¿Gasolina de bajo costo o tradicional? Verdades y mitos bajo el surtidor

GASOLINERA

En muchos países, especialmente en Europa, el precio del combustible se ha convertido en un tema de debate constante. Allí han aparecido con fuerza las llamadas gasolineras de bajo costo, estaciones que ofrecen gasolina a un precio más barato que las marcas tradicionales. El atractivo es evidente: algunos céntimos menos por litro pueden representar un ahorro importante al final del mes. Pero la duda permanece: ¿es lo mismo llenar el tanque con este combustible que con el de siempre?

La respuesta corta es sí. Tanto la gasolina de bajo costo como la convencional salen de las mismas refinerías y deben cumplir los mismos estándares de calidad y seguridad. Esto significa que la base del combustible es exactamente la misma. Ninguna estación, por más económica que sea, puede vender un producto que no cumpla la normativa vigente en cada país.

La diferencia está en los aditivos. Las grandes marcas suelen añadir compuestos que buscan mejorar la combustión, limpiar el motor o reducir residuos con el tiempo. En las gasolineras de bajo costo, en cambio, el combustible se vende prácticamente tal como sale de la refinería o con una carga mínima de aditivos. Para el usuario promedio, esto no implica un riesgo directo, aunque sí puede influir en el mantenimiento a muy largo plazo.

La percepción de que la gasolina de bajo costo es “mala” proviene más de la desconfianza que de pruebas concretas. Estudios independientes han señalado que los motores funcionan igual con ambas, siempre que se respete el octanaje recomendado por el fabricante del vehículo. El problema no está en el combustible sino en el imaginario que lo rodea.

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El fenómeno de las gasolineras de bajo costo se concentra sobre todo en España, donde cadenas de supermercados y surtidores automáticos se han multiplicado en los últimos años. También tienen presencia en Italia, Francia y Portugal. Fuera de Europa, Estados Unidos y México han empezado a expandir este modelo, sobre todo en zonas suburbanas y carreteras donde el consumidor busca opciones más baratas.

Entonces, ¿vale la pena pagar más por la gasolina tradicional? Esa decisión queda en manos de cada conductor. Algunos prefieren la tranquilidad de saber que su motor recibe aditivos extras que podrían ayudar en el largo plazo, mientras que otros priorizan el ahorro inmediato en cada tanqueada.

Lo cierto es que ambas opciones cumplen con los mismos requisitos de calidad. El verdadero cambio no está en el combustible, sino en la forma en que cada conductor interpreta la relación entre precio, confianza y rendimiento. La gasolina de bajo costo ya no es una rareza, sino una alternativa que llegó para quedarse en muchos países.

Imagen: Archivo ENTER.CO

Digna Irene Urrea

Digna Irene Urrea

Comunicadora social y periodista apasionada por las buenas historias, el periodismo literario y el lenguaje audiovisual. Aficionada a la tecnología, la ciencia y la historia.

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