Así funciona pulgar robótico que potencia habilidades motrices humanas

La Unidad de Ciencias del Cerebro y Cognición del Consejo de Investigación Médica (MRC) de la Universidad de Cambridge, desarrolló un tercer pulgar robótico que permite potenciar las habilidades motrices humanas al aumentar  el rango de movimiento de una persona al agarrar y  más capacidad de carga.

Dani Clode, investigador del laboratorio del profesor Makin, explica que esto permite al usuario realizar tareas que de otro modo serían desafiantes o imposibles de completar con una mano o realizar tareas complejas con varias manos sin tener que coordinarse con otras personas.

La universidad británica explica que el tercer pulgar se usa en el lado opuesto de la palma del pulgar biológico y se controla mediante un sensor de presión colocado debajo de cada dedo gordo del pie. 

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“La presión del dedo del pie derecho empuja el pulgar a través de la mano, mientras que la presión ejercida con el dedo del pie izquierdo empuja el pulgar hacia los dedos. La extensión del movimiento del pulgar es proporcional a la presión aplicada y al liberar la presión lo devuelve a su posición original”, explica. 

¿Qué resultados obtuvieron?

Durante las pruebas  en la Exposición Científica de Verano anual de la Royal Society en 2022, el público tuvo la oportunidad  de utilizar el dispositivo  y comprobar cómo podía potenciar su habilidades motrices. 

Dichos resultados fueron publicado  en la revista en Science Robotics. Por un lado, la investigación señala que por cinco días el equipo evaluó a 596 participantes, con edades comprendidas entre tres y 96 años y de una amplia gama de orígenes demográficos. 

Los participantes tuvieron hasta un minuto para familiarizarse con el dispositivo, tiempo durante el cual el equipo explicó cómo realizar una de dos tareas.

La primera tarea consistió en coger clavijas de un tablero, una a la vez, con sólo el tercer pulgar y colocarlas en una cesta. Se pidió a los participantes que movieran tantas clavijas como fuera posible en 60 segundos. 333 participantes completaron esta tarea.

La segunda tarea implicó utilizar el tercer pulgar junto con la mano biológica del usuario para manipular y mover cinco o seis objetos de espuma diferentes. Los objetos eran de diversas formas que requerían diferentes manipulaciones para ser utilizados, aumentando la destreza de la tarea. Nuevamente, se pidió a los participantes que movieran tantos objetos como pudieran dentro de la canasta en un máximo de 60 segundos. 246 participantes completaron esta tarea.

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Casi todos pudieron utilizar el dispositivo inmediatamente. El 98% de los participantes pudieron manipular objetos con éxito utilizando el tercer pulgar durante el primer minuto de uso, y solo 13 participantes no pudieron realizar la tarea.

¿Un dispositivo inclusivo?

Los niveles de habilidad entre los participantes variaron, pero no hubo diferencias en el desempeño entre géneros, ni la lateralidad cambió el desempeño, a pesar de que el pulgar siempre se usó en la mano derecha. No hubo evidencia definitiva de que las personas que podrían ser consideradas “buenas con las manos” (por ejemplo, estaban aprendiendo a tocar un instrumento musical o sus trabajos implicaban destreza manual) fueran mejores en las tareas.

Los adultos mayores y más jóvenes tenían un nivel similar de habilidad al usar la nueva tecnología, aunque una investigación más profunda solo dentro del grupo de edad de los adultos mayores reveló una disminución en el rendimiento a medida que aumentaba la edad. 

Los investigadores dicen que este efecto podría deberse a la degradación general de las capacidades sensoriomotoras y cognitivas asociadas con el envejecimiento y también puede reflejar una relación generacional con la tecnología.

El rendimiento fue en general peor entre los niños más pequeños. Seis de los 13 participantes que no pudieron completar la tarea tenían menos de 10 años, y de los que sí completaron la tarea, los niños más pequeños tendieron a tener peores resultados en comparación con los niños mayores. Pero incluso los niños mayores (de 12 a 16 años) tuvieron más dificultades que los adultos jóvenes.

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La profesora Tamar Makin, de la Unidad de Ciencias del Cerebro y Cognición del Consejo de Investigación Médica (MRC) de la Universidad de Cambridge, afirmó: “La tecnología está cambiando nuestra definición misma de lo que significa ser humano, y las máquinas se están convirtiendo cada vez más en parte de nuestra vida cotidiana, y incluso nuestras mentes y cuerpos.

 “Estas tecnologías abren nuevas e interesantes oportunidades que pueden beneficiar a la sociedad, pero es vital que consideremos cómo pueden ayudar a todas las personas por igual, especialmente a las comunidades marginadas que a menudo quedan excluidas de la investigación y el desarrollo de la innovación” concluyó.

Imagen:Universidad de Cambridge

Digna Irene Urrea

Digna Irene Urrea

Comunicadora social y periodista apasionada por las buenas historias, el periodismo literario y el lenguaje audiovisual. Aficionada a la tecnología, la ciencia y la historia.

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