No hay que comprar primero¿ hay que saber comprar

Caí¿ Sí, lo reconozco: caí. Siempre he criticado a los early adopters, esos personajes que son los primeros en adquirir cada nueva tecnología que sale al mercado, lo que los convierte en individuos exclusivos, de vanguardia¿ y en conejillos de indias.

Y sin embargo, caí. Pero es que el bendito teléfono celular se veía muy bonito en la vitrina. Lucía elegante, pequeño, cómodo¿ una buena marca, un nuevo operador¿ Valía la pena maltratar un poco el bolsillo. Y caí¿ Ahora, seis meses después, el mismo teléfono se consigue por más o menos la cuarta parte del precio que pagué por él, en un plan similar¿

Y he tenido que aguantarme las burlas de Fabián (el tipo que se sienta al lado mío en la oficina), que compró celular hace poco y cada vez que puede me lo recuerda: ¿¿Sabe cuánto está costando su teléfono ahora?¿.

Mi primer DVD costó algo así como 500.000 pesos, hace más o menos cinco o seis años¿ pero no me dolió tanto, porque hoy todavía venden aparatos de alrededor de 300.000, aunque en algunas partes se consiguen equipos marca ¿Pajarito¿ por menos de 200.000 pesos. Digamos que ha sido una reducción de precios progresiva en un lapso que minimizó los cargos de conciencia.

Debo confesar que seguramente pertenezco a una especie que se encuentra un paso antes del comprador compulsivo en la escala evolutiva¿ quiero decir que hasta el famoso celular no había hecho una compra completamente innecesaria o de la que me hubiera arrepentido, aunque a veces me dejo tentar por uno que otro artículo que tampoco es completamente necesario.

Ahora, aunque con menos autoridad moral para criticar a early adopters y a compradores compulsivos, procuro ceder menos ante las tentaciones y tomarme un tiempo para estudiar alternativas, comparar precios, consultar gente que ya ha probado los equipos y tomar otras precauciones antes de decidir mis compras¿ Trato de evitar el amor a primera vista en materia tecnológica.

Claro, alguien tiene que hacerlo¿ alguien tiene que pagar una gran suma por ser el primero en tener lo último en tecnología, pero ahora más que antes prefiero que lo haga alguien con más presupuesto (aunque eso no garantice siempre que también tenga más criterio) para tal vez terminar pagando más de la cuenta por algo que no es completamente necesario.

Hoy, por ejemplo, tengo muchas ganas de comprarme un grabador de DVD para reemplazar el viejo VHS que tengo en casa. Pero si lo hubiera comprado hace más o menos año y medio, cuando lo vi por primera vez en Colombia, habría pagado unas tres veces lo que vale hoy.

Por estos días tuve la oportunidad de probar uno de esos aparatos, que me prestaron para hacer una evaluación. Muy bueno, lo recomiendo, y seguramente más adelante escribiré sobre él. De hecho, ahora estoy convencido de querer comprarlo, pero no hay afán: para todo lo que lo uso, es posible que el VHS siga siendo útil hasta que el grabador de DVD cueste la mitad de lo que vale hoy.

Ahora bien, cuando compré el DVD de 500.000 pesos, esta tecnología no era muy difundida en Colombia, como tampoco lo es hoy la de los grabadores de este formato. Pero en un país en que el número de usuarios de telefonía celular ya sobrepasó la cantidad de líneas fijas instaladas, no tiene mucho sentido ser el primero en comprar un aparato que en menos de medio año costará casi la cuarta parte¿ Y que por aquello de la depreciación seguramente no podrá venderse por más de la quinta parte, como me está sucediendo a mí.

No se trata de no comprar nada ni de sentarse a esperar una ganga hasta que el equipo se vuelva obsoleto, pero hay adquisiciones que se pueden hacer de manera más inteligente.

Recuerde que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar.
A pesar de ser un ¿precomprador compulsivo¿, siempre he tratado de guiarme por esa política y, sin embargo, caí¿  Sí, lo reconozco: caí. Por favor, no caiga usted también, como yo.

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