
Este es el proceso 'normal' para aplicar a una patente en Estados Unidos. Aunque ahora es 'fácil' obtener miles de patentes en pocos segundos. Imagen: www.uspto.gov. Foto en home: Nrkbeta (vía Flickr).
A comienzos de julio, un consorcio formado por Apple, Microsoft, RIM, Ericsson, Sony y EMC acordó pagar 4.500 millones de dólares por más de 6.000 patentes sobre tecnologías móviles y de cuarta generación (LTE) desarrolladas por Nortel, una firma canadiense de telecomunicaciones que había quebrado y desaparecido dos años antes. Al otro lado, se encontraban Google e Intel, otros dos gigantes del sector que, en la misma puja, solo ofrecieron inicialmente 900 millones de dólares y 1.500 millones cada uno –aunque Google después decidió ‘jugar’ con otras ofertas y llegó hasta la curiosa cifra de mil veces pi (3.141 millones)–.
Los 4.500 millones de dólares son la mayor suma jamás pagada en una subasta de patentes, pero ilustran la creciente importancia de estas en un sector en el que el software es cada vez más determinante, el hardware se ha vuelto casi un ‘commodity’ al que todos los fabricantes de dispositivos móviles pueden acceder, y las innovaciones se copian con relativa facilidad.
Mes y medio después, sin embargo, y luego de quejarse de una campaña hostil y organizada por parte de Apple, Microsoft y otros rivales, Google sorprendió al mercado al anunciar la adquisición de Motorola Mobility, en una operación tasada en 12.500 millones. Inventora del celular moderno, esta compañía ostenta más de 17.000 patentes en firme y 8.000 más pendientes de ser aprobadas, que le servirán a Google para blindar, en el terreno jurídico, a una de sus criaturas más preciadas, Android, al menos de manera parcial. De hecho, después de perder en la puja de Nortel, Google había adquirido más de 1.000 patentes de IBM, en una suma no revelada por ambas partes.
Adquirido en 2005 cuando apenas era un emprendimiento, Android es la iniciativa de diversificación de ingresos más importante del gigante de las búsquedas y la publicidad en línea, a pesar de que su licenciamiento es completamente gratuito. Y hoy no solo está en la mira de Apple sino también de Microsoft y Oracle, que lo acusan de vulnerar invenciones y desarrollos suyos.
En esta guerra a muerte que se libra a espalda de los consumidores, los abogados se han vuelto más importantes que los ingenieros y desarrolladores, un conflicto legal puede tomar años y usualmente termina resolviéndose fuera de los tribunales judiciales, cuando la firma infractora y la demandante se ponen de acuerdo en la suma por pagar a cambio del derecho a usar determinada tecnología, en vez de prolongar inútilmente la disputa y, además, terminar asumiendo los costos del proceso.
En junio, Nokia y Apple pusieron fin a un conflicto legal de más de dos años, cuando la segunda aceptó pagar algo más de 600 millones de dólares por una sola vez y una suma fija por cada iPhone y iPad vendidos a futuro (el acuerdo es confidencial, pero se dice que podrían ser 10 dólares), a cambio de poder usar tecnologías inalámbricas desarrolladas y patentadas por el fabricante finlandés. Se trata de una suma que a la primera le ayuda a paliar un mal momento, pero irrisoria para la marca de la manzana, si se tiene en cuenta que durante el trimestre abril-junio el iPhone y el iPad representaron más del 60% de sus ingresos en el mismo período (28.000 millones de dólares).
Pero hay quienes consideran que Apple decidió ponerle fin a la batalla legal con Nokia –que eventualmente estaba perdida, pero que habría podido prolongar durante más tiempo mediante artificios jurídicos– para hacerle frente en el mismo terreno a Android, hoy por hoy su verdadero archirrival, con 550.000 dispositivos activados diariamente –fruto de una red de 39 fabricantes y 231 operadores en 123 países del mundo– y más del 40% del mercado global de teléfonos inteligentes, según IDC.
A medida que se produce un escalamiento en los conflictos legales, en Estados Unidos se ha suscitado un debate sobre la conveniencia de otorgar patentes sobre software ya que, a juicio de los críticos, aquellas pueden convertirse en una forma de restringir la competencia y frenar la innovación.
Sin embargo, en una de las naciones donde más se demanda por todo tipo de razones, una reforma al sistema de patentes –al menos hacia futuro– está lejos de ser una realidad y el tema seguirá dando de qué hablar durante mucho tiempo, a pesar de que el último pronunciamiento de la Corte Suprema de ese país sobre la materia data de hace casi tres décadas y advirtió que los algoritmos matemáticos (y el software por extensión) no debían gozar de ese tipo de protección.
Pero, ¿cuáles son las principales batallas que se libran en el terreno legal, en este momento, y qué consecuencias tendrán para los consumidores?
La siguiente es una breve descripción en la que se dejan por fuera los conflictos protagonizados por lo que algunos llaman ‘trolls de patentes’, que no son más que empresas fantasma que se dedican a acumular patentes y demandar con el fin de perturbar y obtener reconocimientos a los que muchas veces no tienen derecho, y de las cuales una firma llamada Lodsys (que tiene demandados a cientos de pequeños desarrolladores de iOS y Android) es un buen ejemplo.
Microsoft vs. Android.
“Quienes dicen que Android es completamente gratuito se equivocan”, explicaba Steve Ballmer, presidente de Microsoft, en una entrevista sobre Windows Phone 7 a Wall Street Journal, a finales de 2010. “Android tiene unos costos de patentes y quienes quieran usarlo tienen que pagarnos por ello”.
¿Bromeaba Ballmer en sus declaraciones? En absoluto. De hecho, Microsoft ya logró que HTC, uno de los fabricantes de teléfonos inteligentes basados en Android más exitosos del momento, le pague 5 dólares por cada unidad vendida para evitar un conflicto por la supuesta violación de patentes, lo que de alguna manera constituye una afrenta para Google.
El gigante de Redmond, además, está enfrascado en una batalla legal con Motorola, y recientemente se dice que le pidió 15 dólares a Samsung por cada teléfono Android vendido en el mercado, alegando las mismas razones.
Es más, teniendo en cuenta el éxito de Android, se dice que Microsoft ya estaría obteniendo más ingresos por esta vía que por el licenciamiento de WP7. Por ejemplo, HTC vendió 12 millones de dólares de unidades en el segundo trimestre del año, lo que le habría generado ingresos a Microsoft por 60 millones. En contraste, en el mismo período el gigante de Redmond solo vendió 1,4 millones de licencias de WP7 a 15 dólares cada una, lo que equivale a ingresos por 21 millones.
Apple vs. Samsung.
Rivales en el terreno de los teléfonos inteligentes y los computadores personales, el conflicto entre estos dos gigantes que hasta hace poco eran ‘buenos amigos’ ya se ha extendido por todo el mundo.
Todo comenzó con una demanda en la que Apple alega que su rival ha copiado el ‘look and feel’ de algunos de sus principales productos, amén de que Samsung es el mayor fabricante de teléfonos inteligentes basados en Android, el sistema operativo de Google que, según la marca de la manzana, viola diversas patentes suyas, como la de la tecnología multitoque que permite agrandar y disminuir el tamaño de las imágenes en el iPhone con un toque de pantalla.
Lo paradójico es que Apple es uno de los principales clientes de Samsung, que fabrica los chips que llevan el iPhone y el iPad, las memorias flash y RAM que usan esos dispositivos, así como las pantallas LCD. De hecho, en 2010 Apple le giró un cheque de 7.800 millones de dólares a su rival coreano por todos esos conceptos, aunque ahora se dice que estaría buscando nuevos proveedores para remplazarlo.
Hasta dónde llegará el conflicto es difícil de predecir. Por lo pronto, la ofensiva legal de Apple (después de anotarse una victoria parcial en la batalla que también sostiene con HTC, por las mismas razones del uso de Android) busca bloquear las importaciones de tablets y celulares de Samsung a Estados Unidos y otros países (algo que ya consiguió en Europa por unos días), una acción que ha sido respondida por la firma coreana con acciones similares.
Oracle vs. Google.
En una demanda presentada el año pasado, Oracle acusó a Google de infringir patentes por el uso del lenguaje de programación Java –creado por Sun Microsystems a comienzos de los 90– para el desarrollo de Android.
Oracle, que se hizo al control de Sun en abril de 2009 tras el pago de más de 7.000 millones, exige una reparación de 6.100 millones de dólares, aunque el juez que lleva el caso estimó que el punto de partida para la indemnización sería de solo unos 100 millones de dólares, una cifra que incluso estaría por debajo de los 2.600 millones que Google se habría mostrado dispuesta a reconocer al inicio de la batalla jurídica.
Dado que es poco probable que las partes lleguen a un acuerdo extrajudicial, todo indica que se irían a un juicio que podría comenzar el próximo 31 de octubre, aunque Google ha pedido un aplazamiento para dar tiempo al pronunciamiento de un panel externo de expertos.
En su defensa, Google ha alegado además que en 2006 recibió y rechazó una oferta de Sun para licenciar Java por un precio estimado de 100 millones, un argumento que ya desechó el juez que lleva el proceso.
¿Son justas las demandas por patentes, y es razonable que la innovación ahora esté en manos de abogados y no de ingenieros, desarrolladores, diseñadores e inventores? Ustedes tienen la palabra.
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