Por primera vez en la historia del Colombia, las ventas de carros eléctricos superaron las 2.000 unidades en un solo mes. Pero más allá del récord, lo que llama la atención no es solo la cifra: es el mapa del país que está cambiando. Ciudades como Barranquilla, Neiva y Armenia están tomando la delantera en la adopción de tecnologías limpias, desplazando a Bogotá y Medellín del centro de la conversación.
De acuerdo con el más reciente informe de Fenalco y la Andi, en octubre se vendieron 2.090 vehículos eléctricos, un crecimiento del 93,7% frente al mismo mes de 2024. También fue un mes dorado para los híbridos: se comercializaron 6.902 unidades, un salto del 81,2%. En conjunto, los autos de bajas o cero emisiones representaron más de un tercio del mercado automotor colombiano.
Detrás de este impulso hay un protagonista indiscutible: BYD, que domina el segmento eléctrico con una participación del 51,9%. Su modelo Yuan Up se ha convertido en el símbolo del cambio, concentrando más de una cuarta parte de las ventas nacionales. Le siguen el Seagull y el Yuan Plus, que han logrado posicionarse como alternativas accesibles frente a los modelos europeos y estadounidenses.
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En los híbridos, Toyota mantiene su hegemonía, con el Corolla Cross y el Corolla entre los más vendidos del año. Mazda y Suzuki, por su parte, ganan terreno entre los consumidores que aún no se atreven a dar el salto completo al enchufe, pero buscan reducir su consumo de combustible.
Lo más interesante es que la revolución eléctrica ya no está ocurriendo solo en las grandes capitales. Según los registros del RUNT, Barranquilla aumentó sus ventas de eléctricos en un 1.150%, Neiva en 700% y Armenia en 600% durante el año. En híbridos, los picos se dieron en Manizales, Sincelejo y Villavicencio, demostrando que la transición energética está descentralizándose.
Detrás de las cifras hay una señal clara: el mercado colombiano está madurando. Las redes de carga pública crecen, los incentivos fiscales empiezan a surtir efecto y los consumidores ven los vehículos eléctricos como una opción real, no como un lujo.
La pregunta que queda abierta es si la infraestructura y las políticas locales lograrán mantener el ritmo. Porque, por ahora, los colombianos parecen estar diciendo algo con fuerza: el futuro eléctrico no está por venir, ya está arrancando.

