Cigarrillos electrónicos: el futuro de la industria del tabaco

En los próximos años, los cigarrillos electrónicos y otros productos similares podrían eventualmente remplazar a los convencionales. Una apuesta que incluso las tabacaleras han asumido.

Seguramente las habrás visto. Personas que en cualquier esquina, en recintos cerrados o incluso en alguna reunión sueltan una bocanada de humo. En sus manos no hay cigarrillos y tampoco tabaco; incluso, no se percibe el molesto olor del fumador. En su lugar, un aparato que es más una curiosidad tecnológica que un cigarrillo busca cumplir las funciones de este último.

Para muchos, se trata de una moda o un truco para dejar de fumar. Lo cierto es que, por la cantidad de personas que ahora usa estos equipos, ya comienzan a dibujarse como la evolución -y por qué no, el remplazo- del cigarrillo tradicional. Una evolución en la que la tecnología juega un papel esencial.

Los cigarrillos electrónicos son dispositivos que simulan la experiencia de fumar. En lugar de quemar el tabaco, el aparato emplea un cartucho con un calentador que convierte en vapor varios componentes, entre ellos la nicotina. El individuo inhala el vapor y de esta manera puede sentir una sensación similar a la que se obtiene con el cigarrillo, con la ventaja de ser un método que -en opinión de múltiples expertos (y también de la industria tabacalera)- genera un impacto mucho más bajo en la salud humana.

El mundo comenzó a hablar de cigarrillos electrónicos en el 2004. Para ese año nació el primero, de la mano del farmaceuta chino Hon Lik. El concepto era equivalente al de los modelos actuales: un dispositivo que, en lugar de quemar tabaco, usaba una pequeña batería de litio para atomizar una solución líquida de nicotina. “Es una manera más limpia y segura de inhalar nicotina”, mencionó Hon en el 2009 en una entrevista al periódico Los Ángeles Times.

Con ese aparato, que se comenzó a comercializar primero en China, poco a poco fue migrando la tendencia a mercados internacionales, con muchas versiones y mejoras frente al dispositivo original; para el 2007, ya se vendía en Estados Unidos y Europa. De acuerdo con cifras de la firma de investigación de mercados Euromonitor International, las ventas globales de cigarrillos electrónicos alcanzaron los 7.000 millones de dólares en el 2014, con cerca de 500 marcas diferentes (el mercado de tabaco regular era de 800.000 millones en ese año). Se espera, así mismo, que las ventas lleguen a 51.000 millones de dólares en el 2030.

Un espaldarazo adicional a los cigarrillos electrónicos ha venido de las mismas tabacaleras, que también se han interesado en dicho mercado. Philip Morris International (PMI), la compañía de tabaco más grande del mundo, ya ha manifestado su interés de no producir más cigarrillos en el futuro, por supuesto con un plan simultáneo plasmado en el Iqos, al cual le ha invertido más de 3.000 millones de dólares en su investigación. La empresa presentó en el 2016 este producto con el mensaje de ‘el tabaco conoce la tecnología’; ya se vende en varios países del mundo, entre los que se incluyen dos de Latinoamérica, Colombia y Guatemala (todavía no se comercializa en Estados Unidos).

El dispositivo funciona mediante el calentamiento de tabaco hasta una temperatura de máximo 350°C, lo que permite evitar la combustión, la ceniza y el humo. De acuerdo con PMI, al calentar el tabaco en lugar de quemarlo los niveles de químicos perjudiciales se reducen de forma significativa en comparación con el humo del cigarrillo. “Creo que llegará un momento en el que tendremos una adopción suficiente de estos productos alternativos, lo que iniciará, con el apoyo de los gobiernos, un período de eliminación gradual de los cigarrillos”, comentó a BBC Radio el presidente de PMI, Andre Calantzopoulos, y agregó: “Espero que ese momento llegue pronto”. En el 2014, un estudio del Departamento de Salud de Estados Unidos reveló que cerca del 3,7 por ciento de los adultos en este país usaba de manera permanente cigarrillos electrónicos y un 12,6 por ciento de la población los había probado alguna vez.

Voces encontradas

Productores de cigarrillos electrónicos (y de otros aparatos por el estilo como el de PMI) e incluso investigaciones médicas han hecho un esfuerzo por mostrar estos equipos como una solución menos dañina para la salud humana, aunque sin desconocer que siguen siendo perjudiciales. Gran parte de su argumento lo basan en que los productos no queman el tabaco, cuyo proceso es el causante del consumo de un alto número de sustancias tóxicas para el organismo. Según PMI, por ejemplo, el aerosol generado por el Iqos tiene niveles más bajos de elementos peligrosos o potencialmente perjudiciales.

A esto se suman estadísticas de algunos estudios, como los publicados por la University College London, en Inglaterra, que muestran que los cigarrillos electrónicos pueden servir de ayuda para dejar de fumar. Otros del National Institute for Health Innovation, de Nueva Zelanda, han sugerido que ofrecen beneficios ‘modestos’ para aquellos que quieren abandonar el cigarrillo y son ‘potencialmente buenos’ para los que ya lo están dejando.

Sin embargo, la amenaza para muchos está latente y por eso se han levantado voces de alerta que advierten del riesgo. En mayo del 2016, por ejemplo, la entidad encargada de regular en Estados Unidos este tipo de productos en el mercado (FDA – Food and Drug Administration) incluyó a los cigarrillos electrónicos y otros productos relacionados con tabaco en sus objetos de supervisión. De esta manera, la FDA comenzó su accionar en relación con las ventas, mercadeo y fabricación de cigarrillos electrónicos.

Una de las entidades que más ha llamado la atención de la FDA para que se encargue del tema es la Asociación Americana de Pulmón. Esto teniendo en cuenta reportes del Departamento de Salud de Estados Unidos que mostraron un aumento del 900 por ciento entre el 2011 y el 2015 en el uso de cigarrillos electrónicos en los jóvenes de bachillerato en Estados Unidos. Un informe de la Organización Mundial de la Salud dijo en el 2014 que, si bien se consideran menos tóxicos que los cigarrillos convencionales, el uso de los electrónicos se considera una amenaza para los adolescentes, a la vez que incrementan la exposición de no fumadores a la nicótica y otros tóxicos.

Recientemente, una investigación de la Universidad de Nueva York mostró los resultados de la exposición de ratones al vapor de cigarrillos electrónicos. Los animales presentaron más altas señales de daño en su ADN en varios de sus órganos, como los pulmones, el corazón y la vejiga, en comparación con los que no estuvieron en contacto con las sustancias. Además, el daño en esos órganos tenía menos probabilidades de ser reparado. En otro experimento, los investigadores encontraron el mismo patrón en células de pulmón y de vejiga de humanos expuestas a nicotina y a un químico en el que se descompone la nicotina.

La tecnología de los cigarrillos electrónicos cumple su función

El debate sobre el menor impacto en la salud humana de productos como el cigarrillo electrónico y aquellos con sistemas de calentamiento del tabaco sigue vigente, con algo que debe quedar muy claro para todos y es que utilizan sustancias que está comprobado que generan adicción y son perjudiciales para la salud, como la nicotina. Sin embargo, llama la atención el papel que ha cumplido la tecnología en la evolución de una industria que se creía lejana a la innovación.

El sistema que emplean los cigarrillos electrónicos funciona con una batería de litio que le da poder y calienta un atomizador. Este último contiene el líquido a base de nicotina y otros elementos que, al subir su temperatura, se convierte en vapor para que la persona lo aspire. Así mismo, incluyen microcircuitos que permiten gestionar la electricidad generada para calentar el atomizador.

De esta manera, hay productos mucho más avanzados que, en esencia, mejoran el manejo de dicho proceso mediante circuitos electrónicos. Así, mientras algunos dispositivos mantienen el voltaje a cierto nivel, otros le permiten al usuario escoger la potencia que desea emplear para calentar el líquido. A esto se añaden indicadores que muestran el nivel de la batería, puertos USB para recargar la batería o para actualizar la programación interna del aparato y agregar nuevas características, y pantallas diminutas para revisar el voltaje.

El caso de los sistemas de calentamiento de tabaco, como el Iqos, es diferente. Está compuesto por tres elementos: una unidad que calienta el tabaco, una parte para insertar el tabaco (ambas operan de manera unificada) y el cargador. Para usarlo, se pone el tabaco (tiene la forma de un cigarrillo pequeño) en la parte superior. Luego, la persona debe presionar un botón que enciende el calentador; el control de la temperatura se hace mediante software incluido en el aparato. La batería interna de la unidad que calienta el tabaco alcanza apenas para un cigarrillo; por ello, se mete la unidad dentro del cargador, la cual permite recargarlo unas 20 veces.

Imagen: IQOS.

Iván Luzardo

Iván Luzardo

Hoy estoy convencido de que hubiera sido un excelente administrador de empresas. Pero soy periodista, no uso corbata, los números me cuestan y soy verdaderamente feliz con lo que hago: hablar, escribir, tocar, sentir y vivir de la tecnología. La misma que alguna vez, hace ya varios años, me encontró -sin yo buscarla- y se quedó conmigo.
Con el tiempo, el tema se convirtió en mi pasión. Pienso que la tecnología es una de las mejores herramientas para ver cómo evoluciona el mundo y estoy seguro de que con ella y con educación podremos cambiar el planeta, la mentalidad de la gente, el futuro.
Soy comunicador social y periodista de la Universidad de La Sabana con una especialización en economía de la Universidad de Los Andes.

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