¿Por qué ‘The Big Bang Theory’ me hizo sentir orgullosamente geek?

No recuerdo bien cuándo comencé a ver ‘The Big Bang Theory’. Mentiría si digo que comencé el 24 de septiembre de 2007, cuando se estrenó la serie, y que llevo 12 años viéndola y riéndome con las ocurrencias del grupo de amigos nerds y su vecina sexy.

La verdad es que no la vi desde la primera temporada porque no me llamaba la atención, hasta que un amigo muy cercano, en cuyo criterio confío plenamente, me dijo que era muy divertida e inteligente. Entonces, la busqué, comencé a verla y me di cuenta de que mi amigo tenía razón, como esperaba.

Rápidamente me enganché, debo admitir que principalmente por Penny (Kaley Cuoco), cuya impresionante belleza me hechizó casi tanto como a Leonard (Johnny Galecki) y, entonces, me di a la tarea de maratonear las dos o tres temporadas que no había visto hasta el momento y, desde entonces, no pude perderme un solo episodio nuevo.

La teoría de la conexión con el todo

En principio, como dije, fue Penny la que hizo que me enganchara. Me encantaba verla capítulo a capítulo, pero, luego, me conecté con Leonard y quise, como si fuera él, que tuviera éxito en conquistar a la hermosa rubia. Celebré como un gol de la Selección el primer beso que se dieron en el icónico sofá del apartamento de Sheldon (Jim Parsons) y Leonard, escapados de la fiesta de Halloween en casa de ella, luego de un altercado con su exnovio.

Pero también lo odié por su ataque de moral y lógica, por dejarla ir, y me odié, porque yo también habría hecho lo mismo. Supe que éramos similares en muchas cosas y la conexión con él fue mucho más grande. Incluso dije al unísono, con él: “sí, soy un maldito genio”.

Lee más sobre ‘The Big Bang Theory’ en este enlace.

Pero no solo me conecté con Leonard. Poco a poco me di cuenta de que yo tenía algunas cosas de Sheldon y muchas más de Raj (Kunal Nayyar), que incluso fueron más y más a medida que pasaban las temporadas y descubríamos por qué no tiene novia o, al menos, no las mantiene. Y, aunque no encontré mayores similitudes entre Wolowitz (Simon Helberg) y yo, también disfrutaba ver sus extrañas tácticas de conquista, los problemas en que se metía por su apetito sexual y sus constantes bromas.

Pero no fue solo una conexión con los personajes, amaba las referencias que hacían a la cultura pop, a los videojuegos y a la ciencia, porque eran temas que me gustaban, porque entendía las referencias, porque comprendía el chiste o porque me enseñaban algo nuevo o me incitaban a investigarlo. Por ejemplo, gracias a una de mis escenas favoritas me di a la tarea de investigar un concepto que ya había escuchado antes, pero que no había entendido del todo: el gato de Schrödinger.

Entonces, me di cuenta de que yo era, sin saberlo, un nerd y, lo mejor, me sentía orgulloso de serlo. Eso a pesar de que la manera de mostrar a los personajes era caricaturizándolos, mostrándolos como perdedores, mal vestidos y un poco estereotipados, o, mejor, gracias a ello. De no ser así, habría sido una serie bastante aburrida. ¿Qué es lo divertido de Sheldon? Su extraña forma de ser. ¿Y de Raj? Que no podía hablar con mujeres (que le quitaran eso es una de las cosas que menos me gustó de las últimas temporadas), que sus relaciones fracasan y que es un poco afeminado.

La caricatura también es una forma de homenaje

Entender eso y seguir amando a los personajes y a la serie es uno de los trucos que lograron un éxito de 12 años que terminó este domingo 2 de junio cuando Warner Channel transmitió los últimos dos capítulos. Burlarse de uno mismo es muy sano y eso es lo que hace ‘The Big Bang Theory’ con los geeks, porque el estereotipo también es una forma de homenaje, porque sin esa caricaturización no tendría la misma fuerza la idea original de la serie: ser nerd es el nuevo sexy. Un nerd, un completo perdedor sin habilidades sociales, es capaz de conquistar y casarse con la chica más linda del lugar, que es completamente diferente a ti y a tu grupo de amigos.

Pero también es hermoso sentirse parte de ese grupo de amigo que uno quisiera tener. Que hacen bullying, como todos los amigos, pero que siempre están dispuestos a apoyar, aconsejar, reconfortar y ayudar, que tienen los planes que uno quisiera tener con sus amigos, que terminan convirtiéndose en una familia que evolucionó con el paso de los capítulos.

Si la serie hubiera sido una mala representación de los geek, no habría durado lo que duró y tampoco habría tenido a todos los invitados que tuvo. Figuras como Neil DeGrasse Tyson, Bill Gates, Stephen Hawking o el mismísimo Stan Lee no habrían aceptado aparecer en la serie si creyeran que no representa a la cultura geek de la que ellos son figuras importantes.

La paradoja de la fanaticada

Porque no se trata solo de ‘Star Wars’ o ‘Avengers’, hay muchas referencias que conectan con los gustos de todos. La exageración solo es un condimento de comedia necesario, sin dejar de representar a los geeks. Por ejemplo, yo no soy Raj, pero tengo mucho de su forma de ser, así como de Leonard y Sheldon, incluso algo debo tener de Wolowitz.

Y ahí está otra de las claves del éxito de ‘The Big Bang Theory’: conectar con las personas, que cada uno sienta que tiene algo de cada personaje, ver que ellos son fans de las mismas cosas que nosotros adoramos y con la misma intensidad.

De hecho, el truco funciona tan bien que ‘The Big Bang Theory’ se vuelve una de esas cosas de las que somos fans, de las que sabemos datos que citamos todo el tiempo, como lo haríamos con ‘Star Wars’, ‘Friends’ o ‘Los Simpson’. Sheldon y sus amigos seguramente serían fans de ‘The Big Bang Theory’ si no la protagonizaran, porque se sentirían identificados, porque es la voz de los geeks burlándose de sí mismos.

Y eso, al menos desde mi lado de la mesa, es una representación, una muy buena y divertida, tanto que entristece llegar al último episodio y saber que no veremos más a Sheldon, Leonard, Penny, Raj, Wolowitz, Amy, Bernadette e, incluso, a Stuart. Los amamos a todos y los vamos a extrañar. Gracias por estos 12 años de representarnos desde el estereotipo y la caricaturización que nos llevó a reír hasta amarlos y llorar con el último “it all started with the big bang!”.

https://youtu.be/gA0qjlC51vY

Imágenes: Warner Channel.

Fernando Mejía

Fernando Mejía

Quise ser músico, cineasta, astronauta, científico y poeta, cuando supe que solo me alcanzaba para la última, me hice periodista en el Externado para al menos escribir de todo eso y no defraudar al niño que fui.

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