La pasión quizá nos salve de los robots

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Los robots –de hardware y software– ya están desplazando a los humanos en todos los campos, incluso en algunos que pensábamos que estaban seguros, debido a que requieren cualidades muy humanas, como la empatía y la interacción social
Los robots –de hardware y software– están desplazando a los humanos en todos los campos, incluso en algunos que pensábamos que estaban seguros, debido a que requieren cualidades muy humanas, como la empatía.

El periodista Andrés Oppenheimer cuenta en su libro más reciente que una vez entrevistó para su programa de CNN al pintor peruano Fernando de Szyszlo, y le preguntó por qué con más de 90 años de edad seguía pintando ocho horas al día. El pintor, que tiene reconocimiento mundial y dinero, y cuyas obras se exhiben en sitios tan prestigiosos como el Museo de Arte Moderno de Nueva York y el Centro Pompidou de París, le contestó: “Porque todavía no he pintado el cuadro perfecto que siempre he soñado pintar”.

A Oppenheimer le encantó la respuesta, porque él piensa que eso ocurre con todas las personas que sienten una pasión real por su trabajo: les gusta lo que hacen, saben que lo hacen bien, pero nunca creen haber logrado la obra perfecta, y nunca están completamente satisfechas con el resultado.

El periodista y escritor dice que ha entrevistado a muchas personas exitosas, y “la enorme mayoría es gente apasionada que sueña con hacer su trabajo cada día mejor. En muchos casos son insecure overachievers: personas inseguras y a la vez obsesionadas con hacer su trabajo mejor que nadie. Quizás una de las mejores varas para medir si uno está apasionado por su trabajo es preguntarse si lo está haciendo a la perfección. Solo los mediocres, los charlatanes y quienes no tienen mucho interés por su trabajo dirán que sí. Los más talentosos nunca están del todo satisfechos con lo que han logrado”.

Es posible que usted se haya sentido identificado con esta descripción. Si es así, es una buena noticia. Porque la anécdota anterior es de un libro en el que Oppenheimer explica, con innumerables ejemplos, cómo tecnologías como la robótica y la inteligencia artificial pulverizarán muchos de los trabajos que los humanos estamos realizando actualmente.

El libro se llama ‘¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización’, y es muy recomendado para todas las personas que quieran entender cómo la tecnología le está dando un vuelco al mercado laboral. El panorama que pinta no es muy alentador.

La esencia es que los robots –de hardware y software– ya están desplazando a los humanos en todos los campos, incluso en algunos que pensábamos que estaban seguros, debido a que requieren cualidades muy humanas, como la empatía y la interacción social. Y la razón no es que las máquinas sean mejores en esas labores: nosotros somos mejores, pero eso ya no importa porque las reducciones en costos que se logran son tan grandes que las empresas se están dejando seducir y están remplazando a los humanos.

Tecnologías como la robótica y la inteligencia artificial pulverizarán muchos de los trabajos que los humanos estamos realizando actualmente

En todas las épocas hemos sido testigos de la desaparición de ciertos trabajos por cuenta de la tecnología. Piense, por ejemplo, en los ascensoristas o en los vendedores de enciclopedias de papel. Pero este cambio será más rápido. Para no ir más lejos, una máquina está remplazando a los cajeros en muchos parqueaderos, y es claro que la misma suerte correrán quienes atienden en los counters de las aerolíneas, pues ya se han instalado máquinas que permiten chequearse para los vuelos. Piense, además, cuándo fue la última vez que usted visitó una agencia de viajes (en vez de reservar sus hoteles o tiquetes por Internet), o cuántas transacciones que antes hacía personalmente en los bancos ahora las realiza por Internet desde su PC o su smartphone.

Estos cambios, tan veloces que muchas personas no alcanzarán a adaptarse para pasar a puestos nuevos, implican que empleados en todo tipo de oficinas perderán sus empleos, incluso personas que realizan trabajos de alto nivel, pues la inteligencia artificial es más veloz y eficiente manejando datos, que es el insumo de la mayoría de nuestros trabajos hoy en día.

¿Qué podemos hacer entonces? Acumular cada vez más conocimiento (mientras más versátiles seamos, más posibilidades hay de seguir teniendo vigencia en el mercado), desarrollar habilidades no tan fáciles de replicar por software (como la creatividad, la capacidad de negociación, la persuasión y la empatía) y apuntarles a profesiones e industrias que la tecnología no esté impactando tanto. Pero también realizar nuestro trabajo con toda la pasión (de ahí la anécdota del comienzo), porque eso aumentará nuestras probabilidades de tener éxito, y de ser más atractivos que un robot o un programa de computador.

Imágenes: iStock

 

Javier Méndez

Javier Méndez

A mediados de los años 80 tuve un paso fugaz por la facultad de Ingeniería de Sistemas de la Universidad de los Andes, pero me tomó pocos meses descubrir que escribir código era mucho menos apasionante que escribir artículos. Desde entonces pienso que la tecnología es más divertida cuando se la disfruta desde afuera que cuando se la sufre desde adentro. Y aunque mis primeros pasos en el periodismo los di en la sección deportiva de El Tiempo, era cuestión de tiempo para que aterrizara en el mundo de la tecnología. Llevo 28 años escribiendo sobre este tema, primero en El Tiempo, y ahora en la revista ENTER y EmpresarioTek.co.

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