El uso cotidiano de aplicaciones de navegación como Google Maps y Waze está modificando la forma en que las personas se orientan en la ciudad. Un informe del programa de Psicología de la Universidad de San Buenaventura, en Bogotá, advierte que la dependencia constante de estas herramientas puede reducir el uso de la memoria espacial, una capacidad necesaria para ubicarse, recordar rutas y tomar decisiones durante los desplazamientos.
La iniciativa, desarrollada por académicos de la institución, busca alertar sobre cambios en hábitos cotidianos relacionados con la orientación. No se trata de cuestionar el uso de la tecnología, sino de observar qué ocurre cuando deja de ser un apoyo y pasa a reemplazar funciones cognitivas que antes se ejercitaban con mayor frecuencia.
La memoria espacial permite construir representaciones mentales del entorno. Gracias a ella, una persona puede recordar caminos, reconocer referencias y adaptarse cuando hay cambios inesperados, como desvíos o cierres de vías. El informe señala que el uso continuo de indicaciones paso a paso limita ese proceso, ya que facilita llegar al destino, pero no necesariamente comprender o recordar el recorrido.
Entre los hallazgos se identifican comportamientos cada vez más comunes: activar el GPS incluso en trayectos conocidos, dificultad para regresar sin ayuda digital o problemas para explicar cómo llegar a un lugar recién visitado. También se reporta menor atención al entorno, ya que muchos usuarios se concentran en la pantalla y dejan de registrar puntos de referencia como edificios, parques o intersecciones.
Siete señales de alerta en la vida diaria
El análisis detalla siete señales que pueden indicar una menor utilización de la memoria espacial. Además de depender del GPS en recorridos habituales, se incluyen la desorientación ante cambios pequeños en la ruta, la dificultad para ubicarse al salir de espacios cerrados como parqueaderos o centros comerciales, y la tendencia a evitar desplazamientos sin asistencia tecnológica.
Otra señal frecuente es llegar a un destino siguiendo indicaciones, pero no poder reconstruir el camino de regreso. A esto se suma la dificultad para describir rutas y la sensación de bloqueo cuando se presenta un imprevisto en el trayecto.
Estas conductas no implican una pérdida permanente, pero sí reflejan una menor participación activa en el proceso de orientación. El informe aclara que no se trata de un problema inmediato, sino de un cambio progresivo en la manera de interactuar con el entorno.
Recomendaciones para recuperar la orientación
El documento también plantea acciones dirigidas a quienes quieran fortalecer esta habilidad. Una de las principales sugerencias es evitar el uso automático del GPS en trayectos cortos o conocidos, con el fin de permitir que el cerebro participe en la planificación del recorrido.
También se recomienda observar con mayor atención el entorno antes de iniciar un desplazamiento, identificar puntos de referencia y anticipar posibles rutas. Al finalizar el trayecto, intentar reconstruir mentalmente el camino puede ayudar a consolidar la información.
Te puede interesar: Licencia de moto en Colombia: requisitos, costos y pasos para sacarla en 2026
Otra medida consiste en utilizar las aplicaciones como guía general, en lugar de seguir instrucciones detalladas en cada giro. De esta forma, el usuario mantiene cierto control sobre sus decisiones y refuerza su capacidad de orientación.
El informe subraya que la tecnología no debe ser eliminada, sino integrada de manera equilibrada. Mantener activa la memoria espacial no solo facilita los desplazamientos, sino que también contribuye a la autonomía y a la capacidad de adaptación en entornos cambiantes. En casos donde la desorientación afecta la vida cotidiana, se sugiere acudir a un profesional para evaluar la situación.