Este fue el aporte de Colombia a la misión Apolo 11

Apolo 11

Este sábado 20 de julio se cumplen 50 años de la llegada del hombre a la Luna. La fecha de este hecho histórico, ocurrido en 1969, coincide con otro: la independencia de Colombia, que fue el 20 de julio de 1810.

Por esa razón cabe la pena mencionar qué papel jugó Colombia para que Neil Armstrong y Edwin ‘Buzz’ Aldrin alunizaran en el módulo lunar Águila y se convirtieran en los primeros hombres de la historia en pisar la superficie de la Luna.

El entrenamiento de Armstrong fue en Colombia

Por un lado, como lo indicamos en un artículo anterior, en 1963 Neil Armstrong tuvo las primeras fases de su entrenamiento para el viaje lunar, junto al también astronauta John Glenn (uno de los primeros hombres en viajar al espacio y el primer estadounidense en orbitar la Tierra, algo que hizo tres veces), en las selvas del Darién, en la frontera entre Colombia y Panamá.

El lugar fue elegido por la Nasa, con asesoría de la CIA, porque es uno de los lugares con mayor índice de lluvias, potenciales enfermedades tropicales, calor y humedad, lo que permitió que Armstrong y Glenn tuvieran un entrenamiento extremo, con ejercicios psicológicos y de supervivencia. De ese momento quedó una prueba: una fotografía que se encuentra en el Banco de conocimiento de la Ohio State University, que muestra a los dos astronautas sentados frente a su campamento, que adornaron, a manera de broma, con un letrero que dice «Chocó Hilton».

Neil Armstrong

Los cálculos de Julio Garavito que permitieron llegar a la Luna

Como nos contó Windi Ruíz, divulgadora científica del Planetario de Bogotá, antes de planear las misiones a la Luna, el astrónomo, matemático, poeta, economista e ingeniero colombiano Julio Garavito estudió las irregularidades de la órbita lunar y estableció la trayectoria ideal para viajar de forma adecuada al satélite natural, demostrada con cálculos. Sin embargo, ese trabajo quedó inconcluso por su temprana muerte, en 1920, a la edad de 55 años.

A finales de la década del 50 y durante la década del 60 hubo varias reuniones de la Unión Astronómica Internacional para establecer los nombres de los accidentes topográficos de la cara oculta de la Luna, la que no se ve desde la Tierra debido a que el satélite natural no tiene movimiento de rotación, o sea, no gira sobre su propio eje.

Lee más sobre el Apolo 11 en este enlace.

Luego de esas reuniones, el 27 de agosto de 1970 decidieron homenajear el trabajo del colombiano nombrando uno de esos accidentes topográficos, de forma permanente, cráter Garavito, ubicado en las coordenadas selenográficas (ciencia que estudia la superficie y las características físicas de la Luna) latitud 48 grados sur, longitud 157 grados este, como se puede leer en el libro ‘Julio Garavito Armero’, escrito por Gonzalo Garavito Silva. El cráter Garavito, que tiene un diámetro de 80 kilómetros, se encuentra, pues, en el hemisferio sur de la Luna.

Apolo 11
Imagen del cráter Garavito.

Además, el rostro de Garavito aparece en el billete de 20.000 pesos que comenzó a circular desde 1996, como un homenaje por su importante trabajo. Además, Ruiz señala que en el Planetario de Bogotá se encuentra una foto de Julio Garavito, como otro homenaje al que también fue director del Observatorio Astronómico Nacional desde 1891 hasta su muerte.

Apolo 11

Las telas colombianas que viajaron la Luna

Windi Ruiz, además, nos contó que las telas que forraban la cabina en la que iban Armstrong, Aldrin y Michael Collins durante la misión Apolo 11 fueron hechas en Colombia. Esas telas eran resistentes al fuego, razón por la que la Nasa decidió usarlas en la histórica misión de 1969, después de realizarles varias pruebas científicas, como parte de una licitación que abrieron.

Apolo 11

Según narra Ruiz, esos telares se hicieron en la fábrica Telas Huatay, propiedad de Raquel Vivas Rincón, ubicada en la localidad de Usaquén, en Bogotá. Las telas fueron hechas a mano por 12 tejedores durante tres meses y estaban tejidas con lana virgen de ovejas del norte de Boyacá y Santander. Además, tenían un elemento para fijar el color, llamado mordiente, que sería el que impedía que fueran inflamables, solo expedían olor a carne asada cuando se les prendía fuego.

El lugar donde se fabricaron esas telas ya no existe. Sin embargo, allí, cerca al Bogotá Beer Company de Usaquén, hay una placa conmemorativa por el trabajo hecho para la misión que llevó hace 50 años a los primeros hombres a la Luna.

Una curiosidad extra, no colombiana

Apolo 11

La divulgadora científica del Planetario de Bogotá nos contó, además, que el espacio del módulo lunar y el módulo de mando, donde iban los astronautas, era de solo 6 metros cuadrados. Allí no había baño y por esa razón ellos debían defecar, orinar, dormir y comer en ese pequeño espacio, sin gravedad. Ruiz recuerda una anécdota al respecto: cuando Armstrong, Aldrin y Collins amerizaron, el 24 de julio de 1969, los militares que los recogieron decían que el olor que expedía la cápsula era insoportable porque había desechos fecales, orina y restos de comida de un viaje que duró una semana.

Imágenes: Ohio State University, Wikipedia, Banco de la República y montaje ENTER.CO con foto de la Nasa.

Fernando Mejía

Fernando Mejía

Quise ser músico, cineasta, astronauta, científico y poeta, cuando supe que solo me alcanzaba para la última, me hice periodista en el Externado para al menos escribir de todo eso y no defraudar al niño que fui.

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