No es tu imaginación, la fatiga por Zoom es real

Fatiga por Zoom

El Laboratorio de Interacción Humana Virtual de la Universidad de Standford, Estados Unidos, confirmó que la fatiga por Zoom es real, no es una sensación que estemos imaginando y, sí, tiene efectos a largo plazo en nuestro cerebro.

Con la llegada del COVID-19 y la cuarentena obligatoria todos nos vimos obligados a asistir a reuniones virtuales que se multiplicaron debido al trabajo remoto y, probablemente, tu calendario ahora es una lista interminable de enlaces a Zoom.

Las cuatro razones que causan fatiga por Zoom

De acuerdo con el documento publicado por la universidad de Standford hay cuatro razones:

  • Exceso de contacto visual: aunque no estamos en persona, las videollamadas nos hacen sentir que la atención está en nosotros todo el tiempo (no importa que en realidad alguno de nuestros compañeros este jugando solitario). En una reunión en persona, los asistentes miran a diferente sitios y no lo consideramos grosero. Pero en las videollamadas, tenemos la necesidad de mirar constantemente a la cámara y pantalla lo que hace que nuestro cerebro lo asimile como una situación de apareamiento o amenaza y esto enciende una serie de alertas sicológicas.
    La Universidad de Standford aconseja que no usemos Zoom en toda la pantalla. En su lugar, recomienda reducir la ventana para que los rostros no se vean tan grande y de este modo minimizar el estado de alerta.
  • Verte constantemente en la pantalla causa más fatiga: estudios demuestran que cuando te ves por mucho tiempo en el espejo, hay mayor tendencia a ser más crítico sobre tu apariencia o movimientos. Ahora, agrega que estás tomando importante decisiones o te están dando responsabilidades y tienes un espejo para mostrarte tu reacción.
    «Verse por mucho tiempo en el espejo causa cansancio y es estresante. Estudios demuestran que hay consecuencias negativas emocionalmente por hacerlo. Usar una cámara reflejando tu rostro es similar», explica el documento.
    El consejo para reducir estos síntomas es usar la opción de ‘Ocultar vista propia’. De este modo, puedes ver a los asistentes a la reunión, pero no estás evaluándote constantemente.
  • Reducimos nuestra movilidad: cuando activamos nuestras cámaras, estas tienen un rango de visión muy pequeño. Esto nos obliga a quedarnos quietos durante cada reunión y esto limita movimientos de manera que no son naturales. La actividad permite activar procesos cogniticos y estudios demuestran que hay mayor eficiencia.
    El documento propone usar una cámara externa para ampliar el rango de visión de la cámara. Proponer apagar las cámaras después de saludar y hacer presentaciones también es una opción o por intervalos, para tener descansos no verbales.
  • Las videollamadas tienen más carga cognitiva: nuestro cerebro está constantemente analizando señales no verbales. Una videollamada está cargada de imágenes, rostros y gestos analizamos subconscientemente; además, nuestros movimientos y gestos también se exageran para enviar el mensaje correcto. Piénsalo así, cuando mueves tu cabeza para decir que estás de acuerdo con algo lo haces en pequeños movimientos o ahora son mucho más notorios, algunos inclusive usan sus manos para expresarlo. «Ahora estas usando más energía mental y calorías para expresarte y hacerte entender no verbalmente», resalta el documento.
    El consejo para ayudar a tu cerebro descansar es tomar reuniones solo por audio y no mirar ninguna pantalla durante una de tus reuniones. Esto le ayudará a tu cerebro a descansar de la actividad permanente y a tus ojos de la luz azul.

Imagen: RawPixel de Freepik.

 


Diana Arias

Diana Arias

Soy comunicadora social de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en Producción multimedia y Periodismo, y Lingüista de la Universidad Nacional. Actualmente, estoy haciendo la especialización en economía de la Javeriana.

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