La Comisión Europea avanza en la definición de una política digital que puede modificar de fondo la relación del bloque con el software propietario. Se trata de la Estrategia Europea del Ecosistema Digital Abierto, una iniciativa orientada a impulsar el uso del código abierto en las instituciones públicas y a reducir la dependencia tecnológica de proveedores externos, principalmente de Estados Unidos.
El proceso se encuentra en una fase avanzada. Entre el 6 de enero y el 3 de febrero de 2026, la Comisión abrió un llamado a pruebas y comentarios que recibió 1.658 aportes de ciudadanos, desarrolladores, empresas, universidades y organizaciones sociales. El período de retroalimentación ya cerró y la adopción formal del documento está prevista para el primer trimestre de 2026.
La estrategia será presentada como una Comunicación oficial al Parlamento Europeo y al Consejo. Aunque no tiene carácter normativo inmediato, servirá como guía para futuras decisiones regulatorias, programas de financiación y políticas tecnológicas dentro de la Unión Europea.
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El diagnóstico que sustenta la iniciativa parte de una preocupación recurrente en Bruselas. Gran parte de la infraestructura digital europea funciona sobre software propietario extranjero, lo que limita la autonomía tecnológica, reduce la competencia y genera riesgos en la gestión de datos y servicios críticos.
De acuerdo con la Comisión, entre el 70 % y el 90 % del código que utilizan hoy las aplicaciones digitales tiene origen abierto. Sin embargo, su aprovechamiento institucional sigue siendo desigual y carece de una estrategia común que potencie su desarrollo y reutilización dentro del sector público.
Impacto en ciudadanos y administraciones públicas
La implementación de esta política tendrá efectos directos en la vida cotidiana de millones de personas. Funcionarios públicos deberán migrar progresivamente a nuevas herramientas ofimáticas, sistemas de correo y plataformas de comunicación basadas en software libre. Experiencias previas en Alemania y Francia muestran que el proceso exige capacitación, adaptación y cambios en los flujos de trabajo.
Para los ciudadanos, el cambio puede traducirse en mayor acceso a documentos oficiales sin restricciones de formato, reducción de costos asociados a licencias y servicios digitales más transparentes. También abre oportunidades para empresas locales que desarrollen soluciones, brinden soporte técnico o capaciten a usuarios dentro del nuevo ecosistema.
El debate público dejó ver preocupaciones adicionales. Algunos desarrolladores advirtieron sobre la carga regulatoria que podrían enfrentar proyectos comunitarios y pidieron que las políticas reconozcan el carácter voluntario de muchas contribuciones al software libre.
El lugar de Microsoft Windows en la nueva estrategia
Aunque el documento no menciona empresas concretas, el impacto sobre Microsoft Windows y su ecosistema resulta evidente. Durante años, Windows, Office y Teams han sido la base tecnológica de gran parte de las administraciones públicas europeas. La promoción del código abierto reduce esa dependencia histórica y obliga a replantear ese modelo.
Microsoft no queda excluida del mercado europeo, pero enfrenta un entorno más exigente en términos de interoperabilidad, estándares abiertos y flexibilidad tecnológica. Su presencia futura dependerá de su capacidad para convivir con soluciones abiertas y adaptarse a un marco menos concentrado.
La apuesta europea apunta a algo más profundo que un cambio de herramientas. Busca recuperar control sobre la infraestructura digital, fortalecer capacidades locales y reducir vulnerabilidades asociadas a la dependencia tecnológica. Si la estrategia se implementa según lo previsto, Europa podría marcar un precedente global en la adopción estructural del software libre.