El ‘e-commerce’ y sus retos en Colombia

Con una penetración de 46,2 por ciento de usuarios de Internet a septiembre del 2009, según estudio de la Comisión de Regulación de las Comunicaciones, que implica un crecimiento del 7,4 por ciento respecto al 2008, ya se puede pensar en que el comercio electrónico en el país finalmente despegue. Junto con el de Perú, el comercio electrónico al detal en Colombia es de los menos desarrollados de América Latina, según Everis.

Ya existen esquemas virtuales para pagar por la red, como PagosOnline, que hacen que el uso de las tarjetas de crédito sea algo confiable. Es importante recalcar que en el comercio electrónico no se trata de tener las últimas tecnologías ni los portales de compras más avanzados, sino de la confianza que el usuario tenga en él.

Comprar en Amazon, por ejemplo, es una experiencia fácil y que genera toda la confianza por las posibilidades que le da al usuario de seguirle la pista al despacho del producto hasta que le llega al comprador, y por las facilidades que le ofrece para devolver la compra cuando esta no satisface las necesidades del que la adquirió o porque llegó dañada.

Hasta hace poco empecé a hacer transacciones por Internet en sitios colombianos, unas con éxito y otras que finalizaron sin informar qué había pasado. En estos casos, lo único que pude hacer fue rogar para que no se me hubiera cargado la tarjeta con el valor de la compra, porque en el transcurso de la transacción algo pasó y esta se frustró, sin un final lógico que me garantizara que, aunque falló, nada pasó.

Valdría la pena saber qué va a pasar cuando algunas de estas transacciones terminan mal y se genera algún reclamo por vía judicial. ¿Los jueces que conozcan del caso sí sabrán de lo que se encuentra involucrado en una transacción de e-commerce, como de llaves certificadas para garantizar el origen de la información transaccional, o de las técnicas de no-repudio utilizadas para evitar la negación de una transacción por Internet?

Con diferentes sabores del e-commerce, como el de B2C, que es con usuarios, o B2B, que es entre empresas, debe haber una base legal que pueda garantizar la resolución justa y adecuada de los problemas legales que se puedan presentar.

La tecnología y sus implicaciones jurídicas avanzan mucho más rápido que la emisión y ajuste de leyes que las acojan, las protejan y permitan que se progrese. Los jueces deben tratar de cambiar el chip que tienen en sus mentes que les impide entender bien lo involucrado en los cibercrímenes para que en el futuro puedan decidir sobre ellos con todo el conocimiento necesario. Si no, estamos fregados.

Guillermo Santos Calderón
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