El gesto se repite sin pensarlo: tomas el celular “solo un momento” y quedas atrapado en el scroll infinito, una dinámica que convierte minutos en casi una hora. Deslizas videos, titulares y discusiones que rara vez aportan calma y que, por el contrario, generan ansiedad, rabia o cansancio mental. Ese hábito tiene nombre (doomscrolling) y no responde solo a curiosidad o FoMO, sino a un diseño que combina psicología conductual, algoritmos y nuevos formatos de consumo, mediante los cuales las plataformas moldean cómo buscamos y procesamos información.
El origen de este fenómeno se remonta a los años cuarenta, cuando B. F. Skinner estudió los sistemas de recompensa y observó que el comportamiento se intensificaba cuando la gratificación era impredecible, un patrón conocido como refuerzo intermitente. Ese mismo principio sostiene hoy el scroll infinito: aunque no todo el contenido es relevante, basta con que aparezca algo llamativo —una noticia alarmante o un video impactante— para activar la dopamina y mantener el ciclo.
Este modelo se potencia con los cambios en los hábitos de consumo. Fernando Echeverri, Head of Engineering de intive, explicó que las audiencias más jóvenes demandan contenido corto, vertical y pensado para el desplazamiento continuo, lo que llevó a los medios a automatizar clips a partir de archivos tradicionales. El crecimiento de plataformas como Instagram y TikTok refleja esta tendencia, especialmente en Colombia, donde el 93,0% de las personas usa redes sociales y dedica en promedio 3 horas y 25 minutos diarios, según DataReportal.
Scroll infinito y economía de la atención
En cualquier caso, todas compiten por el mismo recurso: el tiempo de atención, en un consumo que ya no es pasivo. Echeverri explicó que “los jóvenes no solo consumen contenido, sino que se involucran en las conversaciones que lo rodean”, al punto de que, en muchos casos, “los comentarios se vuelven tan relevantes como el contenido mismo”.
Según señaló, las plataformas empezaron a explorar dinámicas sociales como reacciones o recomendaciones basadas en la actividad de la red cercana del usuario. En el centro de esta disputa están los algoritmos, sistemas opacos que aprenden del comportamiento y priorizan aquello que genera mayor interacción dentro de los feeds.
Estos sistemas no operan con neutralidad. Amplifican emociones intensas porque producen más clics, comentarios y compartidos, reforzando dinámicas de visibilidad desigual. Estudios publicados en Science han demostrado que pequeños cambios en la priorización del contenido pueden acelerar la polarización política y emocional, influyendo directamente en la percepción de la realidad.
A esto se suma la dificultad de encontrar contenido relevante dentro de catálogos cada vez más amplios. Echeverri reconoció que “ayudar a los usuarios a encontrar lo que buscan seguía siendo un desafío tanto para plataformas de streaming como para medios digitales”, incluso cuando el volumen de información disponible continúa creciendo.
FoMO, métricas y el uso consciente de la tecnología
Los primeros usos de chatbots con inteligencia artificial mostraron un cambio de enfoque. “Las plataformas empezaron a moverse de la predicción hacia la conversación natural”, explicó Echeverri, permitiendo que, en lugar de adivinar intereses, los sistemas habiliten espacios donde el usuario expresa directamente lo que necesita y cómo quiere descubrir contenido.
Como ejemplo, contó que en intive desarrollaron un agente conversacional de descubrimiento de noticias para una editorial reconocida, donde “el usuario podía comenzar con temas amplios y refinar los resultados mediante diálogo”, mientras el sistema se adaptaba a la intención y las preferencias declaradas.
Estos modelos buscan sostener la atención de otra forma. Según Echeverri, las primeras señales indicaron que el descubrimiento guiado ayudaba a prolongar la permanencia y reducir la fuga de usuarios sin depender de estímulos extremos, aunque el doomscrolling persiste impulsado por el FoMO, que empuja a revisar constantemente qué está pasando y evitar el scroll infinito.
Todo ocurre en un mismo dispositivo: el celular, que funciona como despertador, herramienta de trabajo y fuente principal de información y entretenimiento. Este cambio también obligó a redefinir cómo se mide el éxito, ya que “los indicadores tradicionales estaban evolucionando” y comportamientos como el binge watching podían interpretarse como alto nivel de engagement, mientras un consumo fragmentado sugería lo contrario.
Además, Echeverri señaló que las plataformas comenzaron a tratar el sentimiento en redes sociales como un focus group en tiempo real, usando esas señales para ajustar campañas, estrategias de marketing e incluso decisiones creativas durante la producción, en un entorno donde la disponibilidad constante reduce la tolerancia al aburrimiento y dificulta la concentración sostenida, especialmente en adolescentes.
Imagen: Robin Worrall / Unsplash