La tarde del 25 de febrero de 2026 encendió las alarmas en el Urabá antioqueño. Una columna de fuego y lodo emergió desde el subsuelo en zona rural de San Juan de Urabá, cerca de la vía que comunica al corregimiento San Juancito. Aunque las imágenes parecían mostrar una erupción volcánica tradicional, las autoridades confirmaron que se trató de un fenómeno distinto: un diapiro o volcán de lodo.
El Consejo Municipal de Gestión del Riesgo y el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Antioquia activaron protocolos de emergencia. Equipos técnicos se desplazaron a la zona, mientras maquinaria amarilla fue enviada para recuperar la transitabilidad de la vía afectada.
No se reportaron personas lesionadas ni víctimas fatales. Sin embargo, tres viviendas ubicadas en fincas cercanas fueron evacuadas de manera preventiva. Aunque no están habitadas permanentemente, sí son utilizadas por trabajadores durante la jornada laboral.
La emergencia también impactó el tanque de almacenamiento que abastece de agua a la vereda San Juancito y sectores cercanos, lo que obligó a suspender temporalmente el servicio de acueducto mientras se evalúan daños estructurales y riesgos adicionales.
¿Por qué ocurrió si no es zona volcánica?
La explicación está en la geología de la región. De acuerdo con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres y el Servicio Geológico Colombiano, el fenómeno corresponde a un proceso de diapirismo.
Este ocurre cuando sedimentos arcillosos, agua y gases acumulados en profundidad —principalmente metano— ascienden debido a la presión interna del terreno. En zonas como Urabá, donde durante millones de años se han depositado capas de sedimentos ricos en materia orgánica, es común que se generen bolsas de gas subterráneas.
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Cuando la presión supera la resistencia de las capas superiores del suelo, el material encuentra salida a través de fracturas naturales. El resultado es la expulsión de lodo y gases hacia la superficie, formando lo que se conoce como volcán de lodo.
En este caso, la presencia de llamas estaría asociada a la combustión del metano liberado al contacto con el oxígeno. No hay evidencia de magma ni de actividad volcánica profunda. Por eso, las autoridades descartan que se trate de un volcán activo como los del cinturón andino.
Riesgos y monitoreo
Aunque no existe amenaza de lava, sí hay riesgos asociados. La liberación de gases inflamables, la inestabilidad del terreno y la posible reactivación del flujo de lodo obligan a mantener vigilancia permanente.
El Servicio Geológico Colombiano ha reiterado que este tipo de fenómenos son relativamente comunes en el Caribe colombiano, donde existen decenas de volcanes de lodo activos. Sin embargo, suelen tener impactos localizados.
Por ahora, las autoridades mantienen monitoreo técnico en el área afectada. El llamado es a evitar acercarse al punto de emisión y seguir únicamente la información oficial mientras avanzan los estudios geológicos.
Lo ocurrido en San Juan de Urabá no es un volcán de lava, sino una manifestación natural del subsuelo que, aunque llamativa, responde a la dinámica geológica propia de la región Caribe