El láser que identifica personas a distancia por sus latidos

A veces confundimos personas porque se parecen demasiado a otras. Es el caso, por ejemplo, de los gemelos, aunque también hay humanos que son la copia de otra persona, sin tener parentesco, como Cosme Fulanito (el doble exacto de Homero Simpson… ¡oh, ese perro tiene la cola peluda!).

Perdón, me distraje con el perro. Siguiendo con el asunto, hay casos de personas que se parecen a famosos y son capaces engañar a otros vistiéndose e imitando sus gestos, como el caso del doble iraní del futbolista argentino Lionel Messi que, haciéndose pasar por el astro del Barcelona, tuvo sexo con más de 20 mujeres, como señala el portal Medio Tiempo.

Sin embargo, cada uno de nosotros, por más de los parecidos físicos, tenemos marcas biológicas distintivas y únicas, que nos hacen ser diferentes a los demás. Las huellas dactilares, la dentadura, el iris o el ADN son algunas de esas firmas únicas de cada ser humano. Pero hay otras menos conocidas. Por ejemplo, el corazón y, por ende, sus latidos, son distintos en cada persona, como explica la página del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés).

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Para poder identificar a cada persona por esas firmas biológicas se han desarrollado con los años técnicas de reconocimiento de huellas dactilares, de dentaduras o de ADN, pero requieren cercanía. Las Fuerzas Especiales de Estados Unidos han trabajado en formas para diferenciar a las personas a la distancia.

Por ejemplo, y como explica el MIT, hay técnicas biométricas para diferenciar a alguien por su forma de caminar o por reconocimiento facial, aunque estas dos pueden manipularse para engañar y no son tan únicas como los latidos del corazón, que, además, no se pueden alterar.

La firma cardíaca ya se usa para identificaciones de seguridad. La página del MIT pone el ejemplo de Nymi, una marca canadiense que desarrolló un sensor de pulso de muñeca como alternativa a la identificación de huellas dactilares.

¿Y los que no tienen corazón, como mi ex?

Por ello se desarrolló un láser infrarrojo, llamado Jetson, que es capaz de detectar la firma cardíaca de cada persona a 200 metros de distancia, aunque están trabajando en un mejor láser que logre distancias más largas, de momento, descartan algo tan lejano como lograrlo desde un satélite en el espacio, según le contó al MIT Steward Remaly, de la Oficina de soporte técnico de combate al terrorismo del Pentágono.

En el artículo del MIT explican que los sensores infrarrojos detectan los cambios en el reflejo de la luz causados por el flujo sanguíneo, por eso se han usado para registrar automáticamente el pulso de los pacientes médicos. Sin embargo, Jetson usa una técnica llamada biometría láser, que detecta el movimiento de la superficie que causa el latido del corazón, lo que funciona incluso por encima de la ropa, aunque no lo logra con prendas muy gruesas.

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Jetson usa un dispositivo industrial que generalmente se usa para verificar la vibración de las turbinas eólicas a distancia, pero con un soporte especial (cardán) que es capaz de estabilizar el láser, que es invisible, para que se mantenga sobre un objetivo. Esa estabilidad es necesaria porque dura 30 segundos en lograr un resultado óptimo, por lo que, al menos por ahora, se necesita que la persona analizada esté sentada o quieta.

A pesar de lo mucho que tarda y los problemas que tiene por ahora, el láser es capaz de reconocer a una persona con una precisión del 95%, en buenas condiciones, lo que podría mejorarse, como le indicó Remaly al MIT.

Es probable que el Jetson se use en conjunto con métodos de reconocimiento facial u otros métodos para lograr una identificación más exacta. Además, a futuro, también podría ayudar para encontrar enfermedades cardíacas de forma más sencilla y rápida que las técnicas actuales o, incluso, para saber si tu ex tiene corazón o está tan lleno de maldad como sospechas.

Imágenes: Irina Shibanova (vía: iStock).

Fernando Mejía

Fernando Mejía

Quise ser músico, cineasta, astronauta, científico y poeta, cuando supe que solo me alcanzaba para la última, me hice periodista en el Externado para al menos escribir de todo eso y no defraudar al niño que fui.

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