¿Puede una región competir en inteligencia artificial cuando la adopción apenas supera el 24% en países como Colombia? La pregunta no es menor si se tiene en cuenta que empresas, gobiernos y expertos siguen avanzando a ritmos distintos.
ENTER.CO conversó con Ángela María Vélez, directora en Colombia del Centro Internacional para la Empresa Privada (CIPE), durante el encuentro “IA en América Latina: el rol de las empresas en su gobernanza”, realizado en la Cámara de Comercio de Bogotá. La charla permitió aterrizar los retos reales que enfrenta la región y el papel que están jugando las empresas en medio de ese proceso.
Más de 60 expertos participaron en la construcción de una hoja de ruta regional que busca acelerar el uso de la inteligencia artificial, con énfasis en las MiPymes. El documento propone acciones en regulación, capacitación, cooperación y financiamiento, con una primera fase de ejecución entre 12 y 18 meses.
Vélez detalla qué está frenando la adopción, por qué existe una desconexión entre sectores y qué tendría que pasar para que esta iniciativa no termine archivada.
¿Qué es CIPE y por qué lideran esta iniciativa sobre IA?
Somos una organización no gubernamental de Estados Unidos que trabaja en más de 80 países promoviendo el desarrollo del sector privado como motor de la democracia.
Desde esa experiencia entendimos que la economía digital representa una oportunidad enorme para la productividad, pero también trae desafíos, especialmente con la velocidad a la que avanza la inteligencia artificial.
A partir de una encuesta del Centro Nacional de Consultoría en Colombia, Chile y Perú identificamos barreras de adopción y luego reunimos a expertos del sector privado, gobierno, academia y gremios para definir en qué debía enfocarse la gobernanza de la IA.
De ahí surgieron prioridades como regulación y autorregulación, capacitación y cooperación entre lo público y lo privado, que hoy se recogen en esta hoja de ruta.
¿Cómo ha sido el comportamiento del sector empresarial en estos cuatro años y qué relación ha tenido con la democracia?
El sector privado en Colombia ha demostrado ser resiliente. A pesar de las condiciones del país, las empresas siguen operando, invirtiendo y buscando crecer.
Sin embargo, sí hay una preocupación: se ha generado un distanciamiento entre el gobierno y el sector privado. Eso es delicado porque son las empresas las que impulsan el desarrollo económico.
Hemos visto que algunas inversiones, sobre todo en sectores estratégicos como energía y petróleo, han disminuido. Otros sectores han logrado crecer, pero más por iniciativa propia que por un impulso desde lo público.
Lo que se mantiene es ese empuje del empresario colombiano, esa capacidad de adaptarse y seguir adelante incluso cuando el entorno no es favorable.
La región sigue rezagada en IA. ¿Qué garantiza que esta hoja de ruta no se quede en un documento?
El riesgo existe y somos conscientes. Por eso la apuesta no es solo técnica, sino de ejecución.
Hoy América Latina avanza de forma fragmentada. Cada país trabaja por su lado, mientras otras regiones ya tienen estrategias consolidadas. Eso nos deja en desventaja.
La hoja de ruta propone crear una plataforma regional del sector privado y un espacio permanente de diálogo que permita definir acciones concretas en regulación, cooperación y desarrollo.
Además, ya hay recursos destinados para impulsar su implementación y la idea es sumar más países como Uruguay y Costa Rica para ampliar el alcance.
¿Qué está fallando en la adopción de IA dentro de las empresas?
Hay una brecha de conocimiento importante. Tener acceso a internet no significa saber usar inteligencia artificial de forma estratégica.
Muchos la ven como una tendencia o una herramienta para tareas básicas, pero no como un recurso que puede mejorar la productividad o transformar procesos.
A eso se suma el miedo. Los empresarios tienen dudas sobre la seguridad: temen fraudes, pérdida de información o hackeos.
Ese temor no es infundado. Incluso personas entrenadas pueden caer en engaños. Eso hace que muchas empresas prefieran no avanzar.
¿Cómo lograr un equilibrio entre regulación y desarrollo sin frenar la innovación?
El sector privado lleva la delantera en inteligencia artificial. Es quien desarrolla la tecnología, mientras los gobiernos intentan organizarla.
Por eso la regulación no puede ser un obstáculo. Debe construirse con las empresas, entendiendo sus necesidades.
El enfoque debe ser de abajo hacia arriba: primero identificar los desafíos reales del sector productivo y luego definir normas que los atiendan.
Además, la regulación tiene que ser flexible. La IA cambia muy rápido y lo que era válido hace dos años hoy ya no lo es.
¿Es posible construir estándares comunes en América Latina?
Sí, porque compartimos más similitudes que diferencias.
Los países de la región enfrentan retos parecidos y tienen el mismo objetivo: usar la inteligencia artificial para crecer y ser más productivos.
Las diferencias regulatorias existen, pero no son tan profundas como para impedir acuerdos. Eso abre la puerta a construir estándares regionales y avanzar de forma conjunta.
¿Qué resultados deberían verse en el corto plazo?
En un año deberíamos tener claridad sobre en qué temas concentrar los esfuerzos: regulación, capacitación, seguridad y cooperación.
No se trata de tener todas las normas listas, sino de contar con una agenda concreta basada en datos y en lo que realmente necesitan las empresas.
La meta es que las decisiones no salgan de suposiciones, sino de evidencia recogida en la región, para que las acciones tengan impacto en el mediano plazo.