El impacto del salario mínimo en la economía real ya no es una discusión teórica. El video de un pequeño empresario colombiano, difundido en redes sociales, muestra cómo una decisión tomada por decreto se traduce en costos concretos, presión financiera y riesgos reales para el empleo formal.
Que buen ejemplo este Empresario q tiene un restaurante con 2️⃣2️⃣ empleados, acaba d incrementarsele la nomina en
$ 7️⃣ Mllns.
Que irá hacer ❓️
🔸️Subirle al Corrientazo
🔸️ Despedir Empleados
🔸️Cambio d Modelo d Negocio
🔸️Cierre d Negocio
Maldito CAMBIO. pic.twitter.com/21I4FpdLzc— AntonellaCuradelli (@KLea79107265) December 30, 2025
El efecto se entiende mejor cuando se traduce a ventas. Si el restaurante ofrece almuerzos a un precio promedio de 15.000 pesos, debe vender al menos 470 almuerzos adicionales al mes para cubrir el aumento salarial. Esto equivale a 15 o 16 almuerzos más cada día, sin que eso represente ganancia.
Ese esfuerzo comercial no ocurre en el vacío. El empresario aclara que esos almuerzos adicionales apenas cubren la nómina. No incluyen arriendo, servicios públicos, insumos, impuestos ni mantenimiento. En la práctica, vender más no significa ganar más, sino apenas sostener el punto de equilibrio.
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El detonante de este ajuste es el decreto que fijó el salario mínimo de 2026 en 1.750.905 pesos, más 249.095 pesos de auxilio de transporte. En la práctica, el ingreso mínimo mensual se acerca a 2 millones de pesos, lo que representa un aumento total cercano al 23,7 %, uno de los más altos en décadas.
Aunque el debate público se ha concentrado en el porcentaje, los expertos miran el contexto macroeconómico. Estudios del Banco de la República advierten que el incremento supera ampliamente la inflación proyectada para 2026, cercana al 3,6 %, rompiendo el equilibrio entre salarios, productividad y crecimiento empresarial.
Para los pequeños negocios, el impacto no se limita al salario base. A ese valor se suman aportes a salud, pensión, riesgos laborales y prestaciones sociales, lo que eleva el costo real por trabajador entre 30 % y 40 %. En sectores intensivos en mano de obra, como la gastronomía, este sobrecosto es determinante.
Economistas como David Cubides, jefe de estudios económicos de Banco de Occidente, han advertido que aumentos de esta magnitud pueden resultar insostenibles. Según su análisis, el ajuste termina trasladándose a inflación, informalidad o reducción del empleo formal, especialmente en micro y pequeñas empresas.
Los gremios empresariales también han expresado preocupación. La ANDI cuestionó que la decisión se haya tomado sin concertación y alertó sobre riesgos para la sostenibilidad empresarial. Fenalco, por su parte, había propuesto un aumento técnico más moderado, alineado con inflación y productividad.
Las cifras oficiales refuerzan estas alertas. Datos del DANE muestran que, aunque el número de micronegocios ha crecido, el personal ocupado en ellos viene disminuyendo. El fenómeno sugiere que muchos emprendimientos sobreviven reduciendo empleo o recurriendo a la informalidad.
El restaurantero del video resume el dilema con una frase simple: “no hay nadie que aguante eso”. Subir precios no siempre es viable y despedir empleados no es una opción deseable. Su testimonio muestra cómo una decisión macroeconómica se traduce, en la práctica, en una lucha diaria por sostener empleo y mantener las puertas abiertas.
Imagen: Generada con IA / ChatGPT