentes.

Cámaras LPR de “gatillo fácil” (Flock Safety). Las redes de cámaras de lectura automática de placas (ALPR), apoyadas en inteligencia artificial, rastrean el movimiento vehicular en tiempo real. Cuando los agentes vigilan un punto identificado como prioritario por el software, puede presentarse el llamado sesgo de automatización: asumir que el vehículo que abandona el lugar corresponde al objetivo buscado, desencadenando una intervención táctica antes de verificar la identidad del conductor mediante otros mecanismos, como el reconocimiento facial.

Silicon Valley y las empresas detrás de la tecnología de ICE

Detrás de este ecosistema no solo hay agencias gubernamentales, sino también algunas de las firmas de capital de riesgo más influyentes del mundo. Las herramientas utilizadas por ICE cuentan con el respaldo de inversionistas que han convertido la vigilancia fronteriza, la seguridad y la inteligencia artificial en un negocio multimillonario.

Founders Fund (Peter Thiel). El fondo del empresario Peter Thiel es uno de los principales inversionistas de la tecnología de defensa estadounidense. Ha financiado compañías como Palantir, Flock Safety, Anduril y fue uno de los primeros en respaldar a Clearview AI, especializada en reconocimiento facial.

Andreessen Horowitz (a16z). Bajo su estrategia de “American Dynamism”, a16z ha invertido cientos de millones de dólares en startups que desarrollan tecnología para seguridad nacional, defensa e infraestructura gubernamental, entre ellas Anduril y Flock Safety.

Capital de riesgo global y private equity. Firmas como AE Industrial Partners, propietarios de Paragon Solutions —empresa dedicada al desarrollo de software de espionaje telefónico utilizado por ICE—, también participan en un mercado que mueve miles de millones de dólares alrededor de la vigilancia fronteriza y urbana.

Colombia también estudia este tipo de tecnología

La ironía del caso de Johan Sebastian Guerrero es que el mismo ecosistema tecnológico que hoy está bajo escrutinio en Estados Unidos también ha entrado en la discusión pública en Colombia.

El presidente electo, Abelardo De la Espriella, ha puesto en el centro del debate la posibilidad de contratar los servicios de Palantir Technologies para centralizar las bases de datos ciudadanas, gestionar la seguridad nacional y combatir el crimen mediante herramientas de inteligencia artificial y Big Data. La propuesta ha reabierto la discusión sobre los beneficios y riesgos de entregar parte de la infraestructura de datos del Estado a plataformas relacionadas con inteligencia extranjera.

Además, las instituciones colombianas ya utilizan herramientas pertenecientes a este ecosistema tecnológico. La Fiscalía General de la Nación, a través de su Grupo de Informática Forense, emplea activamente la tecnología de Cellebrite para la extracción de información contenida en dispositivos móviles dentro de investigaciones criminales. Se trata de otra de las herramientas utilizadas por ICE en sus procesos investigativos.

Un debate que Colombia no puede aplazar

El asesinato de Johan Sebastian Guerrero no puede analizarse únicamente como un caso de brutalidad policial. También abre la discusión sobre los riesgos de los falsos positivos algorítmicos. Cuando la inteligencia artificial participa en tareas de investigación, perfilamiento y priorización de objetivos, los errores de los sistemas automatizados pueden traducirse en decisiones con consecuencias irreversibles.

Mientras Colombia debate la incorporación de soluciones de inteligencia artificial desarrolladas en Silicon Valley para fortalecer la seguridad, la muerte de este bumangués en las calles de Maine debería servir como una advertencia: delegar parte de la toma de decisiones en algoritmos y brokers de datos exige mecanismos de supervisión, transparencia y rendición de cuentas. La pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿qué controles deben existir cuando estas tecnologías participan en decisiones que pueden comprometer la vida de una persona?

Imagen: Generada por ENTER.CO con IA (ChatGPT)

Redacción ENTER.CO

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