Un trago amargo de café Internet

Ya perdí la cuenta de las personas que acuden a mí angustiadas tras utilizar los servicios de un café Internet, porque sus contraseñas caen en manos de personas inescrupulosas que se apropian de sus sistemas de correo electrónico y mensajería instantánea.

Una vez los secuestradores de identidades se adueñan de las de sus víctimas, se dedican a inundar los buzones y ventanas de conversación de sus contactos con mensajes llenos de insultos, groserías, ofensas¿ nada inteligente o que nuestra idiosincrasia no haga completamente predecible.

Recuerdo que en alguna ocasión recibí un mensaje instantáneo de ese talante. De inmediato llamé por teléfono a la dueña de la cuenta de MSN correspondiente (que al menos en esa época no tenía motivos para tratarme tan mal) y le pregunté: ¿¿Estabas conectada desde un café Internet? Bien¿ entonces por favor regresa y dile al tipo que está sentado en el computador en el que tú estabas que cierre tu sesión, porque me está mandando mensajes a tu nombre¿.

La susodicha corrió con la suerte de que su pecado ¿dejar abierta su sesión de Messenger¿ no pasó a mayores, pues el ¿simpático bromista¿ solamente envió algunos mensajes, pero no se apoderó de su contraseña ni de ningún otro tipo de información sensible.
Ahora bien, hay que ser muy despistado en la vida para irse de un café Internet y dejar abiertas sesiones de mensajería, correo electrónico o de cualquier otro servicio que requiera una contraseña. Hay que decirlo, gran parte de la culpa de que estas cosas sucedan es de los mismos usuarios, que parecen no ser plenamente conscientes de los riesgos que esto implica.

Hace ya varios meses dediqué mi columna al tema de la importancia que tiene hacer del PC una herramienta privada, de manera que el uso que se hace de él sea responsable y la información que allí se almacena permanezca lo más segura posible.

Hay ambientes en los que estos niveles de privacidad son difíciles de lograr. Y es apenas lógico que aquellos en que varias personas usan el mismo computador sean los más vulnerables (los café Internet, entre ellos). Por eso, allí las precauciones deben multiplicarse.

Los café Internet no son sitios propicios para hacer transacciones electrónicas, como compras o pagos de servicios que impliquen la utilización de tarjetas de crédito u otros medios de pago. Llegar al extremo de no chatear ni usar el correo sería ridículo, pues estas herramientas figuran entre las más usadas de la Red. Pero no sobra asegurarse con el administrador del local de las seguridades que ofrece y tomar uno mismo sus propias precauciones. Entre ellas, fijarse en que al iniciar la sesión no estén marcadas las opciones que le permiten al sistema recordar los nombres de usuario y contraseñas.

Si necesita enviar o recibir documentos importantes a través del correo electrónico, asegúrese de no dejar copias locales en el equipo, que pudieran se utilizadas por otras personas.
En otras palabras, invéntese una rutina de verificación que incluya todas las herramientas que emplea durante su visita a la Red y dedíquele los últimos minutos de su sesión a ejecutarla, de manera que en el computador que utilizó no quede rastro de su paso por él.

Hoy existen sistemas de administración para Café Internet que les permiten a los dueños de estos negocios llevar un registro de las actividades que se realizan en cada equipo; pero no es menos cierto que los delincuentes informáticos se las ingenian para violar cualquier sistema de seguridad para instalar herramientas de captura de contraseñas, por ejemplo, que pueden ser difíciles de detectar.

Personalmente, acudo a la presunción de inocencia para suponer que los administradores de café Internet no son cómplices activos de este tipo de actividades, aunque creo que no sobra un llamado para que refuercen los sistemas de seguridad que utilizan para garantizar la protección de sus usuarios.

Y a los que no tienen instaladas herramientas de administración adecuadas, pues que las incluyan dentro de su presupuesto, ya que uno no puede darse el lujo de prestar un servicio de estas características sin ofrecer unas condiciones mínimas de seguridad.

Hay gente a la que le gusta el café sin azúcar. Pero cuando se trata de un café Internet, es mejor evitar que la experiencia sea amarga

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