
La masificación de la impresión 3D podría tener importantes consecuencias en el mundo de los negocios. Foto: Kakissel (vía Flickr)
La idea es sencilla, pero revolucionaria: poder fabricar objetos tridimensionales a partir de un modelo elaborado en un computador. Hace algún tiempo que se está llevando a cabo, y a medida que se populariza sus aplicaciones son cada vez más impresionantes: muñecos de acción de cualquier persona, impresoras que podrían fabricar clones de sí mismas y, ahora, huesos de remplazo para seres humanos impresos en 3D.
Básicamente, lo que hacen es construir un objeto elaborando y juntando capas o partes de algún material. Eso se puede lograr de varias maneras: cortando láminas de metal y apilándolas, moldeando y ‘horneando’ una sustancia líquida hasta que se solidifique o fundiendo varios materiales en polvo hasta llegar a la forma deseada.
Hay signos de que su popularidad se disparará. Ya está siendo adoptada cada vez más en campos como el diseño industrial, la joyería y la fabricación de aeronaves. Según The Economist, su adopción ha seguido la misma curva de crecimiento que los computadores personales en la década de los 70, que entonces ”eran patrimonio de aficionados y miembros de unos pocos nichos académicos”. La revista dice que la impresión en 3D “se está expandiendo rápidamente a medida que los costos bajan”: hoy, los equipos tienen el mismo costo de una impresora láser en 1970.
A la par de las impresoras también han comenzado a popularizarse los escáneres en 3D, lo que ahorraría el proceso de modelado y aceleraría enormemente el copiado de objetos. No solo se trata de poder imprimir platos, pisapapeles o baratijas en casa; también es un avance que podría cambiar profundamente la economía y la industria mundial. Dice The Economist que esta tecnología “hace que sea tan barato crear objetos sencillos como lo es producir miles de ellos, minando así las economías de escala” que se basan en el principio de que producir un objeto en masa es más barato que fabricarlo uno a la vez.
Por otra parte, existe preocupación por las posibilidades que la impresión 3D ofrecería para la piratería y la falsificación. El mes pasado, The Pirate Bay abrió una sección de intercambio de archivos ‘fisibles’, que contienen instrucciones que le permitirían a una impresora 3D crear un objeto. Existe la posibilidad de que, en lugar de comprar unos zapatos de marca o un reloj, un usuario descargue los ‘planos’ e imprima en su propia casa un objeto idéntico al original.
Esa no es una posibilidad actual, pero pronto podría serlo. Hoy, muchos de los archivos disponibles en The Pirate Bay solo permiten imprimir cosas genéricas y experimentales. Pero hay quienes creen, como afirma ExtremeTech, que “podemos dar por hecho que esa sección pronto estará llena de objetos protegidos por derechos de autor”.
Por lo pronto, parece todo está dado para que esta tecnología siga su curso hacia la masificación. Mientras las barreras de acceso sigan bajando, siempre habrá usuarios creativos que les encuentren nuevas aplicaciones. ¿Qué harían ustedes con una de ellas?

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