El Galaxy S26 y el iPhone 17e lograron algo poco común: hacer que los usuarios vuelvan a comprar celulares

Cambiar de celular ya no es una decisión automática. Hace unos años, renovar smartphone cada 12 o 18 meses era parte del hábito de consumo tecnológico. Hoy, con dispositivos que duran más, actualizaciones de software más prolongadas y precios cada vez más altos, convencer a los usuarios de cambiar de equipo se ha convertido en uno de los mayores retos para fabricantes como Samsung y Apple.

Por eso, las cifras que acaba de revelar Counterpoint Research llaman la atención.

Durante la semana del 8 al 14 de marzo, las ventas de teléfonos inteligentes en Estados Unidos crecieron 24 % frente a la semana anterior y 3 % respecto al mismo periodo del año pasado. El dato podría parecer moderado, pero tiene un mensaje más interesante: todavía hay espacio para entusiasmar al consumidor, siempre que los fabricantes logren ofrecer razones suficientes para actualizarse.

Y eso fue justamente lo que consiguieron el Galaxy S26 y el iPhone 17e.

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Los nuevos lanzamientos de Samsung y Apple, sumados al debut del Google Pixel 10a, impulsaron un mercado que venía mostrando señales de agotamiento. En conjunto, estos equipos ayudaron a que el mercado estadounidense creciera 5 % interanual durante las tres semanas posteriores a su llegada.

Pero detrás del repunte hay algo más que simples cifras.

Lo que muestran estos resultados es un cambio en la lógica de compra.

El consumidor está eligiendo distinto

Samsung fue el gran ganador del trimestre.

La serie Galaxy S26 aumentó sus ventas 29 % frente a la generación anterior durante sus primeras tres semanas. Lo más llamativo es que el modelo Ultra concentró cerca del 71 % de las ventas de toda la familia.

Eso dice mucho sobre cómo están comprando hoy los usuarios.

Durante años, la apuesta de las marcas estuvo en empujar modelos base con especificaciones suficientes para la mayoría. Ahora parece ocurrir lo contrario: quienes deciden renovar están prefiriendo ir por la versión más completa.

La explicación es simple.

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Si cambiar de celular ya no ocurre cada año, muchos consumidores prefieren hacer una inversión mayor y asegurarse un equipo que les dure más tiempo.

Samsung entendió bien ese movimiento.

Funciones como Privacy Display, enfocada en privacidad visual, junto con promociones agresivas de operadores como AT&T y T-Mobile, hicieron del S26 Ultra una oferta difícil de ignorar.

Más que vender especificaciones, Samsung vendió una sensación de valor a largo plazo.

Apple apostó por mejorar sin subir el precio

El caso del iPhone 17e también deja una lectura interesante.

Sus ventas crecieron 15 % frente al iPhone 16e, algo que sorprendió incluso a analistas que esperaban un debut más discreto.

Apple no hizo una revolución.

No rediseñó por completo el dispositivo ni presentó una función capaz de cambiar la industria.

Lo que hizo fue más estratégico: mejorar cámara, procesador, carga y almacenamiento sin alterar el precio.

Ese tipo de movimientos suele conectar mejor con un consumidor que hoy evalúa con más cuidado cada compra.

Las promociones de operadoras terminaron de inclinar la balanza.

El resultado confirma algo que la industria viene aprendiendo a la fuerza: ya no basta con lanzar un teléfono nuevo.

Hay que construir una razón convincente para que el usuario diga “sí, vale la pena cambiar”.

Eso fue lo que lograron Samsung y Apple.

Y en un mercado donde cada vez cuesta más sorprender, ese quizá sea su mayor logro.

Digna Irene Urrea

Comunicadora social y periodista apasionada por las buenas historias, el periodismo literario y el lenguaje audiovisual. Aficionada a la tecnología, la ciencia y la historia.

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