En Estado de fuga 1986, la serie inspirada en hechos reales ocurridos en la Bogotá de los años ochenta, José Restrepo asume uno de los retos más complejos de su carrera. Su personaje, Camilo León, es un joven estudiante que entabla una relación inquietante con un exmilitar, interpretado por Andrés Parra, en una historia marcada por la manipulación, la fragilidad emocional y los límites de la conciencia. No es un papel fácil ni complaciente, y Restrepo lo sabe.
“El punto de partida siempre fue preguntarme qué tenía yo de este personaje”, explica el actor. Para él, la construcción de Camilo no pasó por imitar a una persona real, sino por encontrar una verdad interna. “Es la forma más honesta de no perderse entre tantas posibilidades. Ser honesto con uno mismo y con el público”, afirma.
Aunque la serie dialoga con el universo literario de Mario Mendoza y con una de las masacres más recordadas del país, Restrepo deja claro que su personaje no es una copia del escritor. “Camilo ya estaba escrito en el guion. Tiene puntos de contacto, pero es otro personaje, con otra vida”, señala. Durante el proceso, sostuvo varias conversaciones con Mendoza, pero no para reconstruir hechos específicos. “No era tan relevante saber exactamente qué pasó. Lo importante era entender su esencia, su forma de mirar a las personas sin juzgarlas”, dice.
Esa mirada, explica el actor, es clave para entender por qué Camilo se acerca a un personaje tan oscuro. “Él no ve solo a un asesino. Mira más allá. Eso es valiente, pero también peligroso”, reflexiona. En la entrevista, Restrepo fue cuidadoso en no revelar detalles que Mendoza ha preferido mantener en reserva. El actor respeta esa frontera y reconoce que el misterio también hace parte del peso narrativo de la historia.
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La relación con Andrés Parra fue determinante. Restrepo admite que la admiración que siente por su compañero de elenco fue un recurso actoral más. “Eso no había que inventarlo. Yo ya lo admiraba, y Camilo también admira a Jeremías”, explica. Esa dinámica real se traduce en una tensión creíble en pantalla, donde la seducción intelectual y la incomodidad conviven.

Uno de los momentos más exigentes fue la secuencia en los cerros orientales, una escena física y emocionalmente intensa que marca un punto de quiebre en la historia. “Ahí Camilo se da cuenta de que hay líneas que, si se cruzan, no tienen regreso”, afirma. Sin entrar en detalles, Restrepo subraya que esa escena define quién es su personaje y quién no llegará a ser.
Para el actor, Estado de fuga 1986 representa un antes y un después. “Siento que es un cambio de vida. Algo que probablemente no se va a repetir”, confiesa. Más que una interpretación, fue una experiencia que lo obligó a mirar de frente los límites del arte, de la moral y de sí mismo.