Evaluación La Casa de Papel: Final

Es el día. El atraco más importante de la televisión ha terminado y solo necesitó dos partes divididas en 2021. ‘La Casa de Papel’ nos presenta la conclusión al robo de la Reserva Federal de España, así como la respuesta a si la banda y el profesor podrían llevar a cabo la misión imposible de escapar del bancó con vida, pese a todas las apuestas en su contra.

Si somos honestos, la segunda parte es bastante mejor que la primera. Una buena razón es que se siente mucho menos que están quemando el tiempo, lo que ayuda a justificar la maratón de episodios de casi una hora. También ayuda que el show siga siendo un maestro en mantener la acción cuando lo necesita, creando estos momentos en los que es imposible despegarse del control. También tiene un par de trucos de ilusión debajo de la manga, que a algunos lograrán saciar esas ansias de sorpresas que nos atrae al género de robos.

No está exento de fallos la jugada final de El Profesor. Hay algunas tramas secundarias que no parecen tener otra función que servir como balas de salva para asustarnos, pero que no terminan llegan a ningún lado. También lo acusaremos de, nuevamente, ignorar la personalidad de sus personajes para conseguir sacar trucos imposibles.

El atraco ha terminado

La Casa de Papel

El final de la casa de papel no es necesariamente brillante, pero al menos no se toma a la ligera la tarea de entregar una resolución que no haga las últimas tres temporadas una pérdida monumental de tiempo. Considerando que el regreso del show en general siempre se consideró como una enorme improvisación… podemos al menos estar satisfecho de que su final no sea lo peor de las últimas temporadas.

Una razón está en que la Casa de Papel sabe cómo reservar sus respuestas. No toda cumplen las expectativas y, algunas de ellas incluso encajan más dentro de esos momentos que mientras más lo piensas… más te suena a una completa idiotez. Pero en general las ilusiones del profesor consiguen que cuando se cierran las puertas del banco recordemos este atraco por sus peores momentos, más que por aquellos que nos hicieron desear que el robo terminara cuando antes.

La tensión: el mejor recurso de ‘La Casa de Papel’

De nuevo, ‘La Casa de Papel’ demuestra que su mejor cualidad está en mantenernos de puntitas y pegados a la silla. Es una cualidad que, para ser justos, es la verdadera razón por la que nos comprometimos con una segunda temporada que nadie pidió. La tanda de episodios más recientes no reduce la cantidad de adrenalina, sino que por el contrario aprovecha el que la banda se encuentre contra la pared para crear situaciones que mantendrán a la mayoría de los espectadores preguntándose cuál será el próximo miembro de la banda en morder el polvo.

El resultado es que es una serie entretenida de ver… al menos si sabes la razón por la que estás sintonizando una quinta parte de La Casa de Papel. La emoción de ver cómo El Profesor y compañía resuelven la siguiente crisis o qué casualidad revelará la próxima falla del plan suicida de la banda.

El enemigo final era la falta de sentido

Por desgracia, la última temporada de La Casa de Papel también tiene la falta de demostrar, una vez más, que su guion ignorará el sentido común o personalidad de sus personajes para justificar la tensión, por tan solo el placer de la tensión.

Quizás uno de los momentos que más molestan está en la manera en la que el show resuelve la relación entre la relación de El Profesor y la Inspectora Alicia Sierra. La que fuera una vez la mejor antagonista que tenía el show, resulta reducida a una subtrama que poca cabeza tiene y que solo existe para intentar resolver una dinámica que funcionaba mejor de otra manera. La Casa de Papel pone a la inspectora a actuar de manera irracional y luego lo soluciona con un abrazo… destruyendo parte de la confianza que teníamos en ella.

Otros ejemplos de personajes con historias que mueren en el atraco es del de Lisboa. No le pongan mucha cabeza a la historia de su relación con Denver, porque la resolución es tan aburrida y patética que nos preguntamos por qué razón fue incluida en primer lugar.

También… (y no podemos dejar de mencionarlo) la muerte de Tokio parece tener un impacto tan pequeño en el show que casi no la extrañamos esta nueva temporada. ¿Para qué era que la necesitamos? Ah, sí. Para extender la historia causando problemas. Con razón no hace falta en el final del show.

El último truco de La Casa de Papel

Por desgracia, la mayor lección que nos deja ‘La Casa de Papel’ es que algunas revoluciones es mejor dejarlas morir mientras brillen fuerte. El show español se va de Netflix siendo una experiencia ‘ok’. Recordándonos más sus defectos que sus cualidades.

Hay segunda temporadas que hacen de un buen show una serie ok. Tomo una temporada convertir a Game of Thrones de una serie estrella a una de las más odiadas. Tomó una segunda temporada que 13 Reasons Why perdiera todo rumbo y se estrellara sin gracia. Ese es el mayor problema con la tanda más recientes de capítulos. No es mala per se, pero sin duda nos deja con un sabor de boca mucho más amargo.

¿Era necesario este último truco? Sin duda tiene gracia y nos impresiona un poco. Pero la magia de este atraco se desgastó en el camino.

Conclusión: 3.75 – Curados del síndrome de Estocolmo

La temporada final de La Casa de Papel es una serie entretenida. Una maratón fácil, con una conclusión que tiene sus giros. Sin embargo, también nos recuerda de la ejecución pobre de esta historia. Su eterna improvisación nos deja el mal gusto de episodios quemando tiempo y de un atraco que al final del día no tiene piernas ni cabeza (así el show se las busque). Al final tomó una temporada extra para curarnos, de manera definitiva, del síndrome de Estocolmo.

Imágenes: Netflix

Jeffrey Ramos González

Jeffrey Ramos González

Mi papá quería que fuera abogado o futbolista. Pero en vez de estudiar o salir a la cancha, me quedé en la casa viendo 'Dragon Ball Z', jugando 'Crash Bandicoot' y leyendo 'Harry Potter'. Así que ahora que toca ganarse la 'papita' me dedico a escribir de lo que sé y me gusta. Soy periodista graduado de la Javeriana, escritor de ficción. He publicado en El Tiempo, Mallpocket, entre otras revistas.

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