Las ideas sobre inteligencia artificial dejaron de ser un tema exclusivo de laboratorios y empresas tecnológicas. Ahora también se discuten como políticas públicas que podrían cambiar la vida cotidiana. Sam Altman, director de OpenAI, presentó una serie de propuestas pensadas para un futuro en el que sistemas más avanzados que los humanos —lo que denomina “superinteligencia”— formen parte de la economía.
El planteamiento parte de un punto concreto: si la inteligencia artificial aumenta la productividad de las empresas, también transformará el empleo y las fuentes de ingresos de los gobiernos. Frente a eso, la compañía sugiere medidas para que los beneficios no se queden solo en las grandes tecnológicas.
Una de las principales ideas es crear un sistema en el que las empresas que obtengan grandes ganancias gracias a la automatización contribuyan más. Esto incluiría mayores impuestos a corporaciones y a ingresos derivados del capital, así como la posibilidad de gravar a compañías que reemplacen trabajadores con sistemas automatizados.
Para las personas, esto podría traducirse en nuevas formas de recibir ingresos. Entre las propuestas aparece la creación de un fondo público de inversión en inteligencia artificial, inspirado en modelos como el de Alaska, que repartiría rendimientos periódicos entre la población. En la práctica, sería una forma de redistribuir parte de las ganancias generadas por esta tecnología.
Menos horas de trabajo y nuevas formas de ingreso
El documento también aborda cómo cambiaría la vida laboral. OpenAI plantea que las empresas puedan probar semanas laborales más cortas sin reducir salarios, apoyadas en el aumento de productividad que permitiría la inteligencia artificial.
Además, propone fortalecer programas como el seguro de desempleo y ampliar beneficios como salud y pensiones. Una de las ideas más llamativas es la de “prestaciones transferibles”, que no dependerían de un empleador específico, sino que acompañarían al trabajador a lo largo de su vida laboral.
También se menciona la necesidad de facilitar el acceso a empleos en sectores donde la tecnología no reemplaza fácilmente a las personas, como el cuidado infantil o la atención a adultos mayores. Estas actividades, según la propuesta, deberían tener mayor reconocimiento económico.
Para quienes se preguntan cómo acceder a estos beneficios, el documento señala que muchas de estas medidas dependerían de decisiones gubernamentales. Es decir, no son programas activos aún, sino propuestas que podrían convertirse en políticas públicas. En ese sentido, los ciudadanos tendrían un papel indirecto: participar en el debate, seguir las reformas y acceder a los programas que se creen si llegan a aprobarse.
OpenAI también anunció que abrirá una oficina en Washington para impulsar estas discusiones y financiar investigaciones sobre el impacto social de la inteligencia artificial.
Las propuestas surgen en medio de un debate creciente sobre el futuro del trabajo. A medida que la tecnología avanza, la discusión ya no gira solo en torno a qué puede hacer la inteligencia artificial, sino a cómo se reparten sus beneficios y quién asume sus costos.