Hay cosas que todos en Bogotá saben, pero sorprende que todavía ocurran. Una de ellas es que, desde hace años, la mayoría de los ciudadanos conocen dónde termina una buena parte de los celulares hurtados y que, aun así, nada se haya hecho hasta el momento. Pero suponemos que ‘más vale tarde que nunca’ al recibir la noticia de que la policía finalmente está interviniendo los locales en San Victorino donde se comercializan smartphones robados.
A través de un comunicado, la Secretaría de Seguridad compartió los resultados de un operativo realizado este fin de semana, en el que se incautaron múltiples dispositivos en diferentes establecimientos de la zona de San Victorino en Bogotá.
Lo que parecían locales normales de tecnología, escondían otra realidad. Hace unas horas en San Victorino, se incautaron varios celulares y otros dispositivos electrónicos, con reporte de hurto o manipulados.
Comprar celulares hurtados es alimentar la economía delincuencial.… pic.twitter.com/lj6KkEZvWh
— Secretaría de Seguridad BOG (@SeguridadBOG) February 6, 2026
Las acciones vacías de una redada para recuperar Celulares robados en San Victorino
La reacción de la ciudadanía no ha sido de celebración, sino de apatía frente a las acciones de las autoridades, que durante años han ‘ignorado’ una verdad de conocimiento público: este es el lugar donde terminan muchos de los objetos hurtados. De hecho, uno podría sentir suena burlón el inicio del anuncio: “lo que parecían locales normales de tecnología”… ¿Para quién parecían normales? Casi que seguro, no para la mayoría de personas que viven en la ciudad.
“Hoy llegarán muchos más de los que se recuperaron”, lee uno de los comentarios en respuesta a la publicación, mientras que otros felicitan irónicamente a las autoridades por descubrir que “el agua moja”. Quizás una de las opiniones más dicientes para entender el malestar general es la de un usuario que escribe: “Hace años se sabe que los celulares robados acaban ahí, pero nunca hacen nada más que un show una vez al año”.
Este último punto es clave porque denuncia una realidad evidente. No es la primera vez que la fuerza pública ingresa a San Victorino o a otras zonas comerciales de la ciudad donde es común la venta de celulares robados. Aunque las redadas ocurren, estas parecen contarse con los dedos de las manos, siendo eventos aislados en el calendario.
Estas acciones parecen inútiles considerando que no generan un efecto real a largo plazo. Los locales, en el peor de los casos, son sellados y luego reemplazados por negocios idénticos. Existe la certeza de que estos operativos a duras penas tocan la superficie del lucrativo negocio de dispositivos robados.
¿Cuál es la solución a este ciclo de redadas sin impacto?
Acá es donde, para molestía de algunos, hay que tomar el lado de la alcaldía y las autoridades. Hay que reconocer que estos actos representan el límite de lo que las autoridades pueden ejecutar bajo el marco legal actual. La policía no puede actuar basándose únicamente en el “conocimiento público” para allanar locales; estas redadas son el resultado de procesos jurídicos e investigaciones técnicas que permiten la incautación de celulares.
Ante esto surge el dilema de la solución: ¿cerrar todos los negocios de tecnología en la zona? Probablemente solo se desplazarían a otros sectores de la ciudad, volviéndose aún más difíciles de intervenir. Esto sin mencionar los problemas legales que supondría clausurarlos sin evidencia sólida individualizada.
¿Significa esto que la situación debe permanecer igual? En lo absoluto. Hacer lo mismo y esperar resultados diferentes es una señal de locura. Lo que se requiere son nuevas alternativas para la seguridad, acciones políticas que vayan más allá de las promesas de campaña y propuestas reales que rompan este ciclo de operativos vacíos.
Esperemos que algún día esta verdad a voces de Bogotá reciba una respuesta definitiva y estructural.